lunes, 30 de junio de 2014

LA CENSURA A UN DOCUMENTAL DE BAYER

A pedido de la familia Martínez de Hoz y sin que medie una orden judicial, un sitio local suspendió la campaña de financiamiento colectivo del nuevo documental de Osvaldo Bayer. 

El episodio es un capítulo más en una larga disputa entre el historiador y los nietos del ex ministro de economía de la última dictadura militar.

Más allá de los nombres propios y sus ecos históricos, el caso de la censura a este documental nos permite una reflexión entorno a las tensiones actuales que existen entre las lógicas corporativas y la necesidad de construir espacios comunitarios y abiertos en internet.

En septiembre de 2010, Macanudo Films estrenó Awka Liwen, una película escrita por Osvaldo Bayer, Mariano Aiello y Kristina Hille. “Awka Liwen” es una voz mapuche que significa rebelde amanecer. El film rastrea la historia de la propiedad de la tierra en la Argentina, la apropiación de territorios indígenas y el rol de la familia Martínez de Hoz en el financiamiento de la “Campaña del Desierto”. “La intención es iniciar una autocrítica de los gobiernos argentinos, como lo hicieron Canadá y Australia, que pidieron perdón a sus pueblos originarios por las matanzas cometidas”, expresó Bayer en su momento.

El film ganó distintos premios, fue incorporado como material de estudio en programas educativos y, según sus realizadores, fue visto por más de 10 millones de personas. Pero en 2011, los abogados Alejandro y José Alfredo Martínez de Hoz, nietos del ministro de economía de la última dictadura, presentaron un amparo para impedir su difusión en los cines: reclamaban una indemnización por considerar que el documental contenía “hechos falsos”, al tiempo que “dañaba la imagen de su familia”.

La respuesta fue un contragolpe casi deseado: Bayer y Aiello armaron otro proyecto titulado, sin metáforas, Martínez de Hoz. Este nuevo documental, cuentan los realizadores, “desarrolla la historia económica de la Argentina, contraponiendo el relato de los propios Martínez de Hoz con los verdaderos hechos históricos”. Otra vez la lupa se posa sobre la “imagen de la familia”.

Para financiar el proyecto, los realizadores recurrieron a Idea.me, una plataforma de crowdfunding fundada en Argentina en 2011. La empresa, presidida por el ex director ejecutivo del Museo Malba y creador de Costa Films, Eduardo Constantini (hijo), está orientada a artistas y creativos. Su lema resume el espíritu del crowdfunding: “Los sueños se hacen realidad gracias al financiamiento colectivo”. Como Kickstarter y otros sitios similares, esta plataforma ofrece, a cambio de una comisión, el espacio para que creadores y usuarios se conecten entre sí y un proyecto, que no encuentra financiamiento en el mercado o desea saltear las lógicas comerciales de la industria, tenga la posibilidad de realizarse.

Pero a las pocas horas de lanzada la campaña, los doctores Martínez de Hoz enviaron una carta documento a Idea.me solicitando la cancelación de la iniciativa “hasta que se dicte sentencia firme en el juicio referido al film Awka Liwen“. Poco después, Idea.me respondió suspendiendo “temporalmente” la campaña.

La decisión, explicó la empresa, se ampara en las atribuciones contenidas en los términos y condiciones de su servicio. Uno de los ítems, subrayado por los abogados, es el f: ”No introducir o difundir cualquier información y contenidos falsos, ambiguos o inexactos de forma que induzca a error a los receptores de la información”. En su mensaje, Idea.me asegura que la suspensión de la campaña queda supeditada a la resolución de la contienda por Awka Liwen, una causa que, al menos judicialmente, no refiere al proyecto contenido en su plataforma, sino a otro documental. Lo que denuncian sus realizadores es que, sin una orden judicial, la “atribución”, convertida en “interpretación”, termina confundiéndose demasiado con una toma de posición o un gesto de solidaridad corporativa.

Hoy la iniciativa sigue online pero no pueden realizarse aportes. Hasta la suspensión, efectuada el 20 de junio pasado, había recaudado más de $42.000, que representan el 23% del presupuesto total estipulado. Para poder seguir colaborando, los realizadores habilitaron un número de CBU y una cuenta en Paypal, detalladas en el sitio estoyconbayer.com

El patronímico “Martinez de Hoz”, se sabe, arrastra esa sonoridad negra de la dictadura que le imprime tragedia o muerte a todo lo que toca. Es entendible. Pero más allá del peso de los nombres propios y sus sombras históricas, este caso particular dispara una serie de reflexiones que pueden ser pensadas en las tensiones actuales entre las decisiones corporativas, los grupos de poder y la posibilidad de pensar espacios públicos, democráticos y cooperativos en internet.

Los términos y condiciones, es cierto, suelen ser un resguardo para las empresas y una sutil trampa para los consumidores.

¿Pero puede -debe- una empresa, por presiones, suspender un servicio sin orden judicial? ¿Cuál es la responsabilidad de un intermediario ante los contenidos de terceros? ¿No se lesiona el principio libre y democrático de la red al quedar expuesta a decisiones unilaterales de los proveedores? ¿Cómo se protegen los usuarios? No son preguntas movidas por la ingenuidad, sino por la curiosidad de que eso ocurra en el marco de una plataforma que rescata un principio de solidaridad y alienta el esfuerzo colectivo para saltear lógicas corporativas e intereses comerciales. Ahí parece estar también uno de los ejes de esta historia que, lo adivino mientras lo escribo, augura nuevos capítulos.

(Autor: Diego Sánchez)