sábado, 15 de enero de 2011

PESCETTI Y HARRY POTTER


-Yo leí Harry Potter y me gustó
-¿En serio leíste Harry Potter? Es casi un pecado decir que te gustó.
–Sí, leí todos, tiene imágenes que son alucinantes. Por eso escribí esta canción… los chicos se estuvieron zampando 600 páginas para que después te vengan a decir: “No es literatura”, ¡pero por qué no se van a freír churros! En cuanto a verlo como fenómeno… Te puedo decir que a mí me gusta y me parece una hermosa saga de libros, y me parece que la mina (J.R. Rowling) es crack. Pasa que en los medios en general tienden a ser más visibles los éxitos, se autorreproducen en cuanto a lo que es noticia y eso es lo que los convierte en fenómenos, es la dinámica de los medios, es un fenómeno del set de fenómenos de la prensa. No es que lo minimice como fenómeno, pero creo que es el libro, la historia es buena… Es muy raro lo que pasa, resulta que queremos cosas que sean buenas, pero cuando eso que es bueno empieza a ser bueno para muchos, resulta entonces que es malo.

Quien dice esto es Luis María Pescetti, el mismo que después de transitar muchos años en escuelas, enseñando música, se decidió por la carrera de escritor. Es autor de varios éxitos infantiles: El pulpo está crudo, Caperucita Roja tal como se la contaron a Jorge, Historias de los señores Moc y Poc, Natacha, Nadie te creería, Frin, y hace unos meses sacó a la calle su nuevo libro Cartas al rey de la cabina.
Pero sus inquietudes no quedan en las letras, también grabó seis discos con canciones y chistes para chicos: Vampiro negro, Casette pirata, Bocasucia, Inútil insistir y Qué público de porquería, que era además uno de sus espectáculos en vivo.
Pescetti tiene un blog (www.luispescetti.com), donde periódicamente sube canciones, adelanta textos o fragmentos de sus propios cuentos y se comunica con sus lectores. “No tengo una cuestión compulsiva por la escritura, hace tres meses terminé con este libro y compuse canciones, di muchas charlas, traté de salir porque la escritura te encierra un poco. Hay quienes manejan mejor los momentos de no creación. Yo no me llevo bien con los momentos de no hacer”, cuenta Pescetti mientras anuncia que está en su etapa investigativa, y por eso recorre algunas escuelas para charlar con los chicos. “Lo hago para aprender que las ideas brotan solas de la investigación, lo de la página en blanco es más o menos un mito. Uno no escribe desde la página en blanco: o tenés una idea y querés desarrollarla, o tenés una intuición emocional y querés escarbar por ahí. Lo de la página en blanco es cuando uno quiere o necesita, porque escribir se parece a conversar. Entonces hay veces que no podés estar hablando ‘al cuete’. Hay momentos en los que es mejor callarse”, sentencia.

