sábado, 12 de octubre de 2013

ASOCIACIÓN CULTURAL “I. L. PERETZ”: 101 AÑOS.

 El 12 de octubre de 1912, un pequeño grupo de inmigrantes judíos venidos de la lejana Europa Oriental (Rusia, Polonia, Lituania, Moldavia, Rumania, Ucrania), de apellidos de difícil pronunciación y evocativos de aquellos lugares, asentados en Santa Fe y zona, fundaban la Sociedad Cultural Israelita “I. L. Peretz”, hoy Asociación Cultural Israelita Argentina “I. L. Peretz”. Eran sastres, carpinteros, pequeños comerciantes, vendedores ambulantes a plazo, costureras, herreros, colchoneros, algún músico aficionado, amas de casa.



Escribe Daniel Silber

A pesar de que apenas balbuceaban el castellano y eran semi-analfabetos, la nueva entidad nacía como biblioteca, y como tal, el nombre que se le adjudicaba rendía homenaje a quien por entonces era el mayor exponente de la literatura judía en idish: Isaac León Peretz, el escritor polaco que había llevado las letras populares en idish –a través de cuentos, novelas, artículos periodísticos, relatos, poemas, obras teatrales- a un lugar en el que nunca antes había estado. De allí su nombre. Los judíos y los libros van siempre asociados.

Desde ese entonces ha transcurrido mucho tiempo. Hoy son los bisnietos y tataranietos de aquel conglomerado fundacional los que pueblan los patios, salones, dando vida y llenando de música a las diversas actividades de “La Peretz ”. Desde los chicos del Kinder Club, la Escuela de Básquet y el Taller de Cuenta-cuentos a los adultos del Coro Freilej, pasando por los adolescentes y jóvenes del hándbol, el grupo juvenil y de teatro, “La Peretz” hoy sigue siendo un bello hervidero, a veces un tanto caótico y desordenado, que cobija entre sus paredes a todos aquellos –sin distinción alguna- que deseen trabajar por la cultura, la democracia, la convivencia y la solidaridad.

La historia de “La Peretz” es similar y diferente a la de tantas instituciones creadas por inmigrantes. Habitantes de conventillos salidos del gueto medieval o perdidas aldeas de la estepa, con leyes y costumbres que los oprimían en sus lugares de origen, encontraron aquí un sitio –su sitio- donde reivindicar su condición de personas libres y plenas.


No poco trabajo les costó. Pero a fuerza de decisión, coraje, esfuerzo fueron edificando lenta –pero constantemente- un presente mirando al porvenir. En ese espíritu y en esa conciencia se desarrolló la Institución: construir un hoy para un futuro mejor, en el que se hagan realidad los versos de Peretz: blancos, negros, amarillos... todos los hombres son hermanos. Razas, colores y pueblos, no es más que un cuento inventado.