LA NOVELA DE LA TESIS


Quince años después de su publicación original y como correlato de su versión cinematográfica, volvió a circular por las librerías "Tesis sobre un homicidio", la novela policial escrita por Diego Paszkowski, centrada en una pugna entre dos personajes que encarnan dos miradas distintas sobre los alcances de la justicia.

La mejor tradición del género, con su inquietante repertorio de intrigas, pesquisas y obsesiones, aparece resignificada en esta historia cuyo punto de partida es un asesinato que confronta a dos personajes en un duelo intelectual deudor de aquellos cuchilleros rioplatenses que le otorgaron a Jorge Luis Borges su impronta decisiva.

Tesis sobre un homicidio, reeditada por el sello Sudamericana, narra la transformación que sufre Roberto Bermúdez, un prestigioso abogado ahora dedicado a la docencia y empeñado en demostrar que uno de sus mejores alumnos -un joven de clase alta que ha llegado desde el exterior para tomar un curso con el profesor- es el autor de un asesinato perpetrado frente a la Facultad de Derecho.

Paszkowski, que a mitad de año publicará una nueva obra titulada de manera tentativa "Max Rosen", manifestó estar satisfecho con la versión cinematográfica que llegó a los cines con el protagónico de Ricardo Darín y que su novela "es una interrogación personal sobre sus métodos y posibilidades".


¿Qué ganó y qué perdió la historia original en su transposición al cine?

Creo que no se perdió demasiado, más bien lo que se ve es una elección distinta respecto a los enfoques. Por ejemplo, en el libro el relato está contado por los dos personajes centrales, el psicópata y el profesor de Derecho, mientras que en la película la narración recae sobre este último únicamente, con la cual la voz narrativa en ese caso funciona como un juego de espejos.

Hay detalles que aparecen cambiados, por ejemplo un encuentro de los personajes que en mi novela transcurre en un cine y en la película durante un espectáculo de Fuerza Bruta, un detalle que obviamente es más vistoso que la escena original.

Finalmente, hay diferencia en los finales: el del libro es más cerrado, lo que no quiere decir que el del film sea del todo abierto. Era a priori una historia muy difícil para llevar al cine, con muchos monólogos interiores y pensamientos de los personajes. De hecho con otra de mis novelas, El otro Gómez, yo intenté hacer un guión de cine y hasta hubo muchas propuestas para llevarla al cine, pero Tesis sobre un homicidio en cambio era mucho más compleja.


¿Cómo se resignifica esta obra publicada originalmente en 1998 hoy que la justicia está en el centro de distintos debates en los que se cuestiona su imparcialidad y sus atribuciones?

De alguna manera, la justicia siempre está en el centro de la escena. En 1998, con el trasfondo del menemismo, también se hablaba mucho de ella de jueces corruptos y fallos comprados. Es un tema central y universal, en la Argentina tal vez mucho más que en otro lado. En ese sentido, Tesis sobre un homicidio es mi interrogación personal sobre la justicia, sobre sus métodos y posibilidades.

La película posiblemente incite a la relectura del libro: en ese caso, resultará muy difícil disociar los personajes de los rostros que le ha asignado la versión cinematográfica ¿Esta dimensión visual potencia los alcances de la obra literaria?

Me parece un ejercicio fantástico eso de comparar qué tienen de distinto ambas versiones... es muy enriquecedor y divertido. Hay una novela de uno de mis autores preferidos, Isaac Bashevis Singer, que se llama "Enemigos, una historia de amor" y fue llevada al cine hace unos 15 años por Paul Mazursky: a mí esa comparación entre una y otra me encanta, me parece un ejercicio útil para activar el pensamiento.

Tanto la novela como la película plantean una tensión entre opuestos ¿Le costó lograr que la trama tuviera el peso específico suficiente para que no quedara reducida a funcionar como el envase de esta dialéctica centrada en los alcances de la justicia?

Un argumento nunca es una excusa para nada. Me parece que una novela es como un mecanismo de relojería donde todo funciona en conjunto, una combinación entre lo que quiero decir y cómo quiero hacerlo.

En Tesis sobre un homicidio hay un equilibrio entre el tono y el argumento, a diferencia de otros trabajos míos como El otro Gómez, donde claramente me interesa más el argumento que el estilo, mientras que en otra obra como Alrededor de Lorena, lo que prevalece, por el contrario, es el estilo.

Tesis sobre un homicidio, tal vez por ser tu primera novela, es un relato clásico donde aparecen desplegadas tus lecturas y modelos literarios, desde Borges hasta Juan José Saer ¿Se puede leer como un diálogo entre la condición de lector y la escritor?

Absolutamente. En la primera novela uno tiene como el impulso de mostrar todo lo que sabe hacer, todo lo que ha leído...es como ponerse a hacer jueguitos con la pelota. Por primera vez, a los 28, 29 años pensé en que por fin había encontrado un tono propio para contar. Después con el tiempo lo cambié completamente.

Se me ocurre una comparación entre la economía y la literatura para ilustrar este proceso. Cuando construís un edificio y luego otro, al final del proceso tenés dos edificios. Cuando en cambio escribís una novela y querés empezar otra, no tenés nada: tenés que empezar de nuevo con el tono, el estilo y los personajes.

Cada nueva novela es un nuevo desafío. Por eso yo siempre parto de la expectativa de generar una historia nueva que no se parezca a las anteriores. No me interesa hacer una "Tesis de un homicidio dos", una fórmula que desde el punto de vista comercial hubiera resultado fácil de escribir. Por eso mi producción es espaciada.

De hecho, escribir me cuesta bastante, porque mi verdadera vocación es la docencia. A mí me gusta mucho más enseñar que escribir. Y tengo más habilidad para encontrar los errores ajenos que disposición a mostrar los errores propios. 

(Telam - Argentina)