–¿A veces es mejor no escribir?
–Y a veces pasa que uno no avanza, terquea. Una vez García Márquez me comentó algo a lo que después le encontré razón, que para escribir hay que tener disciplina de boxeador, pero no para sentarse sino para levantarse. Todos los días hay que dejar de escribir antes de agotar el impulso, para al otro día encontrarlo.
–¿Por qué la literatura infantil?
–Era maestro de música en una escuela, y trabajar con chicos te da tantas anécdotas... Están de la nuca los chicos. Por un parte eso, y además la literatura infantil era más posible que la literatura para adultos, era un espacio más abierto. Es un lugar cómodo, el ambiente es menos tóxico que el que en estos momentos tiene un intelectual para adultos, es más amable y de una gran vitalidad. En los chicos la vitalidad es bienvenida, y forma parte de todo lo que hagas, porque si se aburren los perdés.
–¿Te molesta la literatura infantil como categoría?
–No, mientras no sea un diminutivo… Hay un tipo de literatura juvenil en que los conflictos que tocan tienen que ser infantiles y juveniles. Y aquellos a quien va dirigida esa literatura no les queda otra que recibir esa categoría. Prefiero eso a “para niños”, porque uno es niño de tal edad a tal edad, y después crecés y querés seguir leyendo, pero ya no podés porque es “para niños”.
–Además es un ámbito en el que te sentís cómodo.
–Me siento muy cómodo con la tribu “niño”: familia, público de la literatura infantil, compañeros de la literatura infantil, esa tribu es adorable. La otra a veces pone el micrófono como más torcido… A veces vas a la mesa de intelectuales que hablan con el micrófono torcido para un costado, como con un desdén… Yo siempre pienso: “acomodá el micrófono, ¿qué te cuesta?, ¿No vinimos acá arriba a mostrar las plumas? Y bueno, ¡mostralas!”
–¿Extrañás la docencia?
–Extraño el compartir con los chicos de una manera más cotidiana. Quizá lo que debería hacer es organizar encuentros mensuales. Pero la práctica sistemática de la docencia no la extraño. Comencé a escribir en la época de la hiperinflación, y era durísimo. Me acuerdo de ir a comprar 100 de paleta y 100 de queso al almacén de la vuelta y escuchar al almacenero que te decía: “no, esto no da más, yo me voy a Italia”. Era un momento muy duro de la Argentina, y como maestro de escuela pública estás atajando todos los pelotazos de las vidas de los chicos, de su familia. Yo también estaba muy golpeado con lo que te tocaba vivir como docente. En ese momento fue un alivio dejar las aulas.
–¿Sigue siendo un lugar difícil la docencia?
–Sí. A los maestros hoy les toca una parte dificilísima. Hay una metáfora muy buena en Harry Potter, y es cuando Harry se mira en el espejo, y es un espejo que te devuelve la imagen que más deseás, y en un momento Dumbledore le dice: “Todo bien, pero ojo porque se te puede pasar la vida acá y la vida no está en este espejo”. A mí eso me pareció una gran metáfora sobre las adicciones. O de lo que pasa con las redes sociales y los riesgos que eso tiene. Es que nuestro cerebro, nuestra psicología no está preparada para eso, está preparado para conocer a alguien, tener una comunicación, mantener esa comunicación, pasar un tiempo, volver a ver a la persona, ver qué se genera. Pero con Internet, cada click es como un premio, cada contacto nuevo es como un terrón de azúcar, cada mensaje en tu muro es como una mosca dando vueltas alrededor de la luz. Entonces uno todo el tiempo hace click para ver quién te dejó un mensaje, si hay un evento nuevo, y … nuestra psicología no está preparada para este bombardeo de estímulo y, a su vez, ¿cómo se hace para mostrárselo a los chicos? O mejor dicho, para mostrar que está bueno darle un sentido.
–¿Cómo te parece a vos que hay que tratar estas cosas?
–Creo que a los chicos hay que cuidarlos, hay que enseñarles, no creo que funcione con viejas maneras de enseñar. Hoy los chicos están expuestos a una gran industria del entretenimiento y son generadores de muchos contenidos, entonces no podés llegarles sólo con un valor, porque ética no es estrategia. Un valor no es vitamina C que te va a hacer bien en cualquier formato que la tomes, que te va a ayudar a las defensas X. No, la complejidad de la cultura hace que vos lo tengas que presentar de cierta manera para que vos lo entiendas bien, sea creíble, lo sientas como propio y lo transmitas. A los chicos hay que cuidarlos, hay que bajarles línea y decirles, “esto sí”, “esto no”, “esto ahora no porque sos chico, más adelante tal vez…”
–¿Cómo ves esto de que los chicos tienen que leer?
–Me lo tomo muy en serio. La verdad, es una perogrullada, pero se enriquece mucho la vida del niño. Uno no puede vivir tantas vidas, y por eso está bueno nutrirse de lectura para vivir otras. A raíz de charlar con una mamá, me saltó que si hay hedonismo, placer, goce, es sobre un contenido muy superficial, y si hay hondura y sensibilidad es más bien la narración de un personaje tortuoso. A los chicos les falta el modelo de una aventura que sea sana, gozosa, alegre, no culposa. Por eso a mí me dan ganas de escribir. Lo que quiero decirle a los chicos es: “che mirá, está la combinación de las dos cosas juntas, uno puede ser comprometido en la vida y tener una vida gozosa.” Uno abraza los compromisos por amor a la vida, no por sacarse la vida de encima. Nos falta un espíritu más festivo y más vital. Me preocupa mucho transmitir que ética no es estrategia, y que en este país muchas veces confundimos eso. Yo les diría a los chicos, “a mí me importa cuidarlos, que se cuiden y que no se expongan”. Repasemos la estrategia porque si no, van a exponerse como carne de cañón.
(Entrevistó Maby Sosa - Tiempo argentino 15/01/2011)

