miércoles, 19 de febrero de 2014

PATERNIDAD LÍQUIDA

Por Iván Pablo Orbuch *

La nueva tira que ocupa el horario central en la pantalla de Telefe desde los primeros días del año 2014, Señores Papis,  se encarga de introducir de manera novedosa determinados tópicos que aún no habían llegado a la televisión. 
La misma puede pensarse como tributaria de los vertiginosos cambios sociales y culturales vividos en los últimos años en nuestro país y en el mundo. En efecto, el programa, interpretado por Joaquín Furriel, presenta a un exitoso abogado de una empresa, soltero y sin compromisos a la vista, quien ve alterada de manera abrupta su cotidianidad cuando aparece en su vida un niño que podría ser su hijo y se ve obligado a hacerse cargo de él. Luciano Castro, dueño de una pizzería, casado con su novia de la juventud (Gloria Carrá), con quien tiene tres hijos y se encuentra atravesando una grave crisis de pareja. Peto Menahem, quien representa un padre muy presente, y en su casa los roles tradicionales se encuentran invertidos, dado que él realiza los quehaceres domésticos y la mujer (Laura Novoa) tiene el papel de proveedora, y Luciano Cáceres, que es un viudo reciente y la culpa respecto del accidente trágico de su esposa lo lleva a ser un padre sobreprotector, imposibilitado de poner algún tipo de límites así como de generar una nueva relación, como hábilmente le reclama su socio homosexual encarnado por Diego Gentili. Todo lo anterior pone en el tapete cuestiones como la paternidad, la socialización, la educación, la sexualidad y el lugar de las nuevas tecnologías en la vida cotidiana. Si bien lo hace desde una perspectiva de clase media, esto no debe llamarnos al asombro dado que en nuestro país, dichos sectores son aquellos que llevan adelante lo que podríamos denominar, en términos gramscianos, la hegemonía cultural. Son los sectores medios, aun en lo ambiguo y amplio, del término, los únicos capaces de imponer su voluntad en el conjunto de la estructura social a partir de la aceptación y propagación de sus concepciones, valores y creencias.

Una cuestión que viene desde los ’90 y en la ciudad de Buenos Aires no ha podido revertirse, tiene que ver con el sostenido aumento de la escolarización privada, en particular en los sectores medios. Este tema encuentra relación en un entramado de motivaciones, entre las cuales la educación aparece como la indicada para dar respuesta a ciertas aspiraciones sociales; el crecimiento económico, la mejora del empleo y la distribución más progresiva de los ingresos de los últimos años son su más acertada explicación. Gran parte de la ficción tiene lugar en un jardín de infantes privado, ámbito destinatario, ya en el terreno de la realidad, de las mayores preocupaciones del gobierno de la ciudad de Buenos Aires, como pudo apreciarse con la rápida resolución del conflicto del colegio Guido Spano, en detrimento de la angustiante espera de más de 17 mil chicos que aún no tienen vacantes en la escuela pública. El jardín aparece como un ámbito privilegiado de socialización entre los padres, y es el lugar donde se generan vínculos de amistad entre ellos, pero también oportunidades de negocios.

Las nuevas tecnologías encuentran, del mismo modo que en la vida cotidiana, un lugar relevante en esta tira. Se aprecia en el colegio, donde confrontan dos tipos de docentes, aquella interesada por el proceso educativo de los chicos, y la maestra que destina las horas laborales a mandar mensajes de texto, lo que claramente conspira con la evolución educativa de sus alumnos. También puede verse en los momentos en que el personaje interpretado por Castro desconfía de su mujer e inicia su exploración en las redes sociales.

En sociedades históricamente machistas como las nuestras, las distintas maneras de ejercer la sexualidad aparecen ligadas al ocultamiento y las apariencias, de ese modo el personaje interpretado por Gloria Carrá encuentra notorias dificultades para explicar a su entorno el inicio de su relación con otra mujer.

Uno de los fenómenos más visibles en las sociedades líquidas, según la definición de Bauman, estriba en el predominio de una cultura individualista. Es así como la llegada de los hijos es percibida como un obstáculo a la realización de un proyecto individual. Siguiendo este razonamiento, no debe sorprender que se haya transformado significativamente el ejercicio y el sentido de la paternidad y se retrase cuanto más tiempo sea posible la llegada de los hijos. Esta ficción coral de cuatro treintañeros, y cómo ellos lidian cotidianamente con esa condición, es un claro ejemplo de esta situación.

* Docente de Historia (UBA-Flacso-UNLZ). Página 12 – 19-0-2014