miércoles, 4 de diciembre de 2013

ENTREVISTA A LA DIRECTORA DE LA REVISTA BARCELONA

Ingrid Beck, la directora de la revista Barcelona hace un análisis de los medios y también cuenta su militancia, que comenzó en la secundaria. Asegura, además, que la desaparición de Jorge Julio López es "la principal deuda de la democracia" y que "la reparación de la memoria es algo invaluable".


Por Ramiro Barreiro

Hace algunas semanas, Ingrid Beck tuvo que defender a la publicación que dirige, la revista Barcelona, en el estrado del Juzgado Civil 108, a cargo de Susana Novile. La demanda la inició la esposa del Mayor (RE) Pedro Rafael Mercado, Cecilia Pando, por una tapa del año 2010 en la que se muestra una foto de su rostro montado al fino cuerpo de una modelo desconocida. Pando, que presentó como testigo a la esposa del represor condenado a prisión perpetua Carlos Plá, aduce entre otras cosas que la imagen le produjo un "daño moral" y que no reacciona por la crítica a sus ideas políticas sino por la "vergüenza pública al difundir una imagen de mi rostro con el cuerpo desnudo de otra mujer, como si fuera yo misma". Fuera del recinto, el colectivo de La Garganta Poderosa y lectores de Barcelona cantaron: "Que no se ofendan en Marcos Paz, pornografía es defender a Etchecolatz." Lo que está en juego es la libertad de expresión.

–¿Cómo viviste esos 30 años de democracia y cómo crees que los vivió el país?
–Tengo 44 años, así que viví en forma muy intensa los 30 años de democracia. En el '83 estaba en segundo año de mi escuela, el Normal 6, y durante Malvinas cursé el primer año. En mi colegio no había movida pero mis viejos eran alfonsinistas, gorilas ambos. A partir de tercer año, en el '84, empecé a militar en la Franja Morada. Me fui en el '87 con Angeloz. No me dio para tanto. La política estuvo siempre presente. Hay una militancia en mi vida que empezó en la democracia y que puedo decir que continué en la revista Barcelona, donde hay mucha bajada de línea, decimos lo que pensamos y militamos por un tipo de periodismo.

–¿Recordás resabios de la dictadura en tu secundaria?
–Peleábamos contra todos los resabios. Cuando entré a la secundaria pasaron 2 o 3 años para que se deje de dar Formación moral y cívica y para que se levanten los libros que satanizaban el comunismo, porque hoy parece un mito, pero esos libros existieron. Había que llevar el pelo atado, no tener el guardapolvo corto y usar la pechera blanca. Una de las cosas que pasaban es que la directora de la escuela era claramente una dictadora y no nos dejaba ir a Feliz Domingo, por ejemplo. Cuando llegué a quinto había cambiado la directora y pude ir.

–¿Qué sentís cuando la gente enseguida compara la época actual con la dictadura?
–Fachos hubo siempre y no creo que tenga que ver con este momento histórico en particular. La diferencia tiene que ver con el papel que juegan los medios y el bombardeo sobre las cuestiones de inseguridad que seguro existen, porque hay más miserias y violencia. Pero la idea de vincular eso con la dictadura es una locura.

–Ustedes continuaron con Barcelona algo que había empezado Héctor Ricardo García: el cuestionamiento periodístico-comercial hacia el Grupo Clarín, ¿Acordás con él de que existe el "Partido Periodista"?

–No lo creo. El periodismo es un oficio que está muy devaluado y creo que hay algunas defensas corporativas por parte de los periodistas, pero no lo vinculo a lo que sería "el partido", más bien, hay mucha diversidad. Otra cosa que no me gusta y está pasando es el periodismo buchón que te dice: sos de tal palo porque trabajas en un medio determinado, ya sea "kirchnerista" o de "la corpo". Estaría bueno pensar que hay muchos laburantes, que muchos lo hacen muy bien y que uno trabaja donde consigue hacerlo. Es una profesión que está absolutamente precarizada y no es tan fácil laburar de esto.

–Sin embargo hay muchos que no se consideran trabajadores de prensa…
–A esos no los llamo periodistas sino operadores, opinólogos, sicarios o mercenarios a sueldo.