jueves, 13 de enero de 2011

SUSÚ EN LA PIEL DE ESTELA


La actriz se pondrá en la piel de la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo en la película dirigida por Nicolás Gil Lavedra y producida por Aleph Media, según informa Télam.
Estela, el filme de Gil Lavedra es uno de los dos proyectos que llevarán a la pantalla grande la vida de Estela de Carloto. El otro se titula Estela, una vida y estará protagonizado por Luisa Kuliok.
La productora a través de un comunicado explicó la elección de Susú Pecoraro para el papel: “Obedeció a su sobresaliente formación y a su versatilidad para encarnar a tan trascendental personaje”.
La búsqueda de una actriz para hacer de Estela de Carloto en la película había empezado hace más de un mes.
Jorge Maestro y María Laura Gargarella son los guionistas del filme que, según detalló Aleph Media, “abarcará desde el período anterior al Golpe de Estado de 1976, hasta la actualidad, donde la entidad que encabeza ya logró hallar 102 nietos apropiados ilegalmente por la dictadura”.
La película “reflejará los años en los que Estela era una señora de clase media, que repartía su tiempo entre su familia y la docencia, medio en el que se desempeñaba como directora de escuela, y no tenía ninguna militancia política”.

martes, 11 de enero de 2011

LA BIBLIOTECA ITINERANTE

A partir del jueves 13 de enero comienza a "rodar" el proyecto "Sumergite en la lectura", una propuesta de biblioteca móvil que recorrerá las localidades de la Costa Santafesina de la mano de los narradores orales de Puro Cuento.
El recorrido que se desarrollará durante los meses de enero y febrero de 2011, inaugura su itinerario en la Biblioteca Popular JAVIER VILLAFAÑE, de Colastiné Norte (Ruta provincial n° 1. Km 1,7) el jueves 13 de enero, a las 19 hs., con propuestas gratuitas para todas las edades: cuentos, música, libros, cine. El trayecto incursionará en playas, parques y bibliotecas de la Costa.
Esta actividad es auspiciada por la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (CONABIP), el Ministerio de Innovación y Cultura de la Provincia, y las diferentes instituciones de cada localidad que se visite.

COMO LA CIGARRA...


Por Silvina Friera (Página 12 - 11/01/2011)

