jueves, 6 de noviembre de 2014

MURIÓ ALICIA OLIVEIRA, UNA DE LAS FUNDADORAS DEL CELS

Fue una abogada que luchó por los derechos humanos, a los 29 años fue la primera jueza penal del país, pero luego la dictadura la echó por “inepta, subversiva y corrupta”. Se desempeñó como convencional constituyente y defensora del Pueblo porteña.

Por Laura Vales

A los 29 años fue la primera jueza penal del país, pero a los 32 la dictadura la echó acusándola de “inepta, subversiva y corrupta”. Los militares no esperaron un solo día después del golpe para correr a esa mujer bajita que, desde su Juzgado de Menores, batallaba para poner límites a los maltratos que el Servicio Penitenciario daba a las presas. Expulsada del Poder Judicial, se volcó de lleno a la militancia por los derechos humanos, en una trayectoria de vida que mantendría hasta el final. Ayer, a los 74 años, Alicia Oliveira murió en Buenos Aires, la ciudad en la que residía desde su juventud y que la tuvo como defensora del Pueblo.

Oliveira había nacido en San Fernando, la menor de tres hermanos de una familia de clase media dedicada al comercio. De chica quiso ser bailarina clásica, pero en su casa se opusieron. Estudió derecho en la Universidad del Salvador. Alguna vez contó que atravesó los ’60 aprendiendo de política en apasionadas discusiones hasta que salía el sol. “Fueron los años más maravillosos que se vivieron”, aseguró en un reportaje. “Nos permitíamos todo lo que estaba prohibido. Eramos muy cocoritos. Mis viejos se lo bancaban porque eran buenos. Tragaban amargo y escupían dulce. Todo el mundo leía y nos reuníamos en los bares para arreglar el mundo. No me puedo inventar una historia de una dulce muchacha de clase media porque nunca la tuve.”

Empezó trabajando de pinche en un juzgado de San Martín. Una foto de 1973 la muestra el día que juró como abogada, de minifalda y flequillo. Ese mismo año, cuando la designaron como la primera jueza mujer a cargo de un Juzgado en lo Correccional de Menores de la Capital Federal, también se puso una mini para el acto de asunción. El jefe de ceremonias la quiso echar del estrado, creyendo que se trataba de la hija de uno de los tantos hombres que iban a jurar con ella.

Los tres años que se desempeñó como jueza quedarían marcados por los choques con la policía y el Servicio Penitenciario Federal. En 1976 hizo un procedimiento en la cárcel de Devoto en le que constató que las presas políticas eran maltratadas. Le pidió información al jefe del SPF, que era un coronel; el militar la llamó a su casa y le dijo que no se la daría porque había una normativa secreta. Oliveira le aclaró que no debía llamarla a su casa sino al juzgado, y le advirtió que, de no entregarle el informe, lo procesaría por desobediencia. A la mañana siguiente, al llegar a los tribunales se encontró con la Brigada de Explosivos diciendo que los habían informado acerca de que había una bomba en su despacho.

Expulsada del Poder Judicial, en 1979 fue una de las fundadoras del Centro de Estudios Legales y Sociales. “Alicia está estrechamente ligada a la historia de nuestra institución”, señaló el CELS en un comunicado. “Estuvo entre los primeros abogados que integraron el equipo jurídico del CELS en la dictadura, participando en la defensa legal de presos políticos y en las estrategias de búsqueda de los detenidos desaparecidos.”

En 1994 fue convencional constituyente, y entre 1998 y 2003, defensora del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires, donde llegó a propuesta del Frepaso. De su amplia gestión, recordó el CELS, se destacó su intervención coordinada con organismos de derechos humanos durante la represión del 19 y 20 de diciembre de 2001, que permitió la liberación de los detenidos en la ciudad.

Luego de la Defensoría fue designada en la Cancillería como secretaria de Derechos Humanos, cargo desde el que aportó a reformas legales como la Ley de Migraciones y el Código de Justicia Militar.


De su militancia, planteaba que había sido siempre más social que partidaria. “La militancia mía es una relación con los viejos militantes, los que, cuando yo era joven, me enseñaron que se podía hacer algo para cambiar las cosas”, dijo sobre el tema. También se definía como “medio cristianuchi”, cercana a los curas villeros. “Creo que vine al mundo para algo y no quiero irme de acá sin haber existido, sin haber hecho nada por nadie”, sostenía. Tenía una larga relación de amistad con Jorge Bergoglio, que bautizó a sus tres hijos y ayer se comunicó con la familia para darle el pésame y hacerle llegar sus oraciones. Estaba enferma hacía tiempo; en julio había sido operada de un tumor en el lóbulo frontal. Tras fallecer en la mañana de ayer, acompañada por sus tres hijos en su casa de Almagro, sus restos fueron trasladados a la Legislatura porteña para se velados.

(Foto Télam)