jueves, 30 de octubre de 2014

EL TRIUNFO DE ALFONSÍN Y EL RENACIMIENTO DEMOCRÁTICO

Un día como hoy, en 1983, con una alta concurrencia de votantes, Alfonsín-Martínez se imponía con un 52% de los votos sobre el 40% obtenido por el Partido Justicialista, que llevaba la fórmula Luder-Bittel. 

Quedaban aventadas todas las especulaciones acerca de lo que ocurriría en el Colegio Electoral, porque los márgenes de la victoria de Alfonsín le otorgaban mayoría propia. Miles de manifestantes radicales se volcaban a las calles para expresar su alegría.

El 10 de diciembre de 1983, con la asunción del presidente radical Raúl Alfonsín, nuestro país retomó la senda democrática. Ese día comenzó también, aunque zigzagueante, el camino hacia la desmilitarización de la sociedad.

El influyente rol de las fuerzas militares en la política argentina data de los mismos días de las
guerras de la independencia. A pesar del optimismo que despertó hace casi un siglo, con el yrigoyenismo, el inicio de una era democrática sin precedentes, con participación masiva del pueblo argentino, pronto se sucedieron diversos golpes de estado y dictaduras militares.

Aunque con diferentes signos y objetivos, los militares irrumpieron en la escena política del país torciendo la voluntad popular en 1930, 1943, 1955, 1962, 1966 y 1976. Los golpes de Estado de la segunda mitad del siglo XX, se dieron en un contexto de escalada de la violencia social y política inédita.

En 1976 las Fuerzas Armadas tomaron el poder por última vez y pusieron todos los resortes del Estado al servicio de una represión sistemática y brutal contra todo lo que arbitrariamente definían como el “enemigo subversivo”. Los crímenes cometidos por los militares son hoy denominados en el derecho internacional como “delitos de lesa humanidad”.

Hacia fines de la década de 1970, el movimiento por los derechos humanos fue tomando un rol político sustancial. La crisis económica, la protesta social creciente y la derrota en la Guerra de Malvinas contribuyeron al desprestigio del gobierno militar. La dictadura estaba formalmente agrietada, aunque los efectos de su política represiva y de la liberalización económica perdurarían largamente.

Finalmente, se produjo el renacimiento democrático, con una movilización popular, especialmente juvenil, de gran envergadura. Las elecciones se fijaron para fines de 1983. En el radicalismo, emergió la figura de Raúl Alfonsín, desde una corriente interna rival del balbinismo. Bajo la denuncia de un pacto militar-sindical y la promesa de investigar los crímenes de la Dictadura, el 30 de octubre de 1983, Alfonsín triunfó en las elecciones con el 52% de los votos.

En el cierre de campaña, ante una multitud, el candidato radical clamó por la libertad, la democracia y la justicia social, llamando a terminar con la violencia en el país. Reproducimos unos fragmentos de aquel recordado discurso del 27 de octubre, en la Plaza de la República.

“ARGENTINOS:
Se acaba la dictadura militar. Se acaba la inmoralidad y la prepotencia. Se acaba el miedo y la represión. Se acaba el hambre obrero. Se acaban las fábricas muertas. Se acaba el imperio del dinero sobre el esfuerzo de la producción. Se terminó, basta de ser extranjeros en nuestra tierra.

Argentinos, vamos todos a volver a ser los dueños del país. La Argentina será de su pueblo. Nace la democracia y renacen los argentinos. Decidamos el país que queremos; estamos enfrentando el momento más decisivo del último siglo. Y ya no va a haber ningún iluminado que venga a explicarnos cómo se construye la República. Ya no habrá más sectas de “nenes de papá”, ni de adivinos, ni de uniformados, ni de matones para decirnos lo que tenemos que hacer con la Patria. Ahora somos nosotros, el conjunto del pueblo, quienes vamos a decir cómo se construye el país.

Y que nadie se equivoque, que la lucha electoral no confunda a nadie; no hay dos pueblos. Hay dos dirigencias, dos posibilidades. Pero hay un solo pueblo. Así, lo que vamos a decidir dentro de cuatro días es cuál de los dos proyectos populares de la Argentina va a tener la responsabilidad de conducir al país. Y aquí tampoco nadie debe confundirse. No son los objetivos nacionales los que nos diferencian, sino los métodos y los hombres para alcanzarlos.”

 (…)

“Nunca más permitiremos que un pequeño grupo de iluminados, con o sin uniforme, pretenda erigirse en salvadores de la patria, mandándonos y pretendiendo que obedezcamos sin chistar. Porque sabemos que sólo podremos levantarnos de estas ruinas que nos oprimen mediante el esfuerzo libre y voluntario de todos, mediante el trabajo oscuro y cotidiano de cada uno. Ningún obstáculo será insuperable frente a la voluntad inmensa de un pueblo que se pone a trabajar si cerramos definitivamente el camino a la prepotencia y la violencia y la destrucción con la que nos amenazan.

Estas ideas constituyen nuestra primera propuesta básica: que sea claro el método con el que vamos a construir nuestro propio futuro, el método de la libertad y de la democracia.

Nuestra segunda propuesta fundamental, además del método con el que actuaremos, señala el punto de partida del camino que nos propondremos recorrer: el de la justicia social. Es innecesario reiterar la gravedad de la situación actual del país, la peor de toda su historia. Pero sí es un deber de todos entender que hay quienes sufren más que otros. Nuestro punto de partida, que sabemos compartido por la inmensa mayoría de los argentinos, apela a un formidable esfuerzo de solidaridad y fraternidad con los que están más desamparados, con los que más necesitan entre todos los que necesitan. Vamos a construir el futuro de la Argentina y comenzaremos por construirlo ya mismo para quienes menos tienen.”

 (…)

“Y ahí no habrá ninguna antinomia, porque es falso que las haya, como son falsas las acusaciones que imprudentemente algunos lanzaron. No habrá radicales ni antiradicales, ni peronistas ni antiperonistas cuando se trate de terminar con los manejos de la patria financiera, con la especulación de un grupo parasitario enriquecido a costa de la miseria de los que producen y trabajan. No habrá radicales ni antiradicales, ni peronistas ni antiperonistas cuando haya que impedir cualquier loca aventura militar que pretenda dar un nuevo golpe.”

(…)

“Una nación es una voluntad viviente y, al igual que los hombres, se templa con las desgracias. Las desgracias que sufrimos nos han templado y ese temple es indispensable para sobrellevar las dificultades que deberemos superar. ¡Y las vamos a superar!

Tenemos el inmenso privilegio, entre los países del mundo, de disponer de un territorio extenso y lleno de posibilidades que esperan ser explotadas. Frente a un pueblo que despliegue con vigor su capacidad de trabajo y vaya construyendo piedra sobre piedra su futuro, impidiendo que nadie, nunca más, venga a destruir lo que vaya haciendo, no hay dificultad que no pueda superarse. Este es nuestro propósito, ésa es la voluntad en que nos empeñaremos todos los argentinos, ése será nuestro gobierno.”

Y el símbolo que coronará nuestros esfuerzos, que expresará mejor que ningún otro la autoridad, la paz, la tolerancia, la continuidad del trabajo fructífero de la Nación, lo veremos dentro de seis años cuando entreguemos las instituciones intactas, la banda y el bastón de presidente a quien el pueblo argentino haya elegido libre y voluntariamente.

Fuente: Liliana Viola, Los discursos del poder, Buenos Aires, Editorial Norma, 2000, págs. 119-130.