viernes, 15 de noviembre de 2013

PACO, ESE AMIGO DEL ALMA

En relación a la Ley que propicia denominar al Centro Cultural Provincial, reproducimos la evocación que hizo Horacio Verbitsky sobre Francisco Paco Urondo, en la semana en la que Santa Fe lo recordó a 29 años de su muerte.
Periodista, militante social y santafesino, no encontró diferencias entre la poesía y la política decía: "Los compromisos con las palabras llevan o son las mismas cosas que los compromisos con las gentes, depende de la sinceridad con que se encarecen tanto una actividad como la otra", dijo alguna vez. Y tanto creía en ello, que no dudó en entregar su vida a la militancia en Montoneros en los años ‘70. Y por eso, el 17 de junio de 1976, acechado por fuerzas militares fue asesinado.

Horacio Verbitsky compartió con Urondo algo más que una redacción. Fueron amigos durante varios años y el recuerdo de Paco se mantiene vivo en su memoria, tal como lo evocara, con cariño y emoción el pasado lunes cuando se inaugurara en Santa Fe una semana de homenaje/reivindicación a un poeta que fue, desde su muerte, condenado a la cruel oscuridad del olvido.

"El recuerdo de Paco para mí está asociado, por un lado por una serie de historias personales que hemos vivido juntos; y por otro, con una época de nuestro país", rememora Verbitsky, y continúa: "La primera vez que yo lo vi debe haber sido en 1960 o 1961, cuando asistí a una lectura de poemas suya. En esa época, Paco y Juan Gelman leían poemas en lugares pequeños en una época en la que todo el mundo fumaba en lugares cerrados e intoxicaba a todos los demás. Estaban los dos sentados en una mesa y leían primero un poema uno y luego un poema el otro, y nosotros escuchábamos. Eran maravillosos porque hablaban de los temas de la vida cotidiana con un tono coloquial, que no era lo que uno estaba acostumbrado a lo que era la poesía y era muy fuerte porque constituía un cambio, implicaba sentir que eso era poesía y al mismo tiempo estaba hablando de vivencias de la vida cotidiana. Pero además, planteaban los temas de la lucha política, del poder, de la revolución. Tanto Paco como Juan le escribían a la revolución, la interpelaban con su poesía, aunque tenían historias políticas distintas".

Verbitsky también recuerda entre risas que "la década del ‘60 era una época de la libertad de costumbres; y Paco vivía en una vieja casona que seguramente le recordaba las casas de Santa Fe porque era una construcción de un estilo italiano, aunque en realidad prefería llamarse francés porque quedaba mejor. La casa era muy grande, estaba siempre llena de gente, de amigos, había reuniones continuamente y se conversaba de todo, se escuchaba música, se discutía en voz alta de temas relacionados con la literatura y con el arte y con la política; pero también esa casa servía para hacer y deshacer parejas, porque era refugio de recién separados, un lugar de protección de parejas políticamente incorrectas pero que igual se formaban; y había unos chiquilines que andaban escuchando y mirando todo y abriendo mucho los ojos, que jugaban mientras nosotros hacíamos la sobremesa con ‘la máquina de decir pavadas’, que era como Paco llamaba a la botella de vino. Ellos escuchaban y absorbían las frustraciones de los padres por una época en la que se cerraban los caminos y se abrían otros, pero había proyectos, esperanzas y mucha voluntad de que las cosas cambiaran".

Pero la marca imborrable que Verbitsky lleva de Francisco Urondo es ese apodo que lo acompaña desde la primera vez que trabajaron juntos en una redacción. "Jacobo Timerman había organizado un diario en Mendoza para un empresario inmobiliario muy importante y yo monté la corresponsalía en Buenos Aires. Ahí trabajaba Paco. Esa fue la primera vez que trabajamos juntos en una redacción, y él me bautizo con el apodo de Perro. Cuando me preguntan por qué, yo respondo que por el buen carácter, pero no se si fue por eso. La verdad es que Paco era muy bautizador. Se divertía mucho y divertía mucho a los demás, porque cuando uno piensa en su vida, en cómo lo mataron, da una imagen muy solemne, como de libro escolar, pero él no era así. Al contrario, era un tipo muy serio en todas las cosas que hacía, pero muy gozador de todo. Siempre cerraba los ojitos chiquitos, miraba todo irónicamente, observaba, catalogaba, y a través de esos ojitos entrecerrados veía todo lo que pasaba alrededor".

Luego de ello, volvieron a encontrarse en la redacción del diario La Opinión, "que era como un Arca de Noé, había dos animales de cada especie política de la época. Todos sabíamos que el otro andaba en algo pero nadie sabía en qué, porque el secreto se mantenía mucho. Pero había gente que participaba de distintas organizaciones que se lanzaron a hacer esa revolución que Paco y Juan habían escrito en sus poemas; y esos fueron varios años en los que yo no supe qué estaba haciendo Paco aunque lo imaginaba", recuerda. Hasta que en los primeros días de 1973, cae detenido junto con un grupo de gente entre la que estaba su mujer de ese momento, Lili Mazzaferro, y su hija Claudia. Urondo estuvo preso varios meses en la cárcel de Devoto. "Él decía que era un preso señorito porque estaba en condición de detenido, pero mantenía su ironía, su prestancia, su postura. Y ahí estuvo toda una noche encerrado en una habitación con los tres sobrevivientes de la Masacre de Trelew grabando las entrevistas que después fueron su libro La patria fusilada", narra Verbitsky.

Fuente: www.analisisdigital.com.ar