lunes, 14 de octubre de 2013

PARIS, UN CUARTO DE SIGLO DE DELIRIOS ARTÍSTICOS

La obra de talentos inadaptados y marginales cuya inspiración se desenvuelve al margen de galerías, instituciones y mercados, se reúne en una exposición en la Halle Saint-Pierre de París para celebrar el 25 aniversario de la revista "Raw Vision", publicación de referencia del llamado "arte bruto".
Ese término -sinónimo arte "outsider" o marginal- fue acuñado en 1945 por el artista francés Jean Dubuffet (1901-1985), que se interesaba en las creaciones crudas y expresivas de enfermos mentales, presos y niños.

La muestra "Raw Vision. 25 años de Arte Bruto", con 80 firmas y 400 obras expuestas hasta el 22 de agosto de 2014 a los pies de Montmartre, intenta resumir el amplio espectro de artistas que caben en ese gran cajón de sastre creativo.

El arte bruto o marginal agrupa el trabajo de visionarios autodidactas, artistas proletarios y talentos desplazados que se expresan al margen de la cultura oficial, una corriente que fue abriéndose camino hasta conquistar a un reducto de público y ganarse la atención de centros como el American Folk Art Museum de Nueva York o la Colección de Arte Bruto de Laussane.

En 1989, el artista John Maizels fundó en Londres la revista "Raw Vision", publicación que ha servido para aglomerar y descubrir a algunos de los artistas menos convencionales de finales del siglo XX e inicios del XXI y cuyo criterio explora la Halle Saint Pierre, que presume de ser el espacio cultural más desvergonzado de París.

El mexicano Martín Ramírez (Tepatitlán de Morelos, México, 1895-Auburn, EE.UU., 1963) es uno de los artistas más cotizados de quienes encajan en esa ambigua definición pues algunas referencias del arte marginal se han introducido en los circuitos al uso del arte contemporáneo, explica Maizels.

Ramírez emigró a Estados Unidos durante la Gran Depresión, trabajó como obrero construyendo líneas férreas, perdió su empleo y erró por las calles de California sumido en un creciente mutismo. Terminó internado en un manicomio, del que se escapaba habitualmente y al que luego regresaba.

Fue entre los muros de los centros médicos en los que pasó la mitad de su vida donde Tarmo Pasto, artista y profesor de psicología, descubrió su talento a partir de dibujos que elaboraba con miga de pan, zumos de fruta, saliva y lápices.

Hoy algunos de esos dibujos, relato de una vida marcada por la inmigración, la pobreza, la institucionalización y el arte, pueden encontrarse en museos y colecciones privadas de Philadelphia, Chicago, Atlanta, Berna, Nueva York y París.

Otro de los artistas destacados en la muestra parisina es el francés André Robillard (Orleans, 1931), el hijo de un guarda forestal que ingresó en un hospital psiquiátrico a los 19 años que comenzó a construir escopetas, cohetes y naves espaciales a partir de trozos de plástico, escobas y latas de conservas rescatadas de la basura.

Aunque no a todos los "outsiders" se les han diagnosticado problemas mentales, suelen compartir un carácter oscuro, en lo sociológico, una manifestación espontánea e inventiva, en lo estético, y una formación autodidacta, en lo académico.

En Estados Unidos, el término es más amplio que en Europa y se entrelaza con la cultura popular, el cómic, el folclore, el arte negro, la ciencia ficción o la psicodelia, con exponentes como Joe Coleman, Norbert Kox, William Thomas Thompson, Roy Ferdinand o Eugene Andolsek.

Entre los europeos destacan los dibujos abigarrados del suizo Adolf Wölfli, víctima de abusos sexuales y huérfano a los diez años, el erotismo pictórico de su compatriota Aloise Corbaz, diagnosticada con esquizofrenia, los dibujos visionarios del inglés Donald Pass o los mosaicos de escocés Scottie Wilson, expuesto en la Tate Modern de Londres y admirado por Pablo Picasso y André Breton.


A todos ellos se suman nombres como los de Mark Beyer, Pushpa Kumari, Ody Saban, Imppu Salminen, CJ Pyle, José Dos Santos, Pavel Leonov, Miroslav Tichy, Willem Van Genk, Richard Burnside o Nek Chand, talentos a los que Debuffet englobaba en los "irregulares del arte, porque no existe arte de locos como tal, al igual que no existe arte de quienes tienen problemas en las rodillas, decía.