miércoles, 16 de octubre de 2013

LA LITERATURA QUE SE ESCRIBE CONTRA LA EPOCA

Invitado a participar de las jornadas Libertella-Lamborghini que tendrán a fin de este mes, el escritor, traductor y editor Damián Tabarovsky rescata el trabajo de las editoriales independientes pero se algo escéptico a la hora de pensar que esos discursos puedan escapar a la normalización ambiente.

Pocas horas después de retornar de la Feria de Frankfurt, y con la cabeza despejada por los sonidos de la gran urbe, el director de la editorial Mar Dulce no encuentra razones para descartar que a cierta literatura también le llegará su hora. Tabarovsky nació en Buenos Aires en 1967; se graduó en la Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales de París. Publicó, entre otros libros, Fotos movidas, Coney Island, Autobiografía médica y Literatura de izquierda.

¿Hay un retorno de cierta experimentación? Se suceden los coloquios o las jornadas sobre Libertella, Lamborghini, Fogwill... lo más interesante que se edita lleva esa marca de origen.

DT: Cada una de esas palabras me generan grandes dudas, más de una sospecha: experimentación, retorno, coloquios… Creo que podría decirse que la obra de Libertella lucha por no entrar en el fatal olvido (cuando murió Héctor tuve la percepción de estar asistiendo en tiempo real a la creación de la figura del escritor olvidado) y que esa locura por mantenerse viva me es muy gratificante. Con Fogwill y Lamborghini pasa algo distinto: ya son parte de la cosa.

Sí, es cierto que buena parte de lo más interesante que se edita hoy lleva esa marca de origen, como decís. Lo veo en muchos autores jóvenes que leo con sumo interés. Pero también, tarde o temprano, habrá que realizar una evaluación de la productividad de esos nombres sobre otros escritores. No de la productividad sobre la crítica, sino sobre ciertas escrituras. Tengo serias dudas sobre el estado de la cuestión. El otro día escuché decir a Piglia (sí, a Piglia) que no hacen falta más escritores vanguardistas, sino lectores vanguardistas. Típica frase ingeniosa, parece más un eslogan que un concepto. No obstante, tiene algo de verdad. A veces percibo que muchas veces hoy se escribe a partir de Lamborghini para normalizarlo… como si se estuviera forjando una especie de vanguardismo académico, en su nombre o en el de Fogwill. Sobre esos efectos de estandarización lambor-fogwillianos también hay que estar atentos. El trabajo crítico implica, siempre, pensar en contra de nosotros mismos. Libertella, en cambio, por ahora está libre de esas recaídas. Su fantasma merodea libremente.

¿Por qué creés que los premios literarios comerciales jamás tienen en cuenta ese mundo? ¿Razones de mercado? ¿Nostalgia sesentoide? ¿Qué cosa?

DT : ¡No demos malas ideas! Dejémoslos que no se acuerden... Fijate que en la primera respuesta, en el fondo expreso mi preocupación ante el riesgo de estandarización de esa literatura crítica; pero el hecho de que los premios (y muchas otras instituciones mainstream) no hayan aún llegado a Lamborghini & Cia es un indicio de que todavía mantienen algo de inasimilable, un resto de intransigencia interesante.

Aunque tarde o temprano, llegará. Es la ley de la literatura: gran parte del campo literario llega irremediablemente tarde. Pero siempre llega. No falta mucho para que algún chiquilín gane un premio con una novela donde Lambroghini sea el nombre de personaje de un congreso de detectives en Oxford, o Fogwill sea una marca de cerveza en una novela sobre Tita Merello y Hitler.

Como editor, ¿donde aparece la literatura que te llama, te sorprende, te impulsa a contratarla?

DT : Me gusta la literatura que se escribe contra la época. Es una respuesta muy amplia, que incluye muchos estilos, modos, formas. La literatura es la singularidad misma. Pero a la vez, con todos esos diversos modos, me interesa la novela que se formula críticamente las preguntas fundantes de la literatura moderna: ¿qué es una frase? ¿Qué palabras la componen? ¿Y qué palabras se desechan? ¿Y cómo se conecta una frase con otra? ¿Cómo hacen sentido?  Esas son preguntas esencialmente políticas, entendiendo a la sintaxis como un campo de batalla en el que la literatura se sustrae negativamente al ruido de la época, al habla de los medios, del deporte, de la salud (todos discursos binarios) e incluso al de la política tal como se la entiende corrientemente: una novela no se vuelve social porque transcurra en los 70, ni se vuelve política porque se mencione a la militancia, ni se vuelve filosófica por poner a Heidegger de personaje. Es en el nivel de la frase, en la politización de la sintaxis, donde se juega su radicalidad.

Ya que venís de Frankfurt. ¿Existe, se percibe por allá lo que están produciendo las editoriales chicas acá?


DT: Más allá de la Feria de Frankfurt, creo que hay un reconocimiento en el mercado editorial interesado en la buena literatura, y en un sentido más amplio en el campo literario, sobre el trabajo y el nivel profesional que vienen llevando a cabo las editoriales independientes argentinas en la última década. Por dar un ejemplo, El viento que arrasa, de Selva Almada, fue contratada al francés, portugués e italiano, por editoriales muy grandes como Rizzoli, que están perfectamente al tanto de lo que pasa aquí. Y si te fijas, por dar otro ejemplo, nosotros, en Mardulce, también contratamos libros de afuera, de editoriales como Minuit, Suhrkamp, etcétera, es decir, de editoriales a las que hace no tanto las pequeñas casas argentinas no accedían, o accedían poco. Y aunque España sigue siendo claramente el destino privilegiado de las traducciones al castellano, las pequeñas editoriales locales venimos haciendo un trabajo intenso que poco a poco, comienza a verse. Me parece que ese armado de redes  (porque de eso se trata: no de que las editoriales independientes ingresen a un proceso de globalización que les sería fatal, sino de intercambios entre proyectos interesantes en otras partes, incluido el resto de América Latina) es un buen antídoto contra cierta desdicha provinciana que nos afecta a diario en cada discurso oficial.