viernes, 18 de octubre de 2013

LOS DIBUJOS DE CALÉ EN LA BIBLIOTECA NACIONAL

Las obras del inolvidable dibujante, humorista e ilustrador Alejandro del Prado (1925-1963), más conocido como Calé, llegan en una exposición inédita: Trapitos al sol, que reúne originales que serán donados a la institución.
Bajo el título "Trapitos al sol", la muestra llega la Biblioteca para acercar el universo Calé a 50 años de su muerte, un aniversario que incluye la donación por parte de la familia de su obra al Programa Nacional de Investigación en Historieta y Humor Gráfico Argentinos, destinado a identificar, preservar, difundir el género.

La muestra está integrada por aquellos dibujos que Calé realizó al llegar de su Rosario natal a Buenos Aires (en su mayoría, retratos de músicos), hasta los que publicó en diarios y revistas como Rico Tipo en la década del 40 vinculados a la ciudad porteña, el tango y el fútbol.

"El autor utilizó la modificación del punto de vista como estrategia narrativa. Gran parte de sus trabajos están estructurados a partir de pares opuestos y complementarios y el efecto humorístico radica, justamente, en esa oscilación entre cómo se ve uno y cómo lo ven los demás", invitan los organizadores de la exposición.

Además de las arrugas, los ceños fruncidos y los excéntricos jopos que recubren a sus retratos, Calé logró algo más profundo, revelar "lo que ellos sienten y piensan, lo que hay detrás de esos rostros, sus agachadas y traspiés", describen los organizadores.

Sobre Miguel Calé, Juan Sasturain escribió: “…Fue un extraordinario dibujante y humorista recordado, sobre todo, por su creación mayor, Buenos Aires en camiseta, la página semanal de observaciones porteñas que publicó en la revista Rico Tipo durante algo más de una década, la del cincuenta. Tenía sólo treinta y seis años cuando murió. Una lástima, un desastre. Porque nunca sabremos qué hubiera podido hacer, pero sí sabemos la dimensión de lo que estaba haciendo cuando se le quebró la punta al lápiz.

Calé es uno más de los múltiples cultores de este tipo de humor costumbrista, característico de la época y del medio en el que publicaba. Se suelen subrayar –a veces críticamente– las limitaciones estructurales del costumbrismo, por excesivamente coyuntural y demasiado marcado por códigos y complicidades propias del sentido común de cierto tiempo y lugar. Y claro que es así.


Es impresionante que, con temas recurrentes alevosamente subrayados –el rioba, el fóbal, el tango, el café...– y con un estilo (sólo) en apariencia viejo y convencional, Calé haya construido un mundo tan rico, original y convincente. Haya encontrado –en síntesis y sin exageración– una mirada tan piadosamente perturbadora y universal de la condición humana.”