domingo, 6 de octubre de 2013

PROFANACIONES DE PRIMERA Y DE TERCERA

Fueron dos sucesos casi simultáneos, la profanación en un templo histórico de Buenos Aires y otro de características parecidas en la ciudad de Rosario. Sin embargo, uno de ellos cobró mayor relevancia informativa por pertenecer a la Iglesia Católica y el otro quedó relegado por ser de una institución religiosa no oficial. En esta nota de opinión, el autor de pertenencia protestante, analiza esta discrimianción en el tratamiento informativo.
 Por Domingo Riorda

Así como hay ciudadanos de primera y segunda, ahora aparecen “profanaciones” de primera y de tercera. La distancia entre la importancia asignada a lo ocurrido en el  histórico templo de  San Ignacio, de la Iglesia Católica Romana, en la Ciudad de Buenos Aires, y lo del templo de la Iglesia Metodista, declarado patrimonio histórico, en la ciudad de Rosario, sustenta el acervo de profanaciones de primera y de tercera.

Existe un acumulamiento de conceptos y tradiciones que, automáticamente, establece discriminación entre lo que le acontece a distintos sectores de la ciudadanía. Unos merecen ser destacados, otros ninguneados.

Lo ocurrido en el templo de San Ignacio logró gran espacio en los medios y repudio diversos con más que apropiada  divulgación.

La información sobre lo acontecido en el templo Metodista hay que rastrearla en los medios locales de Rosario, páginas en internet, solidaridad de organizaciones mayormente religiosas y páginas protestantes del exterior.

En los medios nacionales –diarios, televisión, radios- una buena ubicación en Página 12 y otra en el interior de Clarín, sugestivamente positivo, colocada en la sección política, cuando pudo ser en la de policiales.

Si se examinan los hechos hay una gran diferencia entre lo de San Ignacio, con algunos destrozos menores y pintadas y un incendio total en el templo Metodista de Rosario Norte.

La comparación no intenta establecer la polémica catolicismo romano-protestantismo ni desmerecer lo acaecido en San Ignacio. Es solo el intento de visualizar cuales son los ingredientes culturales incorporados en el inconsciente colectivo que produce la diferencia, en este caso,  entre profanaciones de primer y tercer grado.

Un avance es perfilar las motivaciones. En San Ignacio el hecho es producido por un grupo de jóvenes desprendidos de los que ocupaban el Colegio Nacional, con leyendas anarquistas que no necesariamente apuntan a que sus ejecutores pertenecían a tal organización.

En el de los metodistas en Rosario quedo evidente su intencionalidad. Se trasladaron libros de la biblioteca del MEDH (Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos) para quemarlos en el altar. Así comenzó el incendio que arrasó la totalidad de  la propiedad.

La hipótesis de que detrás del incendio se encuentran las trayectorias del MEDH y de la Iglesia Metodista en la defensa de los Derechos Humanos, especialmente durante la Dictadura Cívico-Militar, es más que aceptable. El firmante de esta nota lo escribió en su artículo publicado por PE (SN 0250, del 130928) donde relaciona el incendiado Templo de Rosario con el recrudecimiento de ataques a los Defensores de DD.HH. patrocinados por algunos medios, caso La  Nación, y organizaciones defensoras de la Dictadura del  76.

La presunción de que es el objetivo principal se mantiene. Entra en la ridiculez algunas suposiciones de que se trata de un aspecto económico por parte de inmobiliarias que apetecen el edifico por su  ubicación comercial como la de referirla a asuntos del narcotráfico.  

A días de lo de Rosario la hipótesis se mantiene firme. Lo que se agrega es la factibilidad de ampliar el  análisis incorporando lo del acervo cultural. Las iglesias evangélicas, en sus líneas “evangelistas” y “protestantes”,  siguen siendo ciudadanas de segunda clase y las “profanaciones”  que sufren pasan  al tercer puesto.

El responsable de la Secretaria de Cultos de la Nación asistió a la misa de  desagravio  de San Ignacio. A la Iglesia Metodista le envió una carta de repudio por lo de Rosario pero no emitió ninguna palabra sobre lo que hará en ese caso, más allá de fórmulas generales sin practicidad.

De la información llegada hasta el momento no se tiene conocimiento de que autoridades oficiales provinciales y nacionales hayan dicho algo al respecto.

Salvo desconocimiento personal, tampoco se conoce declaración de autoridades de la Iglesia Católica Romana manifestando su repudio y/o solidaridad con lo de Rosario.

La motivación ideológica sobre el Templo Incendiado se mantiene. Es la hipótesis sustancial que, incluso, debe ser asociada otros hechos que aparecen como secundarios.

Esa afirmación  no desaloja la indagación sobre la otra, donde se percibe el fuerte  resurgir de la idea de que el catolicismo romano es fundante de la República y como consecuencia tiene el lugar privilegiado y las demás expresiones religiosas son ya de tercera.


(Fuente: Prensa Ecuménica) - Imagen: Alberto Gentilcore