martes, 8 de octubre de 2013

LA ORILLANÍA DE CARLOS "NEGRO" AGUIRRE

Carlos Aguirre tiene formas tímidas, de las que acostumbran tener las gentes de provincia, y las que saben que su arte es bueno, pero que hay muchos otros de arte superior. Así que sobre su disco, la heterogeneidad que disfruta en sus composiciones y su ejecución, dice que Orillania “tiene mucho que ver con los viajes que fui haciendo por Latinoamérica, es un poco el resultado, porque en cada lugar hay músicas bien diferentes, y sobre todo con instrumentaciones bien diferentes. Me pareció que estaba bueno reflejar la diversidad de los lugares que había ido conociendo, de sus culturas. Eso fue un poco lo que motivó, la intención del disco, de que se escuche eso así, no que sea un detalle nomás. No tengo más para decirte, je."
Una respuesta que funciona como elogio: se escuchó bien el disco. Que como buen elogio, funciona como dificultad: la próxima pregunta o comentario debe hacer crecer la charla. Por suerte Aguirre es de formas tímidas, y se puede continuar con lo que se tenía pensado.

-En el disco hay muchas colaboraciones. ¿Cómo trabaja en esos casos, le da indicaciones, le pide que le hagan aportes?

-En el mismo proceso de estar componiendo cada canción me pasó que me empezaba a sonar cómo las tocaría tal, que ese tema a esa persona le podía quedar bien, que estaba dentro de su forma: sin ningún esfuerzo él iba a poder acercarse al espíritu de lo que yo quería. En ese sentido fue bien natural el proceso, no sentí que los temas se deformaran. En todo caso sentí que crecían, y en muchos casos superaban mis expectativas. A diferencia de discos anteriores míos en donde escribo absolutamente todo, yo tenía ganas de hacer uno donde convivieran lo pautado, lo muy pautado, porque los arreglos de las voces y todas las bases son súper trabajadas, con alguien que hiciera un solo con total desparpajo. Y es más, mi idea era que no conociera tanto el tema, o que lo conociera ahí en el estudio, al momento de grabar, cosa que no tuviera tiempo de especular y de hacer mucho proceso de la cabeza, así, sino que más bien lo que sintiera, que la impresión que tuviera del tema la volcara espontáneamente. Por ejemplo, fue el caso de Hugo Fattoruso, que es una persona con una creatividad muy frondosa, es como un gato que cae parado siempre: en el ámbito que lo pongas él siempre va a salir para algún lugar. Y sentía que en su caso, un candombe con tales características, era como muy próximo a su propio lenguaje. De hecho muchas cosas las escribí inspirado en las músicas que he escuchado desde la adolescencia. Para mí escuchar a Fattoruso en sus distintas formaciones fue como una referencia que tuve de chico. Entonces componer un tema a lo Fatorrusso para mí era algo natural. En muchos casos fue un poco así, pero tenía como roles asignados a estas personas. Roles de romper con el orden, y que convivan esas tramas así tan relojito y precisa, con una cosa de desparpajo. Para mí eso es Latinoamérica. Todos estos países tienen como una producción de la intelectualidad, de lo académico, pero a la vez son caóticos. A medida que vas subiendo hacia el norte es cada vez más caótico; Latinoamérica bien intensa en un punto, y tropical, la convivencia de todo eso. Estaba bueno reflejarlo.

-Y son todos músicos como de las orillas: pueden cruzar de géneros sin problemas.

-Hay cosas que tal vez no las pensé de antemano, pero después me di cuenta de que estaba pasando eso, eran todos músicos que tenían que ver con orillas concretamente: del mar, o del río. Y por otro lado, también compinches de una búsqueda. Siento que este momento en la música de estos países es como de transición. Que ya lleva varios años pero en donde se abren las fronteras, los músicos se animan a experimentar otras cosas, por ahí adoptan rasgos de música bien lejanas, como cosas afro. Es una apertura saludable para mí porque hace crecer a las músicas nuestras.

-Sin embargo la música siempre fue muy cosmopolita.

-Hablo tal vez desde un par de décadas, ése sería el “reciente”. Pero sí, no te diría que es un movimiento, porque no tiene un carácter formal, pero informalmente sí lo es. Nos vamos encontrando personas de distintos países en ese camino, muy ávidos de la música que sucede en otro país. También tiene que ver con la información, con el acceso, donde uno puede estar escuchando música de cualquier parte del mundo. Pero siempre parado desde el lugar donde uno es: uno cuenta éste lugar, cuenta el momento histórico que le toca vivir. Pero hay una apertura de asimilación de otras músicas. Con el tiempo lo que uno ha visto es que las diferentes músicas del mundo, a veces por tendencias inexplicables o por cuestiones hasta geográficas, a veces de las etnias de cada lugar, han desarrollado aspectos de la música diferentes. Por decirte, lo afro siempre está más vinculado a las cosas rítmicas, la música clásica o la académica a lo formal o la armonía, lo mismo el jazz también la armonía, que también incorpora las escalas. En ese sentido cualquier músico, haga la música que haga, escucha las otras músicas. Como una necesidad de información, de captar recursos. Y también es generacional. Antes como que eran compartimentos más estancos. Pero de repente hoy, yo que toco más folclore rural, me puedo juntar a tocar con un tangueo y buscar una música que nos encuentre que seguramente. No va a ser ni un tango puro ni una música folclórica pura, va a ser como un mix. La música es un lenguaje dinámico, uno no puede pretender que sea como una pieza de museo, inamovible. Y hay necedades expresivas del pueblo que van mutando de acuerdo a las épocas. Por decirte, muchos poetas de la canción folclórica argentina hablaban o cantaban a oficios que hoy ya no existen, o que fueron mutando y que hoy las hace una máquina. Ellos tenían un plus de que muchas cosas se hacían con las manos, y eso le confiere un espíritu artesanal, más humanitario.

-La música no sólo se escucha con el oído.


-La música tiene interacción. Tocás con otro y no sabés en qué momento dejás de ser vos un poco, y la energía del otro te lleva. Incluso te hace descubrir lugares tuyos, energías que vos tenías. Vengo de la escuela más académica, de estudiar piano clásico, y siempre estaba más ligado a energías más mansas en un punto, más contemplativas. Y de repente cuando empecé a tocar tambores y conocí gente que tocaba eso, me di cuenta de que también tenía esa energía. Pensé que no la tenía directamente, que nunca iba a poder tocar eso porque no estaba en mi forma de ser eso más extrovertido. Sin embargo me doy cuenta de que tocando con estas personas, ellas sacaron de mí eso. Una persona puede ser muchas cosas, pero eso lo descubre a través de los vínculos. 

(Jorge Belaunzarán - Asterisco)