6 DE FEBRERO: DÍA DE LUCHA CONTRA LA MUTILACIÓN GENITAL A LAS MUJERES


Dese 2003, el Día Internacional de Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina se celebra cada año para sensibilizar a la sociedad acerca de esa práctica. La mutilación genital femenina, del tipo que sea, se considera una práctica dañina y una violación de los derechos humanos de las niñas y las mujeres.



TODO NUESTRO SUFRIMIENTO ES PARA PLACER DEL HOMBRE

Khady Koita tenía siete años cuando su familia decidió que había llegado el momento. Se acercaron a ella y se lo comunicaron. "Hoy, niña, vamos a purificarte, para que puedas acceder a la oración", dijeron. La niña no entendió enseguida el significado de la frase, que podría haberse pronunciado así: "Hoy, niña, vamos a mutilarte, vamos a extirparte el clítoris con una cuchilla". Eso por lo menos es lo que hicieron, a Khady y otras niñas de su entorno, ese día, en Senegal. Era 1967, y nadie lo impidió. Dos décadas después, la escena se repitió, una vez más, en el corazón de la moderna y civilizada Europa. En París, tres niñas sufren el ritual de purificación. Son las tres primeras hijas de Khady. "No supe evitarlo y es el más grande remordimiento de mi vida", dice Khady en el madrileño Café Gijón.

[…] "Yo tenía 13 años cuando me casaron con un hombre que apenas conocía. Éste me llevó a París. Tuve mi primer hijo con 17". Siguieron otros cuatro, prácticamente uno al año, entre vejaciones, palizas, humillaciones. "Mutilaron a mis hijas sin que yo lo supiera. Pero da igual: imaginaba que pasaría antes o después, y no supe evitarlo"

[…] "Empecé a frecuentar un círculo de mujeres africanas en París. Ellas fueron las primeras en hacerme entender que yo era un ser inteligente. Que podía ayudar a otras mujeres. Intenté cultivarme, salir del agujero, pese a las trabas de mi marido. Encontré un trabajo. Poco a poco empecé a entender que esa tradición no es otra cosa que una inaceptable violencia hacia las mujeres. Que la religión no exige ninguna mutilación. Que es sólo una manera que los hombres tienen de controlar la sexualidad de las mujeres, de mantenerlas humilladas y bajo su control. Aunque mis hijas hubiesen ya sufrido eso, había muchas en mi entorno y en todo el mundo por las que todavía era posible hacer algo", explica. Así empieza una militancia por la que, entre otros, el Consejo General de la Abogacía Española le ha entregado un galardón como defensora de los derechos humanos.

"Todo nuestro sufrimiento es a causa del hombre, para el placer del hombre. Yo no he sido creada así. Insisto, no es la religión la que exige que se nos haga esto. La mutilación no está en los textos sacros. La ignorancia hace que muchos lo consideren un ritual sacro. Pero ni es un ritual, ni es sacro...", argumenta Khady, que intenta informar, a través de conferencias, cursos, asociaciones y hasta yendo puerta a puerta.

Su cuarta hija es una joven mujer con clítoris. Esta vez, Khady lo consiguió. 

No todos los testimonios son tan positivos como el que escribiera Andrea Rizzi, en El País el 5 de enero de 2008. Pero, lo cierto es que la Organización Mundial de la Salud (OMS) se ha comprometido a eliminar la mutilación genital femenina en el plazo de una generación, y a ese efecto realiza actividades de divulgación, investigación y orientación dirigidas a los profesionales de la salud y los sistemas de salud.


La mutilación genital femenina afecta a alrededor de 140 millones de niñas y mujeres, y cada año más de 3 millones de niñas corren riesgo de sufrirla. La OMS dedica este año una atención especial a la preocupante tendencia de que sean los propios prestadores de atención de salud quienes realicen la mutilación genital femenina, contribuyendo de ese modo a legitimizarla y mantenerla.

La mutilación genital femenina (MGF) comprende todos los procedimientos que, de forma intencional y por motivos no médicos, alteran o lesionan los órganos genitales femeninos.
Estos procedimientos no aportan ningún beneficio a la salud de las mujeres y niñas.
Pueden producir hemorragias graves y problemas urinarios, y más tarde pueden causar quistes, infecciones, infertilidad, complicaciones del parto y aumento del riesgo de muerte del recién nacido.
Unos 140 millones de mujeres y niñas sufren en la actualidad las consecuencias de la MGF.
En la mayoría de los casos se practican en la infancia, en algún momento entre la lactancia y los 15 años.
Se calcula que en África hay 92 millones de mujeres y niñas de más de 10 años que han sido objeto de MGF.

La MGF es reconocida internacionalmente como una violación de los derechos humanos de las mujeres y niñas. Refleja una desigualdad entre los sexos muy arraigada, y constituye una forma extrema de discriminación de la mujer. Es practicada casi siempre en menores y constituye una violación de los derechos del niño. Asimismo, viola los derechos a la salud, la seguridad y la integridad física, el derecho a no ser sometido a torturas y tratos crueles, inhumanos o degradantes, y el derecho a la vida en los casos en que el procedimiento acaba produciendo la muerte.

PROCEDIMIENTOS

La mutilación genital femenina se clasifica en cuatro tipos principales:

Clitoridectomía: resección parcial o total del clítoris (órgano pequeño, sensible y eréctil de los genitales femeninos) y, en casos muy infrecuentes, solo del prepucio (pliegue de piel que rodea el clítoris).

Excisión: resección parcial o total del clítoris y los labios menores, con o sin excisión de los labios mayores.

Infibulación: estrechamiento de la abertura vaginal para crear un sello mediante el corte y la recolocación de los labios menores o mayores, con o sin resección del clítoris.

Otros: todos los demás procedimientos lesivos de los genitales externos con fines no médicos, tales como la perforación, incisión, raspado o cauterización de la zona genital.

La MGF no aporta ningún beneficio a la salud de las mujeres y niñas, sino que la perjudica de formas muy variadas. Como implica la resección y daño del tejido genital femenino normal y sano, interfiere con la función natural del organismo femenino.

Entre sus complicaciones inmediatas se encuentran el dolor intenso, choque, hemorragia, tétanos, sepsis, retención de orina, llagas abiertas en la región genital y lesiones de los tejidos genitales vecinos.

Las consecuencias a largo plazo pueden consistir en: infecciones vesicales y urinarias recurrentes;
quistes; esterilidad; aumento del riesgo de complicaciones del parto y muerte del recién nacido.
necesidad de nuevas intervenciones quirúrgicas, por ejemplo cuando el procedimiento de sellado o estrechamiento de la abertura vaginal (tipo 3 mencionado anteriormente) se debe corregir quirúrgicamente para permitir las relaciones sexuales y el parto. A veces se vuelve a cerrar nuevamente, incluso después de haber dado a luz, con lo que la mujer se ve sometida a aperturas y cierres sucesivos, aumentándose los riesgos inmediatos y a largo plazo.