Verano imperdonable, con la tristeza embotellada en los ojos, en el cuerpo. El país está de riguroso luto. Las niñas y los niños de ayer, las mujeres y los hombres de hoy que siguen cantando a coro a Manuelita que vivía en Pehuajó tienen una pena infinita. Esas voces ahora se quiebran –la congoja siempre desafina– cuando intentan completar lo que hizo la tortuga: un día se marchó. “¡Qué de campanas en la sangre siento/ cada vez que me olvido de la muerte!/ Pero sucede que ella no me olvida”. Estos versos, pletóricos de exquisito dolor adolescente, pertenecen al primer libro que publicó María Elena Walsh, Otoño imperdonable, en 1947. Prologaban, con la energía desmesurada de los primeros pasos, la obra de una artista genial, tan fuera de serie que todo lo que tocaba –poesía, narrativa, música, dramaturgia– devenía inmediatamente en oro. Tan fuera de serie es –en presente, porque su inmenso legado no admite el pretérito– que considerarla un “icono nacional, “prócer cultural”, “blasón de casi todas las infancias”, “un mito o patrimonio de la Argentina”, es recitar –de memoria– una seguidilla de lugares comunes de la lengua contra los que ella luchó hasta pulverizarlos. La muerte no se olvidó de ella. Aunque se deseó que la noticia se hiciera humo, como un mal presagio, ayer murió María Elena o la Walsh –como prefiera cada lector–, a los 80 años, “luego de una prolongada internación y como epílogo de padecimientos crónicos que la aquejaban”, según indicó el parte emitido por el Sanatorio de la Trinidad.

La muchacha que alguna vez se definió como “desabrida, limpia y chúcara” nació en “cuna de oro” el 1º de febrero de 1930, en Ramos Mejía. Su padre, Enrique Walsh, era un alto empleado de los ferrocarriles, “un anglo-argentino enamorado de Dickens y fabuloso músico autodidacto” que tocaba muy bien el piano. Su madre, Lucía Elena Monsalvo, descendía de andaluces. En la tranquila población de la línea del Oeste, la niña trovadora crecía con el abono ideal: infancia de clase media ilustrada, rodeada de libros y de cine. Entre sus fantasías más secretas –confesaría muchos años después, cuando ya era María Elena Walsh y se arrimaba a la orilla de lo que se llama un clásico– se imaginaba cantando y bailando en un escenario, como en las “maravillosas” comedias musicales que admiraba, las de Ginger Rogers y Fred Astaire. En el aula de sus recuerdos brillaba la alumna aplicada, amiga atenta de los árboles y las gallinas, y del pastito que brotaba entre los ladrillos de las antiguas veredas, las mismas que evocó en una de sus canciones, “Fideos finos”. En ese ambiente de libertad, el oído se afinó con las canciones tradiciones inglesas para niños que su padre le cantaba. Ahí comenzó a meter manos a la obra gracias a las construcciones verbales del nonsense británico.

Dueña de un pudor victoriano que se confundía tal vez con timidez, María Elena se plantó, incorregible en su rebeldía, cuando a los 12 años decidió ingresar a la Escuela de Bellas Artes Manuel Belgrano. Allí conoció a la fotógrafa Sara Facio, quien con los años se convertiría en su “gran amor, ese amor que no se desgasta sino que se transforma en compañía perfecta”, como se lee en su última novela autobiográfica, Fantasmas en el parque, publicada en 2008. En 1945, con tan sólo 15 años, apareció su primer poema, titulado “Elegía”, en la revista El Hogar, y también escribió para el diario La Nación. Dos años después, en ese 1947 dolorosamente inolvidable, murió su padre al mismo tiempo que publicaba el poemario Otoño imperdonable, que recibió el segundo Premio Municipal de Poesía. Una lluvia de elogios coronó a la “joven promesa”. Jorge Luis Borges, Pablo Neruda, Silvina Ocampo y Juan Ramón Jiménez celebraron ese primer libro.

Cuando se recibió de profesora de Dibujo y Pintura, enfiló con una beca para la Universidad de Maryland (Estados Unidos), invitada por Jiménez, el autor de Platero y yo. Los seis meses que permaneció junto al poeta fueron una experiencia traumática. Inolvidable, en el peor de los sentidos. “Cada día tenía que inventarme coraje para enfrentarlo, repasar mi insignificancia, cubrirme de una desdicha que hoy me rebela –escribió Walsh en un texto publicado en la revista Sur, en 1957–. Me sentía averiguada y condenada. Suelo evocar con rencor a la gente que, mayor en mundo, tuvo mi verde destino entre sus manos y no hizo más que paralizarlo.”

