lunes, 16 de junio de 2014

LOS TEMPLOS DE LA SEXUALIDAD RECORRIDOS EN UN LIBRO

En "Telos. Un mapa de la sexualidad porteña", el periodista Juan Pablo Casas reconstruye las transformaciones sociales y morales de los porteños a partir de la historia del mítico espacio que desde su irrupción en los años 30 propició una discreta revolución social que moldeó el imaginario sexual de varias generaciones.

Desde un registro evocativo que pone a dialogar distintas intimidades, el libro publicado por Paidós funciona al mismo tiempo como una excusa y un anzuelo para narrar las mutaciones de una sociedad que al calor de distintos avatares políticos y culturales se animó a la exploración sexual y encontró en los llamados albergues transitorios un territorio consagrado a esa búsqueda.

“Hasta los 40 y 50 las relaciones prematrimonales no estaban tan instaladas y a partir de ese período se registra una nueva sensibilidad que dispara cambios en la relación de pareja, marcada por la aparición de nuevos espacios para la juventud y una cierta flexibilización respecto al sexo antes del matrimonio”, destaca Casas.

“Los jóvenes cumplen un rol clave en la consolidación de los telos porque son ellos los que impulsan esta industria y refutan ese mito que asocia al telo con la trampa, con las relaciones extramatrimoniales. Lo cierto es que no alcanza con que haya tantas parejas clandestinas para justificar el funcionamiento de los casi 200 telos que hubo en la ciudad al mismo tiempo”, asegura.

¿Cuánto contribuyó a la exploración de la sexualidad esta concepción de un espacio impersonal al cobijo de la censura social? “Aportó mucho y eso se hace evidente a partir de los 70 cuando irrumpe otro concepto, el del telo con habitaciones temáticas del estilo `El camarote del capitán` o `Placer oriental` que ofrecen la posibilidad de materializar fantasías”.

“En ese ejemplo se ven bien las marcas de una cultura de telo que se fue desarrollando y explota con la consolidación de las llamadas habitaciones temáticas -señala-. Los telos, en defintiva, fueron disparadores de una revolución sexual discreta, de puertas adentro, de menor intensidad que en otros espacios, pero revolución sexual al fin”.

En su libro, Casas se encarga también de desmarcar a los telos del del podio de inventos argentinos: si bien está indisolublemente ligado a las tradiciones nativas, no picó en punta en su intención de ofrecer una espacialidad a la pulsión sexual.

“A nivel mundial, el telo surge con lo que sería la irrupción de la sociedad de masas en los años 30. Hay antecedentes en México y Tokio -indica-. En Buenos Aires se da la particularidad de que su surgimiento se ve impulsado por fenómenos como la migración interna y el fin de la prostitución legal”.

“La migración interna cambia la composición social de Buenos Aires porque aporta una proporción similar de mujeres y hombres, a diferencia de la migración del siglo XIX y principios del XX donde la mayoría de los que llegaban a la ciudad eran hombres -compara-. Esta situación genera un montón de hombres y mujeres solos necesitados de un espacio para concretar el acto sexual que van a disparar la aparición de los primeros telos”.

“Los jóvenes cumplen un rol clave en la consolidación de los telos porque son ellos los que impulsan esta industria y refutan ese mito que asocia al telo con la trampa”, Juan Pablo Casas Casas asegura que el surgimiento de los primeros hoteles alojamiento está ligado a las demandas específicas de los sectores populares y la clase media.

“Hacia los años 40 y 50 ya están consolidados como un lugar `decente` para tener sexo, como espacios que ofrecen una cama y una habitación que cumple con ciertas normas de higiene”, apunta.

El periodista documenta con minucia la transición de los zaguanes y descampados como espacios para la concreción del sexo hacia estas nuevas instalaciones que se pueden leer como efectos colaterales de la expansión urbanística.

“Donde antes había descampados ahora hay barrios enteros y obviamente, menos privacidad. Por eso surgen los telos, primeros como posadas, luego en los 40 y 50 empiezan a conocerse en la jerga popular como `amuebladas` y hacia los 60 ya son conocidos con el eufemismo de hotel alojamiento”, indica Casas.

“Es decisiva la reglamentación que surge justamente en la década del 60 que permite a los empresarios o emprendedores construir un telo con tal fin. Hasta entonces funcionaban en viejas casas chorizo, en petit hoteles o incluso en pensiones que rentaban su habitaciones por hora, aunque algunas ni siquiera tenían baño privado”, explica.

Casas consigna que entre los 80 y los 90 se produce un fenómeno que define como `la Disneylandia para adultos`, disparado por el destape de los años 80 y 90 que coloca a la sexualidad en un rol más visible dentro de los tópicos de la sociedad.

“Los telos entonces empiezan a desbordar de estímulos -indica-. El ejemplo más emblemático es `Los jardines de Babilonia`, un telo que tiene habitaciones enormes y todo exacerbado para el sexo, a contramano del paradigma actual”.

“Hoy la tendencia es que el telo ya no huele ni parece telo y funciona como un espacio donde las cosas más que mostrarse se sugieren y donde el diseño se asemeja al de un hotel boutique con el plus de algunos aditamentos ligados al sexo -explica-. Los espejos siguen estando, pero dispuestos de manera más sutil”.

En el extenso recorrido que va desde su aparición en los 30 hasta su reconversión actual como espacios ligados al diseño y la sutileza, los telos perdieron parte de su clientela estable y avanzan en la captura de un nuevo paradigma de consumidor.

“Actualmente ya no son frecuentados mayoritariamente por los jóvenes, ya que a partir de los 80 y 90 se dio una flexibilización en los hábitos que llevó a muchos padres a permitir que sus hijos pasen la noche con sus parejas en la casa familiar. A esto se le suma que hoy visitar un telo todos los fin de semana implica un presupuesto muy grande”, analiza Casas.

“Por otro lado, hay muchos hogares unipersonales que de alguna manera también le restaron público a estos espacios. Ha crecido la proporción de estos hogares de una sola persona habitados por hombres jóvenes, sexualmente activos, mientras que antes eran mayoría en ellos las mujeres solas de más de 60 años”, subraya.


“La mayoría apunta a los matrimonios estables. Muchos ofrecen la `noche de bodas` o la `noche aniversario` y gran parte de sus clientes los sábados y domingos son justamente parejas que tienen hijos y deciden sortear la rutina de esta manera”, concluye Casas.

Fuente: Diario de Cultura