jueves, 20 de febrero de 2014

UNA POESÍA DE MACEDONIO FERNÁNDEZ

CUANDO NUESTRO DOLOR FÍNGESE AJENO

Voz de un dolor se alzó del camino y visitó la noche,
Trance gimiente por una boca hablaba.

Eran las sombras dondequiera. Mis manos
Apartándolas para mis pasos
Heridos de la impaciencia y el tropiezo
Buscando aquel pedido de persona dolida.

Grito que ensombreció la sombra
Volvió a enfriar el pulsar de mi vida.

Y tropezando con el alma y el paso
No de mi pena, de ajena pena,
Creí afligirme, cuando halle sangrando
Mi corazón, por mí clamando,
¿Qué desterrado de mi pecho habría?
Porque sólo el recuerdo su latido daba
Y sólo en el recuerdo mi dolor estaba
Y así desde el camino me llamaba
Y apenas cerca me sintió, acogióse
A mi pecho triunfante como enojado dueño,
Y al instante se dio a clavarme aquel latido;
El latir de su lloro del dolor del recuerdo.

Y hoy desterrarlo de nuevo ya no quiero.
Que ese dolor es el dolor que quiero.

Es ella,
Y soy tan sólo ese dolor, soy ella,
Soy su ausencia, soy lo que está solo de ella;
Mi corazón mejor que yo lo ordena.


Poesía de Macedonio Fernández, seleccionada por Daniel Rafalovich