Ahora que todos veneran a Nelson Mandela y no escatiman
elogio sobre su personalidad, es preciso recordar que durante décadas los
gobiernos occidentales legitimaron el régimen segregacionista del apartheid y
abominaron a Mandela y al Congreso Nacional Africano a los que consideraban
terroristas.
Escribe Walter Goobar
El apartheid, elaborado en 1948 tras la victoria del Partido
Nacional Purificado, instauraba la doctrina de la superioridad de la raza
blanca y dividía a la población sudafricana en cuatro grupos distintos: los
blancos (20%), los indios (3%), los mestizos (10%) y los negros (67 por
ciento). Este sistema segregacionista discriminaba a los 4/5 de la población
del país.
A partir de ese modelo, se crearon "bantustanes",
reservas territoriales destinadas a la gente de color, para hacinar a las
poblaciones no blancas. Así, el 80% de la población tenía que vivir en el 13%
del territorio nacional, muchas veces desprovisto de recursos naturales o de sector
industrial, en la mayor indigencia. Todo este sistema contaba con la
complacencia de las potencias coloniales que sacaban suculentas tajadas del
modelo racista.
Ahora que se pretende pintar a Nelson Mandela como un león
hervíboro vale la pena recordar –a modo de fogonazos–, su derrotero político:
en 1944, Mandela se adhirió a la Liga de Juventud que era el ala más radical
del Congreso Nacional Africano (CNA). En 1951, Mandela se convirtió en el
primer abogado negro de Johannesburgo y tomó la dirección del CNA de la
provincia del Transvaal un año después.
A la cabeza del CNA, lanzó una campaña de desafío contra el
régimen racista del apartheid y utilizó la desobediencia civil contra las leyes
segregacionistas. Durante la manifestación del 6 de abril de 1952, fecha del
tercer centenario de la colonización de Sudáfrica por los blancos, Mandela fue
arrestado y condenado a un año de prisión. Desde su arresto domiciliario de
Johannesburgo, creó células clandestinas del CNA.
Para dar la batalla contra el apartheid, Mandela propició la
alianza entre el CNA y el Partido Comunista Sudafricano. Según él, "el CNA
no es un partido comunista sino un amplio movimiento de liberación que entre
sus miembros incluye a comunistas y a otros que no lo son. Cualquier persona
que sea miembro leal del CNA, y que acepte la disciplina y los principios de la
organización, tiene el derecho de pertenecer a sus filas. Nuestra relación con
el Partido Comunista Sudafricano como organización se basa en el respeto mutuo.
Nos unimos con el Partido Comunista Sudafricano en torno a aquellos objetivos
que nos son comunes, pero respetamos la independencia de cada uno y su
identidad individual."
En marzo de 1960, tras la masacre de Sharpeville perpetrada
por la policía, que costó la vida a 69 personas, el régimen del apartheid
prohibió el CNA. Mandela fundó entonces el Umkhonto we Sizwe (MK) y preconizó
la lucha armada contra el régimen racista sudafricano. Antes de optar por la
doctrina de la violencia legítima y necesaria, Mandela se inspiró de la filosofía
de la no violencia de Gandhi: "Aunque nos alzamos en armas, no era nuestra
opción preferida. Fue el régimen del apartheid el que nos obligó a tomar las
armas. Nuestra opción preferida siempre ha sido la de encontrar una solución
pacífica al conflicto del apartheid."
Mandela estudió minuciosamente los escritos de Mao y del Che
Guevara. Se convirtió en un gran admirador del guerrillero cubano-argentino.
Tras su liberación, declarará: las "hazañas revolucionarias del Che
–incluso en nuestro continente– fueron de tal magnitud que ningún encargado de
censura en la prisión nos las pudo ocultar. La vida del Che es una inspiración
para todo ser humano que ame la libertad. Siempre honraremos su memoria."
El MK multiplicó entonces los actos de sabotaje contra los símbolos
y las instituciones del apartheid, preservando al mismo tiempo las vidas
humanas, lanzó con éxito una huelga general y preparó el terreno de la lucha
armada con un entrenamiento militar de sus miembros.