–¿Qué creés que le deja Barcelona al periodismo?
–No sé si estamos dejando algo. Lo que a mí me atrae de Barcelona es la forma de trabajo y transmitir que se puede hacer un medio horizontal a la hora de pensar, más no a la hora de hacer porque tiene que haber jerarquías operativas. También comprueba que se puede hacer una revista independiente, con un compromiso político pero no partidario ni empresarial, que no va a ser un éxito económico pero puede ser un éxito editorial y creo que Barcelona fue vanguardia en revelar la trama Clarín, no por algo arbitrario sino porque hace una década se trataba del diario más vendido de la Argentina, el que marcaba agenda en todos los aspectos públicos y privados y esta idea de presentarse como periodismo independiente, objetivo y neutral nos resultaba indignante. Entonces, arrancamos deformando esa trama que después con la Ley de Servicios Audiovisuales se hizo (de alguna manera) popular y estalló en el mundo periodístico. Eso fue positivo aunque después tuvo los efectos colaterales, como esa suerte de macartismo que hablamos antes, y que no son peleas ideológicas sino más bien miserables.

–Los medios audiovisuales se siguen nutriendo, en mayor medida, de los medios gráficos para sus producciones, ¿creés necesaria una ley para los medios gráficos?
–Sí. De hecho hay un proyecto en el Congreso presentado por el diputado Jorge Rivas (NdeR: Ley de Fomento a la Producción Autogestiva de Comunicación Social por Medios Gráficos y de Internet). Tiene que ver con reclamarle protección al Estado para los medios autogestivos y culturales. Pedimos igualdad de oportunidades y no que nos subsidien, porque no hay forma de garantizar la pluralidad de voces en el puesto de diarios y revistas si el mercado está copado por los grandes medios y empresas. Así estamos siendo expulsados de los kioscos poco a poco.

–¿De qué forma?
–Nosotros pagamos el papel no sé cuántas veces más que Clarín que detenta poder en Papel Prensa; le dejamos al circuito de distribución mucho más de lo que les dejan los diarios; nos cobran por las devoluciones y a los grandes medios no. En todo estamos en desigualdad. Queremos por lo menos partir de los mismos lugares. Los medios gráficos son importantes para todos. Sin ir más lejos, la última campaña de Clarín que recuerdo para oponerse a la Ley de Medios audiovisuales hablaba del diario. Decía "vas a dejar de leer Clarín". El diario no es el negocio pero es la nave madre.

-¿Cómo fue la relación con el kirchnerismo en esta década?
-La relación fue tirante. Si vos lees los 10 años del Barcelona vas a ver que cuando el kirchnerismo era cercano a Clarín, estábamos mucho mas enfrentados que después. Pero el segundo momento no tiene que ver con adhesiones partidarias sino con tener enemigos comunes.

-Son una de las pocas publicaciones que mantienen vivo el recuerdo de Julio López y Luciano Arruga, ¿Esa es la principal deuda de este proceso?
–Creo que es la principal deuda de la democracia. La violencia institucional es una deuda de la democracia en general, aunque habría que determinar primero si existe democracia sin violencia institucional. Hay casos de gatillo fácil, tenés narcotráfico con implicancia de las fuerzas de seguridad y eso es violencia institucional. Hace 30 años no se discutían las cosas que hoy suceden y eso está bueno. Hay que seguir discutiendo la dictadura y juzgando a los genocidas. Eso es enorme. La reparación de la memoria es algo invaluable más allá del signo político. No creo que sea un logro del kirchnerismo sino que se dio con la consolidación de la democracia porque si estos tipos no iban en cana, estábamos en problemas.

–¿De qué forma cambió la figura de la mujer en estos 30 años?

–No sé si fue cambiando la figura de la mujer. Hace unos días veía a Van Der Kooy y Blanck que juntaron a Chiche Duhalde con Graciela Fernández Meijide y me pregunté si cambiamos en algo (risas). Tenemos una presidenta y eso no puede ser malo desde el punto de vista de la igualdad de oportunidades pero creo que falta un montón y hasta que no se legalice el aborto no va a haber igualdad de oportunidades para las mujeres ¡Ahí tenés! Esa si es una deuda de la democracia con las mujeres argentinas.