EL MENSAJE BALTASAR GARZÓN AL FORO

Antes de visitar el Concejo Municipal y la Legislatura donde fue homenajeado, el juez Baltasar Garzón se reunió con Madres, Familiares, Hijos y otros organismos de derechos humanos que conforman el Foro contra la impunidad y por la justicia de la ciudad.

Fue para conmemorar los veinte años de la reforma constitucional que el diputado provincial Leandro Busatto, Presidente de la Comisión de Asuntos Constitucionales de la Cámara,  invitó al Dr. Baltazar Garzón Real, Presidente del Consejo de la Administración del Centro Internacional para la Promoción de los Derechos Humanos (CIPDH) bajo el auspicio de la UNESCO, a dar una conferencia en la ciudad de Santa Fe. El jurista español tuvo una actuación destacada a favor de las víctimas de crímenes de lesa humanidad, cuando no se podía avanzar judicialmente con ese tema en nuestro país, es por este motivo que quiso reunirse con los organismos de derechos humanos nucleados en el “Foro contra la impunidad y por la justicia”.

La cita fue en el local de ATE Santa Fe, alrededor de la gran mesa que habitualmente se usa para las reuniones de los delegados gremiales estaban los integrantes de las diferentes organizaciones políticas, sociales y de derechos humanos que esperaban encontrarse con el juez. Cuando apareció en el recinto fue recibido con un fuerte aplauso.

Luego de ser presentado por el secretario de los estatales, Jorge Hoffmann, la abogada Lucila Puyol le dio la bienvenida en nombre del Foro. Después de este breve protocolo, el juez Baltazar Garzón, en la cabecera de la mesa y flanqueado por dos Madres de  Plaza de Mayo se dirigió a los presentes para decirles: “Para mí es un honor estar aquí y es un lujo, por tanto agradezco vuestra presencia.  Realmente hay cosas que cuando ocurren cambian las vidas de las personas para bien o para mal. La pérdida de un ser querido anula la existencia de los que quedamos vivos durante mucho tiempo. El empeño de la búsqueda, tanto de la persona como de la justicia, vuelve a dar vida, y a otros, como es mi caso, en el ejercicio de la función judicial hay un antes y un después del año 1996.

En marzo de 1996, que es la fecha en la que la causa sobre la represión de la dictadura cívico militar argentina entró en mi juzgado, entró en la Audiencia Nacional.  Uno podía estar más o menos al tanto de lo que había sucedido en esos años en Argentina. Había leído, había estudiado, pero nunca había tenido la oportunidad de enfrentar judicialmente un hecho que por primera vez se planteaba con esa crudeza ante una resolución judicial. Tener que tomar la decisión, porque de no hacer algo, realmente no hubiese sucedido nada, esa es la dura realidad. Si no haces unas algunas cosas la indiferencia continúa. Por el contrario, haciéndolas podías contribuir de alguna forma a que un país lejano como es España, y porque la ley lo permitía mediante la aplicación del principio de jurisdicción universal, hacer algo.

Obviamente la apertura de esa causa en España no fue bien recibida por mucha gente, incluso decían ilustres periodistas, usando un símil taurino que en España se entiende muy bien, “es un brindis al sol”.  Cuando se brindan los toros, si los brindas al sol, te ciega el sol y no haces nada, entonces querían decir que era como un gesto, nada más.  Claro, después las víctimas no lo entendieron así y continuando con el esfuerzo que aquí estabais haciendo, lo hicieron allí también. Impulsaron la causa. No fue una causa bien recibida institucionalmente, como digo,  para nada.  El Ministerio Público, el Ministerio Fiscal siempre estuvo en contra.  Siempre hasta el año 2004. Porque también le fue encargado el “caso Scilingo” a la fiscal Dolores Delgado, que es una mujer brava, que además tomó el asunto sintiéndolo y padeciéndolo también.  Pero, en aquellos años no había ese impulso si no hubiese sido por la fuerza de las víctimas y de las asociaciones y organismos de derechos humanos.  Cuando se les pidió estar presentes, estuvieron.  Cuando tuvisteis que mandar denuncias, lo hicisteis. Cuando necesitábamos elementos probatorias que allí no se podían materializar, los recibimos.  

De alguna forma creamos el Derecho. El principio de jurisdicción internacional estaba en algunas legislaciones. Yo creo que más de escaparate o de justificación de conciencias, más que con  intención de que se pusiera en práctica.  El aporte que nosotros hicimos desde allí y después con otros hechos sucesivos, fue creer junto con las víctimas que esos preceptos estaban ahí para ponerlos en práctica y para apoyar y proteger a las víctimas, ni más ni menos, que es la obligación de cualquier juez: cumplir con su obligación en defensa de las víctimas, protegiendo sus derechos. 

No hicimos otra cosa. Lo que ocurre es que a veces hacer lo que debes hacer, se convierte como en una especie de acto de heroísmo. Eso es uno de los grandes pecados de la humanidad, que se eleve a la categoría de excepcional lo que es normal.  De todas formas, yo creo que el viaje mereció la pena y tengo que decir que una de las decisiones, aunque a mí no me gusta nunca decir que me agrada tomar decisiones cuando implica pérdida de derechos incluso para los quebrantan la ley, no es una decisión fácil privar de la libertad a una persona, pero sí tengo que decir que una de las principales satisfacciones fue la de procesar y ordenar la detención internacional del juez Brusa.”

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