viernes, 11 de enero de 2013

ROCK Y DICTADURA


BAJEN LAS ARMAS,
AQUÍ SÓLO HAY PIBES ROQUEANDO!

Junto a dos copilotos de lujo como Enzo Bergesio
y Daniel Caminiti, les proponemos una breve pero
intensa recorrida del viaje roquero ante estricta
vigilancia militar.


“Era como una familia, casi se tomaba asistencia. Íbamos al (bar) Galicia, al Cabildo o al bar de la Galería Ross, donde estaba Cine Club y además se hacían recitales” (Bergesio). “Los conciertos estaban llenos, no menos de trescientas personas. Eran asambleas tribales. Era el lugar de encuentro para los que estaban en la mano. Íbamos con discos bajo el brazo y en la cola discutíamos y analizábamos el disco de esa semana. No sólo discos,  también libros: Hesse, Sartre, Brecht” (Caminiti).

Las bandas más conocidas de esa época eran: Virgem, que hacia rock sinfónico en donde se destacaba el Hamond de Bidarra porque era el único de la ciudad. “En el `77 vino Alas al Parque del Sur y Moretto no había traído sintetizador así que Vidarra se lo prestó. En medio del show se le cae al foso ¡cómo sufrimos todos!” Virgem llegó a grabar un disco y a llenar el Teatro Municipal. También estaba Mamut con el Turco Jozami, banda bien pesada y con postura heavy: calzas apretadas y remeras batick. Fatamorgana que hacía jazz rock y luego aparecen Agnus y La Naranja. Además venían muchas bandas de Buenos Aires casi siempre traídas por la dupla Yayo-Chela: Invisible, La máquina de hacer pájaros, Alas, Arco Iris. “Dentro de todo lo malo que fue el proceso, a los roqueros de alguna manera nos unió. Estábamos más juntos, era como protegernos, una especie de clan no político. Teníamos rechazo a todo, pero lo expresábamos de otra manera” (Bergesio).

Ser roquero acarreaba sus riesgos pero no era excesivamente peligroso. Para la represión el chico-rock de entonces era un raro. Pero, como no estaba políticamente comprometido ni llevaba armas, no representaba un riesgo real: “a la salida de los recitales te esperaban los azules, los cerdos y te podían chupar. Estaban preparados los camiones de la policía en la puerta. Recuerdo salir de ver Tommy, la ópera de los Who, y desde un Falcon me decían: ‘Che roquerito, degeneradito, putito ¿Viniste a ver a los putitos degeneraditos?’. Era así, si vos estabas en el ambiente eras putito” (Caminitti). “Era por sorteo a ver a quién se llevaban, pero era para crear un clima de miedo no porque sospecharan que andabas en algo. Me acuerdo a la salida de Invisible en el Municipal, ese día a los que iban presos se los llevaban caminando por una vereda de San Martín hasta Primera Junta y nosotros que nos íbamos a casa caminábamos por la vereda de enfrente y charlábamos con ellos. Era hasta gracioso, casi natural. La intención era crear miedo en ellos y en la familia que los iba a buscar a la comisaría, pero no lo lograron” (Bergesio). Tan soft era el roquero para la terrible ley de entonces que, por aquel tiempo, uno de los músicos del ambiente salía con la hija del jefe de “la patota”, un militar, y era común ver al yerno-rocker pasearse por la ciudad en el automóvil del suegro-represor.

Otro lugar de encuentro eran los programas de radio. Existían dos: Progresivo por LT10 de Enzo Bergesio que pasaba lo nuevo. Y Progresión Rock por LT9 de Daniel Caminiti que pasaba lo diferente. En cada programa había por lo menos veinte pibes tirados en el estudio presenciando la transmisión en vivo. Y fue allí, en la radio, principal canal difusor, donde el rock vivió de cerca la censura. En los estudios se pegaban las listas de artistas y canciones prohibidas. Se empezó prohibiendo Me gusta ese tajo de Spinetta y luego todo Pescado Rabioso porque se creía que hacía alusión al pene. El sistema era así: lo que no entendían lo censuraban. Casi siempre más por el lado de lo moral que de lo político. Igual el rock estaba lejos de ser censurado al nivel del folklore, al que sí se lo consideraba peligroso por lo directo del mensaje. “En Radio Nacional, en el 8º piso se controlaban todos los medios de la zona. Había que ser vivo. Guastavino, el director artístico, nos pedía los libretos de lo que íbamos a decir, llegó un momento que me cansé y le pasaba los libretos del año anterior, total ni se daba cuenta. Estaba prohibido Pescado Rabioso, así que yo lo pasaba igual pero decía que era Spinetta, total con los oyentes me entendía. Para la época de Malvinas se prohibió la música en inglés así que yo pasaba temas instrumentales y les castellanizaba el nombre. Decía Hugo en vez de Hugh o Juan en vez de John. Sabía de su ignorancia y jugaba con eso” (Caminiti). “En el `78 a mi me echan. Yo pasé un tema del disco Artaud que no es de Pescado Rabioso pero que por una estrategia del sello en la tapa dice Pescado Rabioso. Al otro día me llamaron y me dijeron que no había respetado la lista. El interventor, que era un milico retirado, me mostró el disco, lo tenía en la mano. Sinceramente no me calenté en explicarles demasiado” (Bergesio).

Diego Brea – Para revista “eh! Agenda Urbana”