viernes, 21 de enero de 2011

UN GREMIO DETRÁS DE BAMBALINAS


Ya están listas las 35 habitaciones del modesto hotel marplatense de un gremio que no se caracteriza por su modestia. Luis Alí, secretario general de la Asociación Argentina de Actores, lo reconoce: “Normalmente nos dicen ‘artistas’ y no ‘trabajadores’, como si estuviéramos en otra dimensión. Por eso tratamos de concientizar sobre lo laboral, si esto no funciona solidariamente, no va”. Ubicado en el barrio La Perla, el hotel tiene capacidad para 90 personas y en el comedor, Alí recibe a Página/12, acompañado de la delegada local, Alejandra Rincón, ex bailarina y conocedora de los pormenores sindicales de la actividad en Mar del Plata. Los más indefensos del gremio, coinciden todos, son las bailarinas y bailarines que engrosan los elencos.

–¿Cómo es el trabajo de inspección durante la temporada?

Alejandra Rincón: –Empiezan en los ensayos de Buenos Aires. Visitamos al elenco, hacemos inspecciones y levantamos planillas para ver cuáles son las personas que van a trabajar en la costa. Los horarios de ensayo a veces eran excesivos. Los bailarines en el teatro de revista o en el musical son los que sostienen el espectáculo y no siempre llegan a preparar todo. Quizás estaban 15 o 16 horas ensayando y eso es algo que regularizamos. Son ocho horas de ensayo. Después, son horas extra.

–¿Antes no se pagaban?

Luis Alí: –No. Insistimos con eso cuando empezó nuestra gestión, en 2005.

–Y cuando llegan a Mar del Plata, ¿Cómo sigue?

A. R.: –Hacemos un cronograma para visitar las obras, porque son todas al mismo tiempo. Vemos cuatro por noche y hablamos con los compañeros bailarines o actores, vemos si está bien el alojamiento, si perciben viáticos, si están ensayando fuera del horario de función. Vemos las condiciones de trabajo, que los camarines estén bien, por ejemplo.

–¿Qué problemas suelen tener los bailarines?

A. R.: –Los salarios mínimos y las categorías. Muchos estaban encuadrados en categorías que no correspondían. Casi todos estaban en la categoría más baja. Y hay casos especiales: los bailarines de conjunto o los solistas, que cobran más. Por eso vemos el espectáculo y calificamos al compañero para que perciba lo que corresponde. Muchos no sabían siquiera de la existencia de categorías.

L.A.: –Trabajamos más por los bailarines porque las figuras normalmente están a porcentaje y siempre están superando el mínimo del salario, el bailarín depende de la categoría, de los viáticos y el alojamiento.

–¿Qué dice el convenio sobre estos temas?

A. R.: –Tienen que estar en un hotel de tres estrellas o en departamentos de dos ambientes cada dos personas. Tienen que percibir las cuatro comidas. Esto no se cumplía, por ahí en un departamento de dos ambientes antes había cinco o seis bailarines.

–¿Cuáles son las quejas más frecuentes?

A. R.: –El tema es la comida, como hay muchos productores que tienen canje, los mandan a pizzerías, pero un bailarín necesita comer bien. Mide metro noventa y levanta una persona de 80 kilos dos funciones por día. Entonces vienen y te dicen: “Che, fijate si nos pueden cambiar los voucher, que estamos comiendo pura harina”. Ahí llamamos a los productores ejecutivos y reclamamos.

–¿Qué distingue a Mar del Plata de otros lugares turísticos?

A. R.: –Acá tenés dos o tres veces más espectáculos. En estos dos meses hay una desesperación por venir, es la capital del teatro. No ocurre en otra parte del mundo que, entre el teatro empresa y el independiente, haya 300 espectáculos, como el año pasado. Y los bailarines, que pueden trabajar de esto hasta los 35 años los más osados, son la base de las grandes comedias musicales, del teatro de revista.

–¿Notan un crecimiento de estos espectáculos?

A. R.: –Se va incrementando la cantidad de bailarines, da más rédito tener en vez de cuatro, diez o quince. Ayer vimos la obra de Carmen Barbieri y fueron dos funciones llenas. Y esos espectáculos tienen hasta 60 bailarines en escena.

L. A.: Es una gran fuente de trabajo pero nos da la sensación de que también es una gran fuente de ingreso para los empresarios. Porque a veces la variable de ajuste es el salario mínimo de los actores.

(Emilio Ruchansky - Desde Mar del Plata - Página 12 - 20/01/2011)