viernes, 11 de enero de 2013

EL HUMOR ARGENTINO ES IRÓNICO


Santiago Varela es narrador y hoy está a cargo de distintos espacios de humor en la radio. Sin embargo lleva entre sus pergaminos, uno que siempre se lo menciona: fue libretista de Tato Bores.


Aunque confiesa su predilección por un humor “absurdo, porteño y reo”, el escritor y guionista da muestras de un amplio criterio selectivo como compilador del segundo tomo de la antología 200 Años de humor escrito argentino, que recoge textos publicados en revistas, diarios y libros en los últimos 55 años.


Este libro de reciente aparición completa la muestra iniciada con el tomo I de la obra que, con el mismo título se publicó en 2010, ambos volúmenes editados por el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos.

Si aquel primer tomo, también responsabilidad de Varela, recogía textos publicados en el siglo XIX de autores disímiles –entre ellos Fray Mocho, Juan Cruz Varela y Juan B. Alberdi- y otros del XX –como Leopoldo Marechal, Álvaro Yunque y Souza Reilly- este segundo volumen completa el panorama con textos publicados entre 1950 y 2010.

Varela subraya una rica tradición de humor escrito en la Argentina que arranca, según cuenta en una entrevista periodística, en 1801 "con el Telégrafo Mercantil y sigue con publicaciones como El Mosquito de 1863". 

Tras mencionar a Fray Mocho como uno de los maestros del género, el escritor habla de su gusto por un “humor un poco absurdo, porteño y reo” y cita entre sus autores preferidos a Last Reason (“su lunfardo me dio vuelta la cabeza”), Conrado Nalé Roxlo, César Bruto, Isidoro Blaisten, Carlos del Peral, Jordán de la Cazuela, Wimpi, Girondo y Fontanarrosa. 

Colaborador de publicaciones varias, Varela recuerda su paso por la revista Humor, que llegó a tirar 300.000 ejemplares y ejerció una crítica mordaz frente a la dictadura militar, que abrió espacios obturados por la censura y el miedo: “Aunque la censura nos obligara a encriptar el humor político o a usar códigos, los lectores lo sentían como un acto de rebeldía. Ir con la revista en la mano ya tenía un significado”.

“...el humor argentino está muy apegado a la ironía y la parodia, como lo demuestra su impronta en obras de autores ‘serios’...” En el convencimiento de que “el humor argentino está muy apegado a la ironía y la parodia, como lo demuestra su impronta en obras de autores ‘serios’”, el compilador armó sus libros tras peinar un amplio registro de géneros diversos que van de la novela al ensayo, del aforismo a la poesía y de la estampa al micro-cuento.

El tomo II de “200 Años de Humor Escrito Argentino”, incluye trabajos de 25 autores, entre los que destacan Fontanarrosa (su imperdible intervención en el Congreso de la Lengua Española), Carlos Abrevaya, Ácido Nítrico (Norberto Firpo), Copi (Raúl Damonte Taborda), Alejandro Dolina, Kalondi (Héctor Compaired), Calé (Alejandro del Prad) y Landrú (Juan Carlos Colombres).

Varela cuenta que en su infancia fue un voraz lector de Patoruzú y RicoTipo: “Sobre todo de ésta última, por su galería de personajes, Avivato, Fúlmine, Amarroto, Langostino”, y luego de Tía Vicenta (“gané un concurso de cuentos convocado en sus páginas”) y Hortensia”.

Su formación abarca además programas de radio –“recuerdo a Wimpi, a Juan Carlos Mesa, ¡un genio!”, películas (de “Los 5 Grandes del Buen Humor, Catita, Pepe Iglesias”), y autores extranjeros: “Leí mucho a Willy Cuppy, Richard Armour, George Mikes, Jonathan Swift, Woody Allen, Groucho Marx, Pierre Daninos, Cami, Perich...", detalla.

200 años de humor escrito argentino recoge textos de humor datados en diferentes décadas, lo que supone cambios en el modo de ejercitar el género: “Creo que son los cambios en la forma de escribir, sobre todo en el periodismo. El ritmo se hace más intenso, se hace más directo. Los textos suelen ser más breves”, apunta Varela.

El recorrido cronológico del libro incluye textos aparecidos en los años 50 así como de autores más recientes, entre éstos Ana Von Ana Rebeur y Rudy (Marcelo Radaeff): “Hacer una antología con una extensión definida es dejar gente afuera injustamente. Hay mucha gente joven haciendo humor, algunos que ni siquiera han editado un libro, pero que se pueden leer por internet”.

Sobre los espacios con que cuentan hoy en los medios gráficos y audiovisuales,  Varela señala: “Hay menos que antes. En el medio audiovisual los escritores solemos ser guionistas; se prefiere contratar a ‘cantautores’ (actores que escriben sus propios guiones). Y pretender que alguien memorice un guión en televisión –salvo en las series- es imposible”.

"Medios gráficos casi no hay. A la revista Barcelona se le sumó ahora La Clínica del Dr. Cureta, que aún no tiene financiación firme. Internet es un lugar donde muchos humoristas dan a conocer sus cosas, algunas muy buenas. En radio suele haber más espacio. Libros de humor, salvo las reediciones del ‘Negro’ Fontanarrosa, no veo mucho”, agrega Varela.

Hace unos años en otro libro sobre el tema, Ahora, el Humor editado también por el Instituto Movilizador del Fondo Cooperativo, el dibujante Andrés Cascioli señalaba la diferencia entre un humor con límites y con un tamiz intelectual, distante del actual, de signo violento; en esa dirección también Rudy  afirmaba rechazar “el humor de la cargada”.

En relación al debate sobre la supuesta existencia de un amor sutil y otro agresivo, más en boga hoy día, Varela asegura: “Siempre diferencié entre el humor que se apoya en ‘gastar’ al otro, y un humor que se basa en ‘hacerlo’ con el otro. Yo no lo hago a costa del otro, sino que lo hago ‘con’ el otro, de manera que ambos podamos divertirnos”.