viernes, 18 de octubre de 2013

LOS CUARENTA AÑOS DE LA REVISTA CRISIS

El nacimiento de la revista "Crisis" en 1973, significó la apertura a un espacio cultural y político de anchas miras. Como bien lo expresa Miguel Russo, periodista y autor de esta nota, “un espíritu que encarnaba la gran apuesta de Federico Vogelius por la cultura. Una cultura que buscaba subvertir el rol y el lugar al que el sistema la había acorralado durante siglos”.

La mítica revista que fundó Federico Vogelius y dirigió Eduardo Galeano apareció por primera vez allá en la primera quincena de mayo de 1973. Cómo fue su inicio, qué paso en los 40 números aparecidos y por qué cerró.  Eduardo Galeano recuerda: “Hoy me entero de que todos los meses, el día que sale la revista, un grupo de hombres atraviesa el río Uruguay para leerla. Son una veintena. Encabeza el grupo un profesor de sesenta y pico de años que estuvo largo tiempo preso. Por la mañana salen de Paysandú y cruzan a tierra argentina. Compran, entre todos, un ejemplar de Crisis y ocupan un café. Uno de ellos lee en voz alta, página por página, para todos. Escuchan y discuten. La lectura dura todo el día. Cuando termina, dejan la revista de regalo al dueño del café y vuelven a mi país, donde está prohibida.–Aunque sólo fuera por eso –pienso–, valdría la pena”.

UNA PALABRA QUE ACUÑÓ UNA REVISTA

En los primeros días de mayo del ’73, la escena se repetía en varios bares de la avenida Corrientes. La Paz, Politeama, Ramos, Ópera. Algunos ejemplares de la revista iban quedando sobre las mesas que, hasta hacía un ratito, ocupaban no pocos uruguayos, mezclados con varios argentinos que cantaban, sonrientes, el consabido “se va a acabar, se va a acabar” cuando alguien les informaba que el costo de vida había aumentado, en lo que iba del año, casi un 30 por ciento. Algo los unía más allá de un triunfo electoral o de una cercana asunción presidencial. Era la certeza de saber que había palabras que no necesitaban ser definidas con exactitud. “Compromiso”, por ejemplo, “política”. O, más redondamente, “revolución”. Palabras que se respiraban día a día, que se vivían. Y una, básica, elemental, insustituible: “nosotros”. Una palabra que, por paradójico que resultara, acuñó una revista. Una revista escrita por un puñado de tipos reunidos bajo el ala de Federico Vogelius, Fico (uno de esos raros y escasísimos empresarios que creían en la igualdad de oportunidades), y Eduardo Galeano (uno de esos raros y escasísimos intelectuales que creían en la igualdad de oportunidades). La revista se llamaba , su primer número salió el 3 de mayo de 1973. Podría haberse llamado “nosotros”, pero entonces no habría tenido mucho sentido que los que la leían la llamaran “nuestra revista”. Cuestión de palabras. Y, en mayo de 1973, todo el mundo lo sabe: las palabras se decían o se vivían.

VOGELIUS Y UN PROYECTO CULTURAL

La cosa, como empezaron muchas cosas, había arrancado unos años antes, terminando la década del ’60. Vogelius quería plasmar un proyecto cultural; Ernesto Sabato andaba con ganas de armar una revista. El cóctel se estaba preparando. Ahora lo recuerda Julia Constenla. “Fico y Sabato armaron un comité de notables que discutía cómo debía ser la revista: Jorge Romero Brest, Ernesto Epstein, Francisco Romero, Víctor Massuh, José Luis Romero. Se habían contratado oficinas y personal administrativo”. Y lo recuerda, mucho más, Amalia Ruccio, Lita, por entonces esposa de Vogelius. Esa mujer a la que Fico le repetía la necesidad de un sacrificio emocional y personal importante. Tan importante como feliz. “Lita, quiero que me duela –dice, hoy, Amalia, que le decía Fico–. La cosa se acentuó en 1968. Fue un largo proceso, una búsqueda angustiada y dolorosa. Fico anduvo desasosegado, intranquilo, descentrado, era evidente que se trataba de un salto a otra dimensión, donde la dignidad civil, la responsabilidad por el país, su fe en la cultura y el amor eran sus pilares. No creía en nada obtenido por las armas; sí por la cultura, aunque llevara cien años conseguirlo”.

