lunes, 14 de octubre de 2013

UNA ARGENTINA, EN EL NOBEL DE LA PAZ

Es Alejandra Suárez, una bioquímica rosarina. Forma parte de la ONG que obtuvo la distinción: la Organización para la Prohibición de Armas Química (OPAQ). La científica se mostró "muy feliz" por el reconocimiento mundial del "exhaustivo esfuerzo" que hace la organización que ella integra.

"Esto es un sueño, ­estoy muy feliz por la organización, que tanto se lo merece. Es lo más grande que nos podía pasar", señaló emocionada Alejandra Suárez, investigadora del Conicet, docente de la Facultad de Ciencias Bioquímicas y Farmacéuticas de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y directora de la Escuela Universitaria de Química.

Además la profesional es la actual presidenta del Consejo Consultivo Científico de la organización ganadora del Nobel y asumió su tarea en 2009 mientras que este año fue elegida por otro período más, por lo que seguirá en funciones hasta 2016 y fue quien sucedió a otro rosarino en ese cargo, el profesor Rolando Spanesello.

Suárez llegó este viernes de Ginebra, donde estuvo reunida durante varios días con sus compañeros de la OPAQ y en diálogo con el diario La Capital de Rosario mostró su alegría por la distinción, a la que definió como "un regalo de la vida" que permitirá "hacer mucho más visible la tarea de la organización y generar más consciencia sobre el poder destructivo de las armas químicas".

También reconoció estar conmovida: "En estas jornadas de trabajo analizamos mucho todo lo que sucedió en Siria y lo que pasó en otros lugares del mundo y es tan desolador que cuesta asimilarlo; no sólo por los que han muerto sino por todos los heridos y los testigos de la masacre, gente que ha quedado afectada de por vida y que está tan indefensa".

"Creo que lo más positivo del Nobel de la Paz es que muestra que la química puede estar al servicio de la humanidad y que la educación es una herramienta fundamental para luchar contra los fines destructivos", destacó.

La OPAQ, integrada por expertos de todo el mundo, tiene como misión principal hacer cumplir la Convención sobre Armas Químicas (un tratado internacional conocido como OPCW por sus siglas en inglés) que busca la destrucción de estos arsenales que son una amenaza, pero sobre todo, una triste realidad.

La tarea silenciosa de la organización que se quedó con el Premio Nobel de la Paz y que lleva adelante desde hace 20 años, se hizo explícita en ese momento ya que los miembros de la OPAQ consiguieron que Siria se sume a la lista de 189 países que ya adhirieron a la convención para que estos atentados no se repitan.

En tanto, expertos miembros de la entidad ya destruyeron en Damasco (Siria) misiles, bombas y equipos para mezclar químicos mientras que el próximo lunes la adhesión formal de Siria a este programa por la paz será un hecho y con esa firma, llegará un nuevo logro para esta entidad.