jueves, 20 de febrero de 2014

ACIERTOS, PELIGROS Y DESAFÍOS DEL ESCRITOR LATINOAMERICANO

En al Feria del Libro de Cuba se realizó un panel sobre la existencia de una bien llamada literatura latinoamericana a la altura del siglo XXI, reproducimos un artículo del Granma que resume ese encuentro.



El panel celebrado en la sala Nicolás Guillén de la Cabaña, fue moderado por la escritora Susana Haug y el participaron los narradores Alejandro Zambra, de Chile; Santiago Gamboa, de Colombia; Diego Lombardi, de Argentina; y Ezio Neyra, de Perú.

La provechosa jornada en la que el público escuchó —y opinó— de aciertos, peligros y desafíos en torno a la literatura contemporánea de la región, fue propicia para poner sobre el tapete criterios no siempre coincidentes pero sí exhaustivamente argumentados.

Mientras Lombardi aseguró no encontrar una coordenada común entre las letras latinoamericanas, Zambra defendió que aunque en su opinión todas las literaturas son nacionales, sí existen vasos comunicantes que no halla, por ejemplo, con la de España. No se trata, explicó, de coincidencias temáticas ni estilísticas necesariamente, ni de que exista un manifiesto diciéndole a nadie lo que tiene que escribir, sino que los escritores están escribiendo lo que quieren y necesitan expresar.

"Sobre este tema tan interesante que tiene muchísimas formas de entrar en él, no hay una verdad definitiva, ni siquiera parcial", aseguró Gamboa. "El contenido de esta discusión está en los libros, cada uno de nosotros los percibe de una manera diferente."

También el disertante defendió la máxima de que cada libro tiene una pertinencia muy especial y valoró que llamar latinoamericana a esta literatura y concebirla como una unidad es una metodología que se hace para poder entender de qué estamos hablando pero no se le puede dar un sentido final porque no es correcto ni acertado.

Para Neyra no es feliz el término: "No creo que se pueda hablar de una literatura latinoamericana; si así fuera definirla es complicado. Sí se puede hablar de esos vasos comunicantes que ya se han mencionado, que podrían ser tonos temas y estilos, aunque tampoco se puede generalizar.

Para abundar confluencias más precisas mencionó Neyra que se evita el narrador omnisciente, no se escriben novelas totales, el autor se apoya en la experiencia personal, se tiende a la estandarización del lenguaje, esto último tal vez para responder al mercado editorial internacional. También se refirió al empleo de un español neutro —aunque no es en todo los casos—, y la brevedad de la novela, que no pasa de 300 páginas.

Para Neyra la llamada novela latinoamericana sufre dos amenazas, que ve relacionadas con el mercado del libro. La primera está en el deseo de las editoriales, medios de prensa y agentes literarios de encontrar un nuevo boom latinoamericano y con ello un nuevo boom de venta; y el otro es lo que los lectores de otros idiomas esperan de esa literatura.

De los peligros que representa el mercado en esos países, que está haciendo esfuerzos por mantener el negocio, en medio de una realidad donde el libro literario —a diferencia de otros de entretenimiento— está desapareciendo, habló Zamba. También se refirió a la crítica "creo que está en un momento muy débil, no se miran los argumentos, no van al libro, no hacen lecturas que crucen o pongan a dialogar los textos".


Para estos jóvenes escritores los desafíos de su oficio se resumen en hacer un buen libro, hacer de la escritura un acto de justicia y remecer a los demás, o lo que es lo mismo, conseguir cambiar las cosas.

Madeleine Sautié Rodríguez - Diario Granma