BUSCANDO UN DIRECTOR

Crisis, el nombre con el que el equipo de notables reunido por Vogelius y Sábato se había puesto de acuerdo, ya existía como marca. Las discusiones, inevitables ante la gran pregunta, “qué hacer”, no terminaban de disiparse cuando ya aparecían otras nuevas. Hacía falta alguien que llevara a buen puerto las ideas de “todos” hacia ese “nosotros” que estaba ahí, pero parecía cada vez más lejano. “Yo era secretaria de redacción de la revista y me habían despedido –cuenta Constenla–. Sábato me pidió que colaborara con el grupo en 1972. Después de tres o cuatro reuniones, ya habían pasado varios meses, les expliqué que necesitaban un director. Fico quería a Sabato. Sábato se negaba a aceptar”. Entre los tantos nombres que se barajaron, estaban el de Juan Gelman (director del suplemento cultural del diario ), Tomás Eloy Martínez (que había trabajado en ) y Eduardo Galeano (que acababa de publicar ). Mientras todos discutían, Vogelius tenía la certeza de los que ya saben cómo van a ser las cosas. La certeza de los que no se equivocan.Fico y Eduardo se conocieron, como ocurren las muchas cosas de la vida de Galeano, en un bar. Él mismo lo dice: “En un bar de Montevideo, una noche de fines de 1972, se selló la revista. Yo no sabía quién era Vogelius. Pero hubo un buen enganche y esa noche, cenando, empezó la historia”. No bien llegó a Buenos Aires, a la quinta de San Miguel donde vivía con Lita, Fico no pudo contener su entusiasmo: “Lita, Lita tengo al director de la revista”, le decía Fico a su mujer mientras la sacudía para despertarla. Y el diálogo, entre el sueño y la realidad, siguió, más o menos, así:

–Eduardo Galeano.
–No, él no lo sabe, lo acabo de decidir en el viaje de vuelta de Montevideo.

Pero Montevideo no era una fiesta. Lo afirma Galeano: “Un par de días después me subieron a un auto. Me trasladaron, me encerraron en una celda. Rayé mi nombre en la pared. Por las noches escuchaba gritos. Empecé a sentir la necesidad de conversar con alguien. Me hice amigo de un ratoncito. Yo no sabía si podía estar encerrado días o años, y al poco tiempo se pierde la cuenta. Fueron días. Siempre tuve suerte. Caminé hasta mi casa. Era una noche cálida y serena. En Montevideo empezaba el otoño. Me enteré de que hacía una semana que había muerto Picasso. Pasó un tiempito y empezó el exilio”.

