martes, 29 de octubre de 2013

UNA HISTORIA UNIVERSAL DE LAS LIBRERÍAS

En su nuevo ensayo, Librerías, el escritor español Jorge Carrión hace un recorrido personal por las librerías del mundo para extraer el valor simbólico que estas han cultivado a través del tiempo y reflexiona, desde la literatura, sobre el carácter cambiante de estos espacios y su relación con la memoria y el olvido.
"Me interesa escribir sobre lo que me afecta directamente, como el viaje, la literatura, las series o las librerías", dice el autor del libro publicado por Anagrama y finalista del Premio de Ensayo organizado por la misma editorial.

Carrión ha escrito La brújula, GR-83, Australia. Un viaje, La piel de La Boca, Crónica de viajes, Norte es Sur. Crónicas americanas (en el género de literatura de viajes); la novela Los muertos y un ensayo vinculado a esta última ficción titulado  Teleshakespeare.

Este ensayo no se ajusta a una cronología determinada por la historia y propone una experiencia de lectura más personal, ¿cuál fue el punto de partida?

- Me fue imponiendo su propia lógica. Yo quería comenzar con literatura y acabar con literatura, y así encontré las historias de (Stefan) Zweig y de (David) Markson. Pero el arco temporal del libro, que va desde Grecia hasta el siglo XXI, me fue llevando de un tema a otro, de una digresión a otra, con la intención de contar una posible historia de las librerías, siempre anclada en el presente, y de dar una posible vuelta al mundo. El tiempo y el espacio. A partir de eso, cada capítulo tiene su propia estructura, como un libro de cuentos.

La idea de librería aparece como un espacio mucho más movedizo y cambiante que la idea de totalidad que parece tener la biblioteca, ¿cuál es la diferencia fundamental entre esos dos espacios conformados por libros?

- Supongo que la diferencia principal es que la biblioteca es monumental, pesada, y la librería es leve, portátil, ligera: perfecta para sintonizar con las características que Italo Calvino aplicó a la literatura de nuestro siglo.

El libro estudia la figura del librero como un receptor y transmisor de información contenida en una librería particular y también universal. ¿Qué te interesó de la figura del librero?

- C: Me interesó que era una figura no narrada, no reflexionada, no historiada. Tanto el espacio (la librería) como su gestor (el librero) han sido sistemáticamente ignorados por la historia cultural y por la historia de las ideas. Era, por tanto, un territorio perfecto para el escritor, que siempre está buscando ámbitos que sean vírgenes y que tengan, no obstante, una gran tradición.

Hay un punto interesante sobre la relación física que se establece con las librerías, como un estado mental y corporal que genera visitar ese espacio. ¿Por qué quisiste visitarlas?

- Fue totalmente irreflexivo. Soy un coleccionista de librerías. Me encantan. De esa pasión fue surgiendo la reflexión y el ensayo. Antes de una crónica siempre hay vida, siempre hay viaje. Y en mi caso, antes de un ensayo, también. Me interesa escribir sobre lo que me afecta directamente, como el viaje, la literatura, las series o las librerías.
Además, para llevar a cabo una cierta crítica espacial (arquitectónica, de interiorismo), es necesario pisar el lugar que analizas.

Un tema borgeano es la idea de la cultura como saturación, la sensación de que siempre falta algo por leer. ¿Es la librería algo que condensa esa totalidad imposible de abarcar?

- Tal vez esa totalidad se corresponda mejor con la biblioteca babilónica (o con su reverso, el libro de páginas incontables). La librería supone otro vértigo: el del cambio constante. El de la aceleración, el de la mutación. Siempre hay algo que permanece, pero es mucho más lo que cambia. Volver a una librería tres o cinco años más tarde es enfrentarte a las huellas físicas del paso del tiempo.

- En la experiencia del libro electrónico ¿qué se gana y qué se pierde? ¿Cómo imaginas a las librerías del futuro?

- Se gana la posibilidad de buscar palabras o pasajes a golpe de clic. La posibilidad de cargar lecturas sin pagar sobrepeso en el aeropuerto. La posibilidad de leer libros de todo el mundo. Y se pierde lo que todos sabemos: una relación táctil, física, con la lectura; una relación espacial con nuestra propia biblioteca.


Yo imagino la librería del futuro como un espacio de desconexión, como un espacio de lectura, con o sin cafeína. Como un lugar pequeño, con libros escogidos, sin el best-seller y el libro de texto y la guía de viaje que tienen más sentido en formato electrónico. La librería exquisita, donde el librero te dé conversación. Casi un lugar donde vincularte con estilos y costumbres de otro tiempo.