lunes, 8 de diciembre de 2014

CHESPIRITO, DURANTE LA DICTADURA CÍVICO MILITAR ARGENTINA

El creador de El Chavo y El Chapulín Colorado fue en sus posicionamientos políticos un suscriptor de ideas políticas de derecha en su México natal, pero también se vinculó con la Junta Militar en épocas de dictadura.

Si bien, se han realizado análisis críticos de sus personajes y de las tiras televisivas compuestas, señalando que en muchos casos fueron portadoras de mensajes violentos, es innegable la popularidad que adquireron dentro y fuera de su país de origen.  En Argentina su momento de esplendor fue durante la dictadura cívico militar. Hay una historia que vincula a Roberto Gómez Bolaños con los militares y un suculento contrato que recordó el periodista Diego Rottman, citando el libro escrito por Enrique Vázquez.

“A comienzos de la última dictadura militar, los canales estaban repartidos por Fuerza: Canal 9 era del Ejército, Canal 11 de la Fuerza Aérea y Canal 13 de la Armada. Cada uno funcionaba con un interventor que hacía