martes, 1 de octubre de 2013

UN NUEVO SENTIMIENTO DE LA REALIDAD

Por Carlos A. Valle

En la escritura confluyen muchos ingredientes: el tiempo, la imaginación, la fatalidad, el sueño. No se puede ignorar ninguno de ellos porque conforman la expresión de la realidad.  “Cuando se llega al límite de una expresión… más allá empieza un territorio donde todo es posible y todo es incierto y al mismo tiempo tiene la tremenda fuerza de esas cosas que sin estar reveladas parecen estar haciendo gestos y signos para que vayamos a buscarlas…” afirma Julio Cortázar en una de sus clases-charla con estudiantes de la Universidad de Berkeley en 1980.


El texto que lo recuerda (Clases de literatura, Alfaguara, Buenos Aires, 2013)  transcribe literalmente el estilo coloquial. Sin recurrir a un texto escrito la precisión de su lenguaje oral pareciera desmentirlo. Cortázar ha decidido romper con la tradicional estructura de enseñanza académica, dejar lugar a la improvisación y al correr del pensamiento para volcar muchos años de experiencia de escritor, en un recorrido que marca épocas, estilos, visiones, éxitos y fracasos. Se recogen aquí algunos agudos y desafiantes acentos que él mismo devela de su  profusa y compleja obra.

Sus etapas de escritor están marcadas por su experiencia personal que, en buena medida, marca el tono de sus trabajos. “Final de juego” y “Bestiario” que algunos conocimos por curiosidad no bien aparecieron provocaron cierto asombro e inquietud sobre un escritor que agrietaba los moldes tradicionales y nos movía a explorar nuevos conocimientos.  “…la literatura no puede prescindir de la fantasía” (103), “…la realidad es múltiple e infinita” (134)

Reconoce que ha vivido una época, especialmente cuando decide radicarse en Francia, en que su literatura tenía una marca de introspección, sus personajes le abrían el espacio para “una auto indagación, lenta, difícil y muy primaria… como ser en el sentido filosófico, como destino, como camino dentro de un itinerario misterioso.” (20).  Quizás, una de las razones por la que entiende que “si a algo somos sensibles es a las intuiciones profundas, a las cosas irracionales”, (154) es esa sed inagotable del ser humano por conocerse y conocer.

La estructuras tradiciones religiosas no parecen proveerle ningún aliciente para acompañarlo en ese periplo que presenta la vida. Todo parece estar establecido y definido, pero es imprescindible abrir la puerta  porque “la fantasía, lo fantástico, lo imaginable que yo amo y con lo cual he tratado de hacer mi propia obra es todo lo que en el fondo sirve para proyectar con más claridad y con más fuerza la realidad que nos rodea.” (108)

Ha comenzado hablando de tres etapas en su carrera que ha denominado estética, metafísica e histórica. En todas ellas la fantasía y el realismo están presentes y entrelazados. “No es un escapismo, es una contribución a vivir más profundamente esta realidad…” (64)

Cortázar se propone en un momento hacer “una indagación más profunda del hombre como ser humano” (21) y es justamente con “Rayuela”, esa obra de construcción tan heterogénea y de caminos de lectura múltiple, donde encuentra el campo para la búsqueda y el cuestionamiento. Pero hay un paso que tenía que dar:”ver al prójimo no solo como el individuo o los individuos que uno conoce sino verlos como sociedades enteras, pueblos…” (22)

Morelli, el personaje de “Rayuela” es un escritor que hace planteos sobre problemas de la vida cotidiana, “de poner en tela de juicio el mundo que lo rodea” (216). Es como el alter ego de Cortázar, que reconoce que lo que escribe es “muy existencial, muy basado en mis visiones y vivencias personales” (216) No obstante este esfuerzo por abrirse a los demás, reconoce con total honestidad que “es un libro profundamente individualista y que lleva muy fácilmente al egoísmo” (228)

En esta compleja aventura por trasmitir esa experiencia, encuentra que una insalvable dificultad que debe enfrentar es la de su propia lengua. Porque es dependiente de la palabra, su principal herramienta de comunicación, el escritor sabe que está jugando con fuego. La palabra está cargada de historia, de cultura, de prejuicios y determinaciones. Esto es lo que le trae una “desconfianza intuitiva”. Por eso le hace decir a su personaje “el lenguaje está allí y es una gran maravilla y es lo que hace de nosotros seres humanos, pero ¡cuidado! antes de utilizarlo hay que tener en cuenta la posibilidad de que nos engañe” (218).

Maravilla y engaño dos realidades que rodean la comunicación humana y que hace que lo que se dice puede tener el brillo del falso oro. Cortázar recoge la experiencia de sus compromisos con los lugares de América Latina que estaban trabajando por un cambio radical en los agitados años del l960.  Allí su visión de escritor, que conoce los demonios del lenguaje, le lleva a recriminar a aquellos que ingenuamente van proclamando un mensaje utilizando los mismos lugares comunes, frases estereotipadas, que aparecen tanto en la izquierda como en la derecha. “Si uno se descuida, el lenguaje es una de las jaulas más terribles que nos están siempre esperando.” (221)

Después de la experiencia de “Rayuela” pasan más de diez años, en los que ve que se produce una transición “de un mundo estetizante y sobre todo a una toma de conciencia  que podemos llamar histórica y que significa descubrir que no estamos solos”. (235) Esta transición produce compromisos que se traducen en múltiples participaciones internacionales y muchos artículos de denuncia.

Va generando la idea de volcar todas esas vivencias en un libro que recoja toda su experiencia a la vez que pueda compartir las luchas de aquellos cuya voz estaba ignorada o mutilada. ¿Cómo hacerlo?

Entre la literatura y la política hay una distancia. La política no debe dominar a la literatura, pero la literatura no puede ignorar la realidad. El “Libro de Manuel”, fruto de esa experiencia, quiere compartir los esfuerzos por profundos cambios en la sociedad  y las esperanzas en el futuro “todo esto metido dentro de una acción dramática con bastante humor y bastante juego” (241).

Los buenos propósitos no siempre tienen los resultados esperados. Cortázar dice haber esperado la crítica tanto de la derecha como de la izquierda, y busca justificar esos reproches por “estar malgastando mis posibles calidades literarias metiendo la política dentro de un libro.” (242) Es cierto que el libro tuvo sus efectos valiosos pero no pareció acrecentar su imagen de escritor ni tampoco ensombrecerla.

Cortázar que había pasado por una etapa estética para estacionarse brevemente en una etapa metafísica,  se instala definitivamente en la etapa histórica. En todo su itinerario ha descubierto “que la realidad es múltiple e infinita” (134) y ha constatado que “somos sensibles a las intuiciones profundas, a las cosas irracionales” (154).”Las grandes pulsaciones de la sangre, de la carne y de la naturaleza pasan por encima y por debajo de la inteligencia y no hay ningún control lógico que pueda detenerlas.”


(PE)