sábado, 5 de octubre de 2013

HOY SE PROYECTA DIAGNÓSTICO ESPERANZA

Más conocido por su seudónimo Camilo Blajaquis con el que firmó sus dos poemarios, César González reflexiona sobre las expectativas de vida de los chicos villeros y explica el origen de su primera película, que hoy se presenta en Santa Fe.


Por Ivana Romero

Aullido de perros. Un auto desmembrado al costado del monoblock. Aullido de balas. Alan, que en la vida real tiene once años y en la ficción también, mete sus manos en los bolsillos de su buzo gigante de chico rapero, atraviesa los pasillos, los volquetes con basura. Después se sienta al borde de la vereda. Un, dos, tres, cuatro planos de Alan en silencio. Al costado la villa, arriba el cielo.

Así comienza Diagnóstico esperanza, que se estrena esta tarde en el recién reinaugurado cine Gaumont. Es la primera película escrita y dirigida por César González. Hace un tiempo, este chico de 24 años comenzó a ser conocido como Camilo Blajaquis, autor de los poemarios La venganza del cordero atado y Crónica de una libertad condicional (los dos publicados por editorial Continente). "Yo soy así, tengo más heterónimos que Fernando Pessoa", se ríe César mientras inaugura una nueva sesión de mates en su departamento de la villa Carlos Gardel, en Morón.

Diagnóstico esperanza cuenta la historia de Alan, pero también la de Esteban –un adolescente que acaba de salir de la cárcel– y la de Mariano, que un buen día se cansa de ser vendedor ambulante y decide dar un golpe desesperado. Estos tres personajes, en conjunto, bien pueden ser el reflejo de distintos momentos en la vida de César. A los 12 años, empezó a conocer las drogas y la delincuencia. El 2005 no lo encontró en la escuela secundaria sino en el hospital. De esa época conserva cinco heridas de bala que le dejó la policía bonaerense en distintos enfrentamientos. "Purgué una condena de cinco años como cómplice de un secuestro extorsivo a un empresario brasilero. Pasé primero por el Instituto de Menores Rocca, luego en el Instituto Belgrano, y luego en el Instituto Agote, todos de Capital Federal, y al cumplir los 19 años fui trasladado primero al penal de Ezeiza y, finalmente, al de Marcos Paz. Recuperé mi libertad en 2010", dice. Tras la cárcel vinieron los dos libros firmados como "Camilo Blajaquis", en homenaje a Camilo Cienfuegos, el comandante cubano compañero del Che, y a uno de los militantes sindicales asesinados en Avellaneda que Rodolfo Walsh describe en ¿Quién mató a Rosendo? 

Mientras coordinaba la autodenominada "revista de cultura marginal" Todo piola –que recoge textos y voces de chicos y chicas que en muchos casos están privados de su libertad– y empezaba el ciclo básico en Puan, César comenzó a devorar películas. "No lo hice por las mías. Si bien me gustaba el cine, que descubrí por unos escritos de Gilles Deleuze, era un espectador más. Así que me puse a estudiar cine con un profesor del Centro Cultural San Martín. Eso me abrió el panorama a directores como Andrei Tarkovski, Jim Jarmusch, Orson Welles. Yo no soy de mandarme de cheto; o sea, de kamikaze, que salga lo que salga. Así que también estudié manejo de cámara y fotografía, con otro profesor. Durante dos años me aprendí todos los yeites de la luz", explica.

Después de tres cortos y algunos videoclips, en 2012 llegó la posibilidad de filmar Diagnóstico esperanza. En el elenco se cuentan Alan Garvey, Nazarena Moreno, Esteban El As, Mariano Alarcón, Sabrina Moreno, Nicole Blanco, Javier Omezoli, Analí Céspedes, Tino Vera y Mariano del Río, entre otros. La mayoría de ellos también son habitantes de la villa. Y es que, como aclara su director, este busca ser "un cine villero sin estereotipos ni representación bizarra". Tanto es así que la cámara se pasea con el mismo desparpajo por los monoblocks que por las calles del centro porteño durante los coquetos cacerolazos de noviembre pasado protagonizados por las familias acomodadas. "La película está ubicada en el aquí y ahora latinoamericanos, de progresismos y vientos de izquierda. Sin embargo, al mismo tiempo que las cosas cambian, se perpetúan un montón de situaciones violentas, de injusticia, de dolor, que deben ser tomadas en serio si de veras queremos una sociedad distinta. Los valores que más cuestiono en la película tienen que ver con la idea de que ser es tener. Y no es sólo un tener material. Es un tener existencial. O sea, no sólo mi 0 kilómetro, mi casa, mis vacaciones, mis salidas a comer de la clase media y la clase alta sino también 'soy yo, tengo un cargo, tengo poder'. Ese tener se reproduce en la villa. El pibe quiere ser el más chorro y quiere tener eso que para la clase media es normal y para el pibe no es normal. Para el pibe de la villa, salir a comer, irse de vacaciones, tener ropa de marca es una anomalía. Lo que es normal para unos, para nosotros es inalcanzable", agrega.

Es decir, continúa, que "si un villero tiene un sueño, casi nunca lo puede cumplir y eso termina dando tanta bronca que terminás en cualquiera". "Al clase media le preguntan ¿qué querés ser: abogado, médico, periodista? Al pibe de la villa nadie le pregunta. Si quiere ser alguna de esas tres cosas, le va a costar 100 veces más no sólo por lo económico sino también en el aula, con los profesores, en el colectivo. Si yo me pongo la gorrita y te hago un pasito un poco picante, seguro te cruzás de vereda", interpela.

–Ese contraste entre los sueños de una clase y otra son muy evidentes en la película.

–Sí. Ojo, en el barrio hay cloacas nuevas, todas las calles son nuevas, tenemos casas que no tienen nada que ver con los ranchos de mi infancia, y hay más trabajo. Pero aun así, los pibes siguen matándose a tiros, siguen saliendo a robar… El domingo en Clarín Espectáculos me hicieron una nota a mí y en Policiales había una nota de tres pibes de mi barrio que salieron a robar y mataron a otro para sacarle el auto. El mismo día, ¿entendés? El contraste entre tener y no tener, entre saber y no saber, entre las puertas que se abren y las que se cierran, está muy claro en la película. Bah, está ahí para que te des cuenta.

–¿Darse cuenta de qué?

–De que atrás de la peli hay un fin social y político, además de estético. O sea, busco contar las cosas como las veo y como no siempre se cuentan. Por eso invité a gente como yo. Además, si un pibe está actuando, o filmando, no está saliendo a robar. Y no robar es ahorrarse un montón de lágrimas.

–Sin embargo borraste alusiones a una geografía concreta.

–Porque el conflicto entre la pobreza, la marginalidad y la clase media que maldice a los villeros es algo que se repite en todas las sociedades. Cada sociedad necesita un enemigo. Tiene que haber un enemigo que justifique el aparato capitalista… Nos enseñan que todo es perfecto, que lo único que anda mal son los bárbaros. O sea, los pibes chorros. Civilización o barbarie, es eso, sigue siendo eso.

–También proponés salidas.


–Cualquier forma de arte es una salida. El cine me apasiona porque es una manera entendible para todos, es un arte popular de esta época. Y además da trabajo a un montón de gente que se pone de acuerdo para contar una historia. Con la poesía estás vos solo. El cine es un poema que escribimos de a muchos.

(DTA)