domingo, 23 de enero de 2011

EDUARDO ALIVERTI Y LA INDEPENDENCIA


Fue un pionero en denunciar que no existe independencia en los medios de comunicación. Lo hizo como un "llanero solitario" cuando era invitado a dar charlas y cursos. Lo escuchamos en la ciudad de Santa Fe en distintas ocasiones en las que fue invitado. También lo dijo cada vez que lo entrevistaron, cuando estaba muy lejos la pelea "Clarín- Gobierno" como les gusta decir a los analistas del establishment.
Ahora que está en vigencia la nueva ley de medios, reproucimos parte de una entrevista publicada en Revista Megahertz.

¿Te considerás una marca de radio?

-Después de tantos años creo que sí. Empecé en el año 76 comprando un espacio con compañeros de la carrera de locución y ya pasaron 34 años. Me parece que la formas de decir y de contar los editoriales políticos, el cuidado estético de los programas y las realizaciones sonoras; siendo que prioritariamente trabajé siempre en radios AM, que suelen ser la dictadura del contenido, puedo decir que sí, que soy una marca. No sé si queda bien que lo diga, pero prefiero incluso la posibilidad de aparecer con cierta pedantería antes que pecar de falsa modestia. En mi podio de defectos lo que no soporto es justamente la falsa modestia.

La nueva ley de medios ha desatado pasiones por diferentes lugares y desde diferentes ángulos. El debate y la confrontación de ideas, oficialismo, no oficialismo, estar de un lado o del otro. ¿Le hacen bien a la comunicación y al periodismo? ¿Le quita credibilidad?

-No, credibilidad tenía antes sobre bases falsas. Desde la recuperación democrática en adelante hay dos sectores que con respecto al papel jugado durante la dictadura nunca dijeron nada. Uno es el de la Iglesia Católica, la cúpula, y el otro es el de las grandes corporaciones periodísticas. A ver, uno no les exige a las grandes corporaciones y yo tampoco a la iglesia, hacer un mea culpa, ejercer una autocrítica, porque sería como declarar en contra de uno mismo. Yo cambié esa postura, antes les pedía esa autocrítica, les exigía a las corporaciones que hicieran esa introspección. Después me terminé preguntando por qué se van a criticar si fueron parte.
La novedad que se produjo a partir de lo que despertó la Ley de Medios, el fútbol estatizado, etc, es que no les ha permitido a las grandes corporaciones mediáticas seguir refugiándose en la independencia periodística; por lo menos en el caso de Clarín, que es el medio hegemónico por naturaleza y que ha descendido muy sensiblemente tanto en la venta de cantidad de ejemplares como en la cantidad de visitas a su sitio digital. En el caso de Clarín ha servido para dejar las cosas muchísimo más claras, es para mi un debate más que beneficioso y si me apurás te digo que se cayó la ultima vaca sagrada de la credibilidad de las grandes corporaciones periodísticas. Lo inmaculado, se cayó.
En alguna medida se acabó la falacia de la objetividad periodística. Vos podés ser libre pero no sos objetivo porque nadie viene de la nada misma, todos venimos de algún lugar. Lo que me sorprende es el grado de obscenidad con que esto se plantea. Por el momento está claro que como se trata de una batalla política en pleno auge y desarrollo, tenés extremos como Clarín de un lado y 6,7,8 del otro. Esto no puede seguir así, no debe seguir así, porque ahí sí que corrés el riesgo de que la mínima profesionalidad periodística respecto a las distancias con algunas cosas, se convierta siempre en propaganda. Yo toda mi vida leí Clarín, hoy lo sigo haciendo, pero sólo por responsabilidad profesional. Pero la verdad es que para un tipo como yo, ver como está escrito ese diario, ni siquiera te estoy hablando de cómo opera, sino ver que Clarín se ha convertido en un atentado sintáctico: Me duele muchísimo y esto no puede seguir así; en base a lo impuesto y autoimpuesto, se han perdido preceptos básicos, como el titular, copetear y escribir bien. A mi me gustaría un 6,7,8 con más pensamiento crítico, aunque comprendo a qué juegan y si me apurás lo justifico como una acción inversamente proporcional a lo que aparece del otro lado.
(Foto Alejandro Durante)