GALEANO Y UN COMPROMISO LATINOAMERICANISTA

En ese exilio porteño de Galeano, un exilio de largas charlas con Vogelius, comenzó a tomar forma la revista. Ante el registro existente de la marca , Sabato planteó transformarla en . Dice Constenla: “Para Eduardo, con ka era una ridiculez. Y dijo que había que completar el título: Ideas, letras y artes en la Crisis”. No había caso: Eduardo y Ernesto no estaban hechos para entenderse. Ni Vogelius podía con ellos.“Yo proponía una revista crítica de los grandes problemas de entonces –recordó luego, y bastante enojado, Sabato–. Pero, en determinado momento, sentí que no podría hacerse como yo quería: Vogelius quiso llevarla adelante con una dirección marxista que llegó a difamarme a través de los estalinistas de turno. Eso es lo que ellos llamarían dialéctica”. Lita Ruccio también lo recuerda, pero no tan enojada: “El proyecto de Sabato desapareció con la entrada de Galeano como director, a quien Fico le dio libertad total”.Esa libertad total de la que habla Lita produjo la unión casi imposible de tipos en una redacción. Vicente Zito Lema, uno de ellos, dice: “Había, claro, diferencias. Aníbal Ford, por ejemplo, seguía la línea del nacionalismo revolucionario; Juan Gelman estaba más ligado a las FAR y Montoneros; Galeano tenía un compromiso latinoamericanista; Haroldo Conti traía una lectura marxista de la realidad; yo provenía del peronismo de base. Parecía que nos íbamos a matar, pero había cosas profundas que nos unían, el espíritu de la época”. Un espíritu que encarnaba la gran apuesta de Vogelius por la cultura. Una cultura que buscaba subvertir el rol y el lugar al que el sistema la había acorralado durante siglos. Como dice Galeano: “La cultura no terminaba, para nosotros, en la producción y el consumo de libros, cuadros, sinfonías, películas y obras de teatro. Ni siquiera empezaba allí. La cultura era, para nosotros, la creación de cualquier espacio de encuentro entre los hombres. Eran todos los símbolos de la identidad y la memoria colectivas”. Ese “nosotros” comenzó a funcionar en las oficinas del octavo piso del edificio de Pueyrredón 860, con un equipo básico, un título heredado de Sábato y ningún otro compromiso que el de Vogelius por difundir la cultura. “Nuestra” cultura. Para “nosotros”.

UN AMPLIO CAMPO DE EXPRESIÓN

La idea de la revista era no hacer sectarismo ideológico e idear un amplio campo de expresión en el cual se incluyeran marxistas, nacionalistas, peronistas antiimperialistas. La amplitud para reunir devendría, invariablemente, en amplitud para llegar. Sólo una persona como Federico Vogelius podía aguijonear semejante proyecto. Pero, ¿quién era Federico Vogelius?Dice Rogelio García Lupo: “Fico era la persona que comprometió su propia libertad y su fortuna de empresario exitoso por la cultura. Está bien que en ese momento había muchos entusiasmos, pero no había tantas personas dispuestas a jugarse como lo hizo Vogelius”. Confirma Julia Constenla: “El periodismo rioplatense señala solamente la presencia de Eduardo Galeano, sin reparar lo suficientemente y con la debida justicia en el hecho de que sin Vogelius no hay . Es cierto que, sin Galeano, la revista no hubiera sido lo que fue. Pero, sin Vogelius, directamente no habría existido la revista . El contenido era de Galeano, con absoluta libertad y coincidencia con Vogelius”. Dice Vicente Zito Lema: “Federico era un experto y un amante de las artes plásticas. Una de esas figuras de las que hoy quedan muy pocas, de muy alta posición económica y un profundo costado bohemio, benefactor. Antes que comenzara la revista, yo no tenía amistad con él, pero sí trato. Comíamos bastante seguido y reflexionábamos sobre arte, política y derechos humanos con un grupo formado por Luis Felipe Noé, Ricardo Carpani, León Ferrari, Ernesto Veira, entre otros tantos”. Como refirió Haroldo Conti en carta a Roberto Fernández Retamar: “ es lo único que sobrevive, Federico Vogelius, su director propietario, piensa realizar una gira por Latinoamérica. Naturalmente quisiera entrar en Cuba y establecer relaciones con la Casa de las Américas. Si bien es un hombre rico, es progresista y ayuda mucho. Se puede contar con él ampliamente. No hace todo esto por dinero, sino que le interesa apoyar toda actividad cultural”. O como recuerda Lita Ruccio: “Fue un hombre difícil y maravilloso, bueno y malo, exquisito y sencillo. Fascinante siempre, para todo, el mejor. Soy muy consciente que, con él, pasé del amor más puro al odio más cerrado, para luego encontrar y entender su vida y su alma. Como aconseja un viejo maestro, lo entendí con el corazón, extendiendo la mirada, caminando con mi alma”. Es decir, Federico Vogelius. Fico. El tipo sin el cual no existiría la posibilidad cierta de ese “nosotros”.


 (Autor: Miguel Russo - Fuente: Miradas al Sur, edición 261)