Durante su estancia en Argelia en 1962 tras la invitación
del presidente Ahmed Ben Bella, Mandela aprovechó la oportunidad para
perfeccionar sus conocimientos sobre la guerra de guerrillas. Argel puso a
disposición del CNA campos de entrenamiento y apoyó financieramente a los
resistentes antiapartheid. Mandela recibió allí una formación militar. Se
inspiró profundamente en la guerra de Liberación Nacional del pueblo argelino
contra el colonialismo francés.
"Es Argelia la que hizo de mí un hombre. ¡Soy argelino,
soy árabe, soy musulmán! Cuando regresé a mi país para enfrentarme al
apartheid, me sentí más fuerte", dijo en su primer viaje a ese país
después de 27 años en prisión.
El 5 de agosto de 1962, tras 17 meses de vida clandestina,
Mandela fue arrestado y encarcelado en Johannesburgo, gracias a la colaboración
de los servicios secretos de Estados Unidos con el régimen de Pretoria. La CIA
dio a las fuerzas represivas del apartheid la información necesaria para la
captura del líder de la resistencia sudafricana.
En julio de 1963, el régimen procedió al arresto de 11
dirigentes del CNA en Rivonia, cerca de Johannesburgo, sede de la dirección del
MK. Todos fueron acusados de traición, sabotaje, conspiración con el Partido
Comunista y complot destinado a derrocar al gobierno. Mientras estaba en
prisión, Mandela fue acusado de los mismos cargos.
Recién en agosto de 1963, el Consejo de Seguridad de las
Naciones Unidas condenó el régimen del apartheid y llamó a las naciones del
mundo a suspender sus suministros de armas a Sudáfrica. Las potencias
occidentales como Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia, lejos de respetar la
Resolución del Consejo de Seguridad, apoyaron al régimen racista sudafricano y
multiplicaron los suministros de armas. Desde De Gaulle hasta el gobierno de
Giscard, Francia fue un fiel aliado del poder racista de Pretoria.
El 9 de octubre de 1963 empezó el famoso juicio de Rivonia
ante la Corte Suprema de Pretoria. El 20 de abril de 1964, frente al juez
afrikáner Quartus de Wet, Mandela narró su vida y subrayó que frente al fracaso
de la desobediencia civil como método de combate para conseguir la libertad, la
igualdad y la justicia, frente a las masacres de Sharpeville y a la prohibición
de su organización, el CNA no tuvo más remedio que recurrir a la lucha armada
para resistir a la opresión.
París nunca dejó de suministrar material militar a Pretoria,
incluso proveyó a Sudáfrica su primera central nuclear en 1976. Bajo los
gobiernos de De Gaulle y de Pompidou, Sudáfrica era el tercer cliente de
Francia en materia de armamento.
En 1985, Pieter Willen Botha, presidente de facto de la
nación, propuso liberar a Mandela si se comprometía a cambio a renunciar a la
lucha armada. El líder de la lucha antiapartheid rechazó la propuesta y exigió
la democracia para todos: "un hombre, un voto".
Frente al recrudecimiento de las operaciones de guerrilla
del MK, el régimen segregacionista creó escuadrones de la muerte con el fin de
eliminar a los militantes del CNA en Sudáfrica y en el extranjero. El caso más
famoso es el de Dulcie September, asesinada en París el 29 de marzo de 1988.
El 2 de febrero de 1990, el régimen sudafricano se vio
obligado a legalizar el CNA y aceptar negociaciones. El 11 de febrero de 1990,
Nelson Mandela finalmente fue libre tras 27 años de cárcel.
Si Estados Unidos venera hoy día a Nelson Mandela, de
Clinton a Bush pasando por Obama, conviene recordar que mantuvo al Nobel de la
Paz en la lista de miembros de organizaciones terroristas hasta el 1º de enero
de 2008.
(Fuente: Tiempo Argentino)