lunes, 26 de julio de 2010

Roberto Arlt en la memoria escrita

El autor de El juguete rabioso falleció el 26 de julio de 1942. Tenía 41 años. Con un estilo muy personal, y apenas tercer grado, forjó una profunda impronta en las letras argentinas con su defensa del arte concebido para las mayorías.
El 26 de julio de 1942 murió Roberto Arlt, a los 41 años. Después de concurrir a un ensayo en el Teatro del Pueblo, sufrió un paro cardíaco. Ese mismo día había votado en las elecciones del Círculo de la Prensa, donde fue velado. Roberto Godofredo Christophersen Arlt era hijo de inmigrantes (su padre era polaco y su madre, tirolesa), no llegó a tercer grado (toda su vida escribió con faltas de ortografía). Pero algo muy adentro suyo lo llevó a ser periodista y a convertirse en uno de los más importantes e influyentes autores de la narrativa argentina.
Desempeñó desde chico un sinfín de oficios: hojalatero, librero, mecánico, corredor de comercio. En los ratos libres, concurría a las bibliotecas barriales a leer, sobre todo folletines. A los 16 años abandonó su casa familiar y cuatro años después se casó con Carmen Antinucci, con quien tuvo una hija, Mirta.
Buscando editor para El juguete rabioso, Arlt se acercó al ambiente literario, por aquel entonces dividido entre los grupos de Florida y Boedo. Ricardo Güiraldes fue el encargado de corregir su original y relacionarlo con la Editorial Latina, que en 1926 publicó el libro.
Arlt comenzó su carrera periodística en Don Goyo, una revista humorística dirigida por su amigo Conrado Nalé Roxlo. Fue cronista en la sección Policial del diario Crítica de los Botana. Y corresponsal en España del diario El Mundo, donde además publicó sus célebres “Aguafuertes porteñas”.
En 1929 apareció su segunda novela, Los siete locos, con la que obtuvo el tercer premio municipal.
En 1931 publicó Los lanzallamas y un año después El amor brujo, su última novela.
Más tarde se editaron dos libros de cuentos: El jorobadito (1933) y El criador de gorilas (1941).
Su contacto con Leónidas Barletta y el Teatro del Pueblo lo impulsaron a escribir importantes obras dramáticas: 300 millones, La isla desierta, Saverio el cruel, El fabricante de fantasmas y La fiesta del hierro.

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EL ESCRITOR Y SUS COLEGAS:

“Roberto Arlt, el mayor novelista argentino, nació en Buenos Aires en 1900, hijo de inmigrantes recién llegados al país…”
César Aira (Diccionario de autores latinoamericanos) .

“¿Cómo no se dan cuenta de que Arlt, igual que Dostoievski o Balzac, combinaba perfectamente el interés y el suspenso continuo con la máxima latitud en su novelística?”
Julio Cortázar (Cartas a los Jonquières).

“Tuve un tío que quise mucho, obrero tipográfico que un día puso debajo de mi nariz a Roberto Arlt y fue lo que él mismo me dijo: un cross a la mandíbula, una fuerza arrolladora. Arlt era una colección de ese Buenos Aires clandestino.”
Andrés Rivera (Primera persona, de Graciela Speranza).

“Los hermanos González Tuñón lo acusaban a Arlt de ignorar el lunfardo. Y entonces Arlt contestó –es la única broma que le he oído a Arlt: claro que yo he hablado muy poco con él–: Bueno, dijo, yo me he criado entre gente humilde, en Villa Luro, entre malevos, y realmente no he tenido tiempo de estudiar esas cosas, como indicando que el lunfardo era una invención de los saineteros o de los que escriben letras de tango.”
Jorge Luis Borges (Siete conversaciones con JLB, de Fernando Sorrentino).

“Pegar el gran batacazo en Hollywood, repetía Arlt en los días anteriores a su muerte en 1942. Un sartenazo en Hollywood y ganar mucho más que con la rosa o las medias metalizadas. Ya mismo, como en sus Trescientos millones, para despegar de una buena vez de las carencias y las rutinas.”
David Viñas (Viajeros argentinos a los Estados Unidos).

“Hace muchísimos años, cuando empecé a entender qué tenían en común Borges y Arlt, me di cuenta de que en el fondo los dos están narrando realidades ausentes, trabajando la contra-realidad.”
Ricardo Piglia (Primera persona, de Graciela Speranza).

“A Arlt no le he conocido personalmente. Me gustó El juguete rabioso. Leí muchas de las “Aguafuertes porteñas”, y algunas de ellas me parecieron bastante buenas.”
Adolfo Bioy Casares (Siete conversaciones con ABC, de Fernando Sorrentino).

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UN AUTOR PARA TODO TERRENO (Por Sergio Di Nucci)

El uruguayo Juan Carlos Onetti y el argentino Julio Cortázar emularon al creador de las Aguafuertes porteñas, que murió un año antes de una revolución nacional, militar y filonazi.
Hijo de funcionarios nazis, el crítico alemán Hans-Ulrich Gumbrecht publicó En 1926, un libro en el que trata de contar cómo es un año en el que no se publica ningún libro importante en la literatura mundial.
Hijo de migrantes germanófonos, Roberto Arlt publicó puntualmente, en el año incriminado, El juguete rabioso, una novela que retrospectivamente se ha decidido que marca un antes y un después para la literatura rioplatense.
El uruguayo Juan Carlos Onetti y el argentino Julio Cortázar emularon a su autor, que murió en 1942, un año antes de la revolución militar y filonazi que acaso no le habría disgustado. O acaso sí.
Todas las conjeturas póstumas favorecieron a Arlt: los comunistas, los peronistas y aun los anti-antiperonistas lo hicieron suyo. Jorge Luis Borges, a quien se lo suele oponer de manera radical y pedagógica, no gozó de tantas indeterminaciones. Arlt fue leído y gustado por sus contemporáneos, aunque menos por sus pares.
La animadversión, y aun la repugnancia, eran correspondidas. No sin razón, él se sentía cercano a la crónica y al periodismo.
Entre sus méritos mayores −o menores, pero en todo caso más seguros− se cuenta el de abrir para la literatra del Cono Sur zonas y áreas que no eran las de las personas que habitualmente leían o escribían libros.
De ahí el cantado desplazamiento (o ampliación) que ofreció del dominio literario, y la refutación de formas y hábitos tiránicos de composición y estilo, y su aborrecimiento del gusto literario.

Fuente: Diario Tiempo Argentino (Edición 26/08/2010)