LA REVOLUCIÓN DEL PARQUE... ALBERDI

La historia argentina recuerda un episodio ocurrido hacia fines del siglo XIX como “la revolución del parque”, fue un hito fundacional para una de las fuerzas políticas de nuestro país, pero también la sublevación de un  grupo de jóvenes que querían la transparencia administrativa y la participación del pueblo en los actos de gobierno.


Se oponían al unicato de Juárez Celman quien había dicho públicamente que “consultar al pueblo era un error porque siempre tenían ideas turbias”.

A cien años de aquel episodio, sin armas ni deseo de tomar el poder político, tampoco de hacer una revolución, pero sí con el firme reclamo de ser consultados e informados de los actos de gobierno, sobre todo cuando éstos revisten vital importancia para la comunidad porque son decisiones que pueden afectar no sólo el presente, sino también el futuro de las nuevas generaciones, es que los vecinos de Santa Fe también se reunieron en un parque. Esta vez no lo hicieron para complotar, sino para defenderlo. No quieren que ese predio ubicado en el centro de la ciudad, sea transformado en un parking.

Habían pasado sólo siete días del primer abrazo al parque Alberdi, fue cuando entonces un  grupo de vecinos decidió saltar el cerco de chapones publicitarios que lo rodeaba y acampar en el predio para evitar que se siga destruyendo el lugar. Ayer se realizó el segundo abrazo, duplicándose el número de vecinos que concurrió para apoyar esta lucha. Pudieron ingresar al predio y no hacer la manifestación afuera como aquella primera vez. Caminaron por el parque y vieron con sus ojos lo que se mostraba a través de las redes sociales: la tradicional pérgola de cemento ya no estaba más, la enredadera que la cubría amontonada en el suelo como si se tratara de basura, los tradicionales bancos habían desaparecido, la escultura de la madre realizada por el escultor José Sedlacek con evidentes signos de deterioro, y el terreno lleno de pozos que daba cuenta de los árboles arrancados. Todo este paisaje desolador, en función del proyecto que pretende poner en manos privadas un espacio público tradicional de la ciudad.

Los vecinos que asistieron a esta segunda convocatoria se encontraron con una sorpresa, en las esquinas del parque la municipalidad había instalado puestos de propaganda en la que se repartían folletos a todo color con imágenes de maquetas virtuales en donde se trataba de explicar lo inexplicable, los militantes rentados tenían órdenes expresas de entregárselos a cada uno de los manifestantes. Era parte de la campaña que con insistencia también se había incrementado en los últimos días a través de spots televisivos. Otra de las sorpresas con la que los vecinos también se encontraron  fue la presencia de los “hombres de negro” pertenecientes a la Guardia de Seguridad Institucional del municipio, que en número inusitado estaban adentro y afuera del parque desarrollando un operativo de control, que más que inspirar confianza se dibujaba como una presencia amenazante.

Nada de eso impidió que unas mil quinientas personas sin banderías políticas partidarias, algunos con banderas argentinas, otros llevando plantines, pudieran asistir a la convocatoria y reunirse alrededor del mástil que todavía queda en pie para dar comienzo al acto, también para solidarizarse con los jóvenes que hace varios días permanecen en el acampe. Los artistas estuvieron presentes, la música y las diferentes performances artísticas le pusieron color al encuentro. Un color que contrastaba con el grupo de guardianes que parapetados alrededor del mástil tenía órdenes de impedir que se enarbolara una bandera.

La música dejó lugar a la lectura del documento firmado por la Asamblea del parque: “Somos vecinos auto-convocados, organizados en asamblea y de manera pacífica bajo el lema El Parque Alberdi no se toca. No somos una organización partidaria ni ecologista. Nos convocamos como ciudadanos comprometidos con la defensa de nuestros espacios públicos de una política municipal que privilegia los intereses privados en detrimento de los intereses colectivos.” La lectura seguía con firmeza en las voces de los asambleístas que llegaba a través de los parlantes a los miles de vecinos allí reunidos y agregaba “Nos oponemos al proyecto de construcción de cocheras semi-soterradas a cargo de privados porque fue insuficiente la presentación a la ciudadanía de la información del proyecto; nos oponemos porque se pretende usar el espacio público para negocios privados, también por el impacto ambiental y urbano que esta obra tendrá; por el descuido del patrimonio histórico y cultural.” Este último ítem resonaba fuerte a pocos metros de donde está ubicado el edificio del Ministerio de Innovación y Cultura.

El documento leído en el parque finalizaba diciendo “Lo que fue tristeza y sensación de impotencia ante el avance de un modelo de ciudad que se rediseña en manos privadas, hoy es esperanza. Estamos a tiempo de parar y reconstruir. Necesitamos el apoyo de todos los vecinos para lograr que se rescinda el contrato del municipio con la empresa y recuperar lo que es de todos los santafesinos. Solicitamos la rescisión del contrato y la restauración del parque, pero también la detención de otros proyectos similares en la ciudad: plaza San Martín y plaza Alemania.”

Luego, otro de los integrantes de la asamblea de vecinos, el arquitecto Luis Carreras, ya sin papel en mano mencionó que se había presentado un recurso de amparo ante la justicia. También invitó a la multitud allí reunida para comenzar a marchar alrededor del parque, tomándose de las manos y haciendo una cadena humana a modo de abrazo como símbolo de protección al predio. Este fue un momento muy emotivo que mostró el compromiso de los ciudadanos que se movilizaron voluntariamente, nadie los fogoneó, tampoco se contó con aparatos publicitarios o partidarios que la facilitara. Todo lo contrario, hubo que saltar el cerco informativo, hacer correr la voz, usar el facebook, los blogs, los sms y los twits ya que los medios de comunicación parecieron alinearse con los intereses privados.

Después del abrazo, de cara a la ciudad y con la solidaridad de los automovilistas que transitaba por la zona y hacían sonar sus bocinas y saludaban, la multitud se congregó alrededor de la escalera mecánica para entonar el himno nacional que fue completado con la consigna “el parque no se toca, el parque no se toca”, gritada a viva voz. Pero no terminó todo allí, luego la gente volvió al interior del predio para compartir con los acampantes, intercambiar entre ellos, dialogar, debatir propuestas, seguir juntando firmas e imaginar salidas coordinando los pasos a seguir.

Mientras todo esto ocurría, la presencia de los artistas con sus batucadas y bailes siguió tratando de convertir la tristeza en alegría, en un 20 de junio, día de la bandera, en la que como dijo Alejandro Álvarez, otro de los vecinos autoconvocados, se impidió enarbolar la enseña patria: “Los responsables de bloquear el mástil con la guardia urbana son los que quieren izar otra bandera, la del dinero.”

Una de las avenidas con las que linda el parque se llama 27 de febrero, evoca aquella  fecha de nuestra historia por demás de significativa, la de 1812, cuando Manuel Belgrano enarboló por primera vez en las barrancas del río Paraná la insignia que comenzó a identificarnos.

El mástil del parque es uno de los más elevados de la ciudad, siempre lució la bandera en ocasión de las fechas patrias, y mientras los medios informaban que el intendente Corral había estado a la mañana rindiendo un homenaje a Belgrano, con palabras alusivas por la conmemoración, este mismo día pero a la tarde, un corral con minúsculas impidió que se enarbole la bandera argentina en el parque que todavía lleva el nombre del padre de nuestra Constitución, Juan Bautista Alberdi.


Para quienes están atentos, fue todo un símbolo. Nunca había ocurrido algo así.

Daniel Dussex - eh! Agenda Urbana