martes, 12 de noviembre de 2013

DAMIÁN RÍOS: “LOS ESCRITORES NO SE HACEN...”

En Entrerrianos, el poeta, narrador y editor Damián Ríos compone un mosaico de historias donde los protagonistas, habitantes de un pueblo del interior del país, toman y dejan la palabra hasta que uno de ellos toma el camino hacia la capital, con la alegría y la decepción que eso puede suponer.


El libro -publicado por la casa Mansalva- es un precioso bricoleur de estampas de niñez y pubertad en un ambiente siempre amenazado por las crecientes, las tormentas y las pérdidas.

Nacido en Concepción del Uruguay en 1969, se instaló en Buenos Aires en 1991. Publicó, entre otros libros, La pasión del novelista, De costado, El perro del poema y Como un zumbido.

¿Cómo ves el panorama de la poesía actual, si tomamos en cuenta esa idea de la serie generacional como un reglamento falso o por lo menos arbitrario?
- No lo veo al panorama, al menos no completamente. Hay autores que me interesan desde hace mucho y otros que se van sumando a los que me interesan, de distintas edades y generaciones. Puedo arriesgar hipótesis varias, pero mejor no. La poesía actual no existe, la poesía no tiene actualidad. Anoche leí un poema de (Daniel) Durand de hace unos veinte años; antenoche un poema de Ricardo Zelarayán de hace unos cuarenta años; en los dos casos me parecieron frescos, como escritos hace un rato. Lo mismo me pasó con un poema de Luciana Caamaño. Entonces lo que creo es que me importan son las tradiciones antes que las generaciones. Pensar la literatura atendiendo a las tradiciones me parece más rico que pensarla en relaciones a fechas de nacimiento o géneros literarios. En ese marco, me interesan, de los escritores más jóvenes, Daiana Henderson, Manuel Podestá, Julián Bejarano, Inés Acevedo, Diego Meret, Mario Castells, Ezequiel Nacusse, Antolín. Son todos autores que me hubiese gustado editar, pero todo no se puede. Como tengo la posibilidad de participar de un proyecto editorial, nombro algunos de los que sí pude editar: Violeta Kesselman, Emilio Jurado Naón, Adela Pantín, Majo Moirón. Son todos jóvenes, lo que en sí no significa nada; pueden empeorar o mejorar con el tiempo. Todos se inscriben en distintas tradiciones que sigo con atención. Entiendo por tradición un modo de entender la literatura o una temperatura de la lengua.

En ese contexto, Entrerrianos, ¿qué cosa preferís que sea, un relato iniciático, un viaje en el tiempo, un cruce entre autoficción y especulación teórica, nada de eso?
-Ese libro fue un par de libros antes de ser Entrerrianos. En realidad son textos que se arremolinan sobre algunas preguntas que me interpelaban. ¿Qué escribir? ¿Cómo escribir? ¿Porqué no escribir a partir de la experiencia? ¿Cómo contar una historia? Algunas de esas preguntas tenían un sentido hace veinte años cuando me pareció que debería dedicarme a escribir, al menos lo tenían para mí, que cuando te ponés a escribir es lo único que importa. Entonces empecé a componer pequeñas escenas, relatos, que también funcionaron como poemas. Hice un par de libros con eso y después salió Entrerrianos, que le debe mucho al amoroso trabajo de Francisco Garamona, el editor. Recuerdo perfectamente el estado de ánimo que tenía cuando componía cada párrafo. Ahora ese trabajo se parece a una novela, más bien es un modo de novelar que encontré o que inventé. Es más de lo que pude en términos de escritura, me refiero a que me llevó un esfuerzo y un aprendizaje. Ahora estoy aprendiendo otras cosas, experimentando.

¿Creés que la literatura argentina está dominada por 3 o 4 nombres señeros y el resto son epígonos o que hay una riqueza múltiple, que hay una cantera enorme de dónde nutrirse?
-Debe haber epígonos, pero no los leo. En todo caso creo que son más de 4 y que fundamentalmente son muchos textos y tradiciones. En José Villa leo a Juan Ortiz, en Mattoni puedo leer a Aira, lo mismo que en Katchadjian, y en Aira a Borges y a toda la vanguardia del siglo XX y también a Mansilla. Leo con ojo de entomólogo, siempre me sorprende alguien, o algo que había leído mal. Dudo si hay tal cosa como literatura argentina, creo que en tal caso se está haciendo. En todo caso leo a la literatura argentina más como una o varias promesas; por ellas sigo leyendo.

¿Cómo se hace un escritor?
- Los escritores vienen hechos, felizmente. A veces te topás con un texto cuyo autor podría tener un destino como escritor. En ese caso lo único que hay que hacer es prestarle el oído. Pero pienso que los autores se hacen solos, por eso son autores. Son inventos de sí mismos, tiempo desperdiciado en aprender a poner dos palabras consecutivas que suenen bien. Un escritor es tiempo desperdiciado, es un ser humano entrenado para decir bien las cosas, para decirlas de nuevo. Puede haber escritores en los talleres literarios y en las redacciones y entre los militantes y entre los apolíticos. Hay, debe haber, escritores en verdulerías, en frigoríficos, en farmacias y en carreras de Letras. En esos se ambientes se hacen escritores con lo que tienen a mano y con lo que inventan para hacerse solos.

En algún momento del libro, decís que entre el escritor y el editor, en tu caso al menos, casi no hay diferencia. ¿Cómo es tu experiencia como editor? ¿Qué es Blatt & Ríos?
- Me puedo arrepentir de eso que dije o puedo empeorarla. Tomo las dos cosas con una misma pasión, en eso no hay diferencia. Y trato de que lo que edito y lo que escribo suene bien, en eso tampoco hay diferencia. Blatt & Ríos lleva tres años y veintidós títulos, muy buscados y muy elegidos y discutidos con Mariano Blatt, que es mi socio. La editorial es hija de Recursos editoriales, empresa que fundamos con Mariano Blatt y en la que nos dedicamos a proveer de contenidos a la industria editorial local. La editorial nació porque nos llegaban libros que pedían nuestra sensibilidad para editarlos. Probamos mucho, leemos mucho. Vamos a ferias, armamos ferias. Editamos en ebook y en papel, le damos mucha importancia a los dos formatos. Pensamos mucho cada decisión, pero cuando la tomamos tratamos de ser rápidos. Editamos para el presente.   


(Fuente: ANT)