De regreso en Buenos Aires, consiguió la medicina para superar ese mal trago junto a Jiménez. Volvió a escribir ensayos en diversas publicaciones y frecuentó los círculos literarios e intelectuales. “Como a sus vanas hojas/ el tiempo me perdía./ Clavada a la madera de otro sueño/ volaban sobre mí noches y días.” Otra vez llegó un libro, el segundo poemario, Baladas con Angel, editado en un mismo volumen con Argumento del enamorado, de Angel Bonomini, quien entonces era novio de María Elena. No todo iba viento en popa, aunque pocos lo pudieran percibir. No soportaba las presiones familiares ni de la sociedad. Para ella el peronismo era una “dictadura”. Necesitaba un cambio, respirar otros aires. La aventura arrancó con una carta que sería el principio de una asociación artística y amorosa. La tucumana Leda Valladares, que entonces se encontraba en Costa Rica, la tentó con una propuesta: juntarse en Panamá para rumbear juntas hacia Europa. En el barco Reina del Pacífico, María Elena se probó el traje de cantante. Días y noches su voz se fue fogueando con las zambas de Yupanqui y los hermanos Abalos; cantó chacareras, bagualas y vidalitas anónimas, al son de los instrumentos de la compañera tucumana. Instaladas en París en 1952, en el Hôtel du Grand Balcon, una desvencijada pensión de artistas, la dupla fue eclipsando los escenarios parisienses con su exótico repertorio de canciones folklóricas. El dúo llegó nada menos que al famoso cabaret Crazy Horse. Pablo Picasso, Jacques Prévert y Joan Miró estuvieron entre su fascinado público. Las muchachas compartieron camarín con Charles Aznavour, por entonces un simple debutante.

En la “ruta a la libertad”, en la París donde se codeó con la chilena Violeta Parra y grabó sus primeros álbumes –Chants d’Argentine (1954) y Sous le ciel de l’Argentine (1955), con canciones de tradición oral del folklore andino argentino–, empezó a escribir su primer libro para chicos, Tutú Marambá. Leda & María Elena volvieron a la Argentina en 1956 y pronto salieron de gira por el noroeste argentino. Después grabarían los dos primeros álbumes en el país, Entre valles y quebradas vol 1 y Entre valles y quebradas vol 2, ambos de 1957. Canciones de Tutú Marambá (1960) incluye las primeras canciones que harían famosa a María Elena: “La vaca estudiosa”, “Canción del pescador”, “El Reino del Revés” y “Canción de Titina”. El espectáculo musical-dramático para niños concebido por el dúo, Canciones para mirar, se estrenó en el Teatro San Martín en 1962. A partir de doce canciones, Leda y María irrumpían en el escenario vestidas como juglares mientras los actores –Alberto Fernández de Rosa y Laura Saniez– representaban mímicamente, entre otras, “La Pájara Pinta”, “Canción del estornudo” y “La mona Jacinta”. La sociedad parió un nuevo espectáculo más, Doña Disparate y Bambuco, dirigido por María Herminia Avellaneda, donde aparecieron el Mono Liso y la tortuga Manuelita, el personaje insignia del universo infantil amasado por Walsh.

Antes de la separación de María Elena & Leda, hubo un último disco, Navidad para los chicos (1963). Etapa creativa y amorosa cerrada, publicaría un puñado de libros para chicos –El reino del revés (1964), Zoo loco (1964), Dailan Kifki (1966), Cuentopos de Gulubú (1966) y Aire libre (1967), que consolidó el universo infantil que MEW construyó en la década del ’60. Desde entonces, las infancias de millones de argentinos estarán enlazadas por una liturgia inoxidable.

