sábado, 26 de octubre de 2013

LA ESCRITURA COMO EJERCICIO DE CONMOCIÓN

Lina Meruane, chilena radicada en Nueva York, define al acto de la escritura como un ejercicio de la conmoción, con un golpe alto y también bajo. Junto a Soledad Marambio decidió apostar por una serie de textos que acaban de poner a circular en una editorial chica, Brutas, fundada ad hoc, donde los personajes son ciertas zonas o ciudades bajo un régimen de discurso emparentado a la crónica pero que no se agota en eso. Se trata de libros casi artesanales, en cada uno de los cuales dos escritores se refieren al mismo lugar sin obligación de coincidir: Santiago, Buenos Aires, Japón, París, Berlín y Belarús, abren la primera tanda.


Meruane nació en Santiago en 1970; novelista, cuentista, periodista cultural, dramaturga, ensayista. Publicó, entre otros libros, Las infantas, Sangre en el ojo, Fruta podrida y Viajes Virales. 

¿Qué las empujó a crear el sello Brutas Editoras?
- Brutas Editoras nace de un deseo: poner a circular textos de nuestro gusto, en la diversidad de los modos del castellano, en un espacio literario dominado por el inglés. Nace también del deseo de volver a la mesa redonda que nos permite discutir textos, pensar juntas el hacer literario, una suerte de taller que a veces ocurre presencialmente y a veces en la vía virtual. Es una manera de inscribir una palabra, un proyecto, unos textos en la escena neoyorquina. Lo que ha sucedido después es que este proyecto que imaginamos originalmente como site-specific se nos ha ido un poco de las manos, y hemos empezado a hacerlo circular más ampliamente.

¿Por qué Brutas? ¿No suena un poco brutal?
- Absolutamente: esa era la idea. No simplemente publicar libros sino hacerlo brutalmente, con fuerza, con rigor, con pasión, con espíritu lúdico, sin condicionamientos económicos de por medio, y por lo mismo a escala humana, y sin solemnidad. La edición como una pega y como un divertimento, no como un sustento o un negocio. Sin olvidarnos nunca que la escritura es un ejercicio de conmoción, un golpe alto y también bajo.

¿Existe una suerte de moda o auge de la crónica en América Latina? Si es así, ¿qué razones encontrarías para esa existencia?
-  La crónica está en los inicios de la escritura latinoamericana, es un género muy nuestro, pero sin duda en los últimos veinte años se despegó de su anterior lugar de escritura de segunda clase en el que estaba. Algún escritor ha dicho que el auge de la crónica responde a un hambre de realidad tras años del dominio absoluto de una gran literatura -esas escrituras alegóricas, de desplazamientos simbólicos más complejos, de lenguaje metafórico y estructuras más elaboradas. La literatura del boom y las que vinieron después. Pero no se puede olvidar que todos esos escritores fueron también grandes cronistas y que escribieron, algunos, desnudando la realidad y exhibiendo, hasta los huesos, en casos extremos, el propio yo. Yo más bien creo que la crónica adquirió un nuevo brillo, porque por un lado muchos escritores abordaron ese género como forma literaria, con la misma pasión, con la misma tensión, porque lo privilegiaron, porque lo pusieron a la altura de toda su producción. Y quizás también porque, como efecto, esas crónicas lograron encontrar lectores ávidos.

¿Cómo deciden las ciudades o los países sobre los que encargan los trabajos?
- Ha habido decisiones expresas y accidentes fortuitos en la elección. Casi siempre la decisión estuvo dada por un texto que nos interesaba, un texto que queríamos publicar, y el desafío ha sido encontrar el texto que haga de pareja. Como equipo, sin embargo, hemos redirigido nuestras energías recientes hacia lugares menos recorridos, o, dentro de ciudades conocidas, a espacios en ellos que no han sido tan vistos. Alejarnos a toda costa de los lugares comunes, como parte del proyecto.

¿No se terminarán las ciudades y los países? ¿Con qué seguirán entonces?

- Estamos realmente lejos de acabar con las ciudades, y al ritmo de nuestra publicación, tenemos mundo para rato.

(Fuente: ANT)