Narradora del disparate, “milagrera” a la hora de expandir el humor y el absurdo, irreverente hasta lo inconcebible, además de irónica y satírica, no habrá otra igual. La genia MEW, como si fuera una hechicera, tenía una pulsión poética extraordinaria. En la matriz de su escritura está la poesía. En el prólogo de Hecho a mano, su poemario para adultos de 1965, está la clave. “No sé, yo solamente versifico/ pura conversación a mi manera”, decía. Las etapas, del folklore a las canciones para chicos, pasaban. La poesía siempre quedaba. En el ’68 arrancó con sus recitales unipersonales para adultos, Juguemos en el mundo, que fue disco también y en 1971 se transformó en una película en la que actuó, dirigida por Avellaneda. Ese espectáculo-disco incluía la emblemática “Serenata para la tierra de uno”: “Porque me duele si me quedo,/ pero me muero si me voy/ con todo y a pesar de todo/ mi amor yo quiero vivir en vos”.

A la Walsh –opción que suena mejor para repasar sus intervenciones públicas– le encantaba levantar polvareda. La bandera que se enarboló como símbolo de libertad y coraje fue el artículo que publicó en 1979 “Desventuras en el País-Jardín de Infantes”, cansada por la censura y las prohibiciones de películas, programas de televisión y libros. Ya estaba retirada de los escenarios; dictadura, terror y espanto trajeron el parate artístico en 1978. Esa pieza contra la figura del censor merece ser revisada y discutida sin menoscabar la importancia capital que tuvo. Un párrafo de los menos recordados legitima sin artilugios lingüísticos el accionar de la represión y convalida la teoría de los “dos demonios”. “Que las autoridades hayan librado una dura guerra contra la subversión y procuren mantener la paz social son hechos unánimemente reconocidos –señaló en ese texto–. No sería justo erigirnos a nuestra vez en censores de una tarea que sabemos intrincada y de la que somos beneficiarios. Pero eso ya no justifica que a los honrados sobrevivientes del caos se nos encierre en una escuela de monjas preconciliares, amenazados de caer en penitencia en cualquier momento y sin saber bien por qué.” Ante la posibilidad de implementar la pena de muerte en el país, en 1991 escribió un poema demoledor: “Cada vez que se alude a este escarmiento, la Humanidad retrocede en cuatro patas”. La Walsh no sintonizaba con el imperativo de la “corrección política”. Una de sus últimas intervenciones más criticadas fue cuando –en 1996– invitó a la Carpa Blanca docente a retirarse de la plaza “por autoritaria e inofensiva”.

Su primera novela para adultos, Novios de antaño, fue publicada en 1990, el mismo año en que recibió el Doctorado Honoris Causa de la Universidad Nacional de Córdoba, cuando ya era –desde 1985– Ciudadana Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires. En 1994 se recopilaron las canciones completas para niños y adultos bajo el título Las canciones; toda su obra literaria ha sido reeditada por Alfaguara y sus libros han sido traducidos al inglés, francés, hebreo, italiano, finés, danés y sueco. En una de sus últimas entrevistas con el suplemento Radar habló de su reconciliación con el peronismo. “Al ver los manejos de la Revolución Libertadora recapacité sobre todo lo que había sido la obra del peronismo, aparte de sus manejos, así, represivos, digamos. Me di cuenta de lo que había representado para el pueblo, que es mucho. Años después viajé por el interior y la única escuela que había y el único puente eran restos de esa época del peronismo.” Se burlaba, en esa entrevista, sobre lo que le generaba la palabra “póstumo”. La pensaba como “una especie de chiste”. Y confesaba que le gustaría ser recordada “como alguien que quería dar alegría a los demás”. La vida sin María Elena tiene un gusto amargo. Entre risas y lágrimas, dos sentimientos que no son incompatibles, los argentinos la despedimos, emocionados: “¡Gracias, maestra, por tanta alegría!”.

lunes, 10 de enero de 2011

DOCUMENTAL DE MIGUEL ABUELO

Esta semana se presenta comercialmente "Buen día, día", el film que homenajea a Miguel Abuelo, el mítico líder del rock nacional de los ’80.
El documental es un esforzado film dirigido por Sergio “Cucho” Constantino y Eduardo Pinto. Dicen los realizadores que producir el documental fue una proeza en sí misma por la escasez de material fílmico.
La historia pública del músico Miguel Abuelo comienza en los ’70, en Buenos Aires, dentro de La Cueva de Pueyrredón, donde compartía con otros pioneros del rock nacional como Litto Nebbia, Tanguito, Moris, y Javier Martínez.

Éste es el trailer del documental

LA TELE Y LOS NIÑOS/AS


El titular de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (AFSCA), Gabriel Mariotto, dio un nuevo paso para la total aplicación de la Ley de Medios: a través de dos resoluciones, emitidas el 27 de diciembre pasado, se creó el Consejo Asesor de Comunicación Audiovisual y la Infancia, y se reglamentó la difusión de programas de ventas por televisión.
Publicada el miércoles pasado en el Boletín Oficial, la resolución 498 confirmó la creación del Consejo Asesor de Comunicación Audiovisual y la Infancia como lo establece el artículo 17 de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Este organismo inédito tendrá como objetivo recomendar a la AFSCA sobre políticas para mejorar los contenidos audiovisuales para la infancia que, según lo establece la Ley 26.522, deben ser de tres horas diarias como mínimo para los canales de TV abierta y en su mayoría de producción nacional.
El Consejo Asesor, “multidisciplinario, pluralista, y federal”, estará integrado por miembros designados por los gobiernos provinciales, organismos públicos y por organizaciones sociales especializadas en problemáticas y derechos de niños, niñas y adolescentes que participaron en su conformación como: la Sociedad Audiovisual para la Infancia y la Adolescencia Argentinas (SAVIAA), Periodismo Social y el Comité Argentino de Seguimiento y Aplicación de la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño (CASACIDN). Participarán además docentes, representados por los dos gremios nacionales CTERA y SADOP, y referentes del Foro Federal de Legisladores y Legisladoras por la Infancia, que nuclea a legisladores de todo el país que participan en las comisiones de infancia.

domingo, 9 de enero de 2011

MARK TWAIN POR JUAN GELMAN


A 100 años de su muerte, Mark Twain ha vuelto a provocar una polémica. Mejor dicho, la desató la editorial NewSouth de Montgomery, Alabama: publicará en febrero próximo una versión de Las aventuras de Huckleberry Finn expurgada de dos palabras, “injun” y “nigger”. Las reemplazarán “indio” y “esclavo”, respectivamente. El Dr. Alan Gribben, de la Universidad de Auburn, es el autor de la tachadura que justificó así: son términos que el pueblo estadounidense empleaba con una fuerte carga de desprecio racista “y el lector de hoy no los acepta”. Esto último, a saber.
Es verdad que sobre todo “nigger”, que aparece 219 veces en Huckleberry Finn, es tal vez el peor insulto de la lengua inglesa y se asestaba –y todavía se asesta– a los afroamericanos y, por extensión, a un ser abyecto. No es menos cierto que Mark Twain reproduce el lenguaje y el ambiente de un pueblo de Mississippi de mediados del siglo XIX. Como él mismo dijo: “La diferencia entre una palabra casi justa y la palabra justa no es una pequeña cuestión; es como la diferencia entre una luciérnaga y la luz eléctrica”.

(...........)

Es notorio que Mark Twain no fuera racista. Al revés. Apoyó a la naciente Asociación Nacional para el Progreso de la Gente de Color, la primera organización defensora de los derechos civiles de EE.UU. nacida en 1881, y al Instituto Tuskegee de Alabama, fundado para “perfeccionar la vida intelectual, moral y religiosa de los afroamericanos”. Juntó personalmente buena parte de los fondos que permitieron el establecimiento en Yale de la primera Facultad de Derecho para estudiantes de ese sector social explicando a los posibles donantes: “Hemos pisoteado la humanidad de estas personas y la vergüenza es nuestra, no de ellas, y debemos pagar por eso”. Así pensaba de los “nigger” Mark Twain.
El Instituto Tuskegee celebró sus bodas de plata en el Carnegie Hall y The New York Times publicó la crónica del acto al día siguiente, 23 de enero de 1906. Además del “populacho” –dice el diario– había mujeres, como la esposa de John D. Rockefeller, “resplandecientes de joyas”. Mark Twain copresidió la mesa y su discurso fue gracioso, pero también explicaba: “Todos decimos malas palabras, damas incluidas, pero el pecado no es la palabra, sino el espíritu de que está imbuida. Cuando una dama irritada dice ‘¡Oh!’, el espíritu del vocablo dice ‘maldición` y de esa manera será registrado”. Ni que hubiera previsto la existencia del Dr. Gribben y su voluntad de enmendarle la plana.

(La nota completa de Juan Gelman, con el título "Moralinas" puede leerse en el diario Página 12, del 09 de enero de 2011)

JOAN BAEZ A LOS SETENTA


La artista que saltó a la fama a comienzos de los ’60 con su proclama pacifista y su particular vibrato, asegura que hoy sólo quiere “cantar canciones bellas”. Sin embargo, no deja de lado su activismo y su lucha por los Derechos Humanos.
Ya pasó medio siglo desde que Joan Baez llamó a alzarse por primera vez contra la injusticia social con su canción “We Shall Overcome”. Fueron muchas las décadas durante las cuales la activista lideró con su música el movimiento pacifista, denunció las dictaduras de Chile y la Argentina, la opresión en Camboya y la guerra de Vietnam, luchó por la emancipación femenina y en defensa del medio ambiente. Hoy, el ícono de los ’60 cumple 70 años.
Actualmente son pocas las veces en las que se ve a Baez en manifestaciones, pero sus canciones (“The Night They Drove Old Dixie Down”, “Forever Young” y “Oh Happy Day”) siguen sonando en todo el mundo.
Después de atreverse en 1959 a presentar “Virgin Mary Had One Son” en un festival de Newport, Estados Unidos, la muchacha de voz transparente y particularísimo vibrato lanzó más de 40 discos.
Su presentación en Newport no sólo le valió el sobrenombre de “Madonna descalza”.
Hija de un físico mexicano, en los años ’60 se convirtió en “la musa del flower power”. Fue una de las estrellas de Woodstock y ayudó a Bob Dylan en su camino hacia la popularidad. Baez cantaba para los olvidados del mundo, contra la guerra y por el amor. En la Marcha por los Derechos Civiles de 1963 en Washington, caminó junto a Martin Luther King. En 1979 fundó una organización en defensa de los Derechos Humanos.
Su activismo trajo aparejada una fuerte presión por parte de las autoridades. Hubo períodos en los que el gobierno de los Estados Unidos declaró que la cantante era un riesgo para la seguridad. Pasó 45 días en prisión y sus álbumes fueron desterrados de los locales. Pero Baez no se dejó intimidar, aunque durante años, tuvo graves problemas psíquicos que la llevaron a hacer terapias varias.
Ahora asegura estar atravesando un buen momento. “Dejé atrás las malas costumbres y por fin estoy haciendo música”, declaró. Hoy sólo quiere “cantar canciones bellas”, dice convencida.
Al igual que durante sus años más valientes, Baez sigue hablando sin pelos en la lengua. Acusó a sus compatriotas de haber “perdido completamente el cerebro” al referirse a la elección de George W. Bush. También dijo que el gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, no era más que un “monigote”.
Hacia fines de 2008, rompió la promesa de no tomar cartas políticas y dijo que no lo podía evitar: aseguró que Barack Obama era su candidato favorito para la Casa Blanca. (DPA)

Compartimos un video de Joan Baez con Mercedes Sosa en el Royal Albert Hall, cantando el tema de Violeta Parra "Gracias a la vida"

La Queca, una Madre que supo socializar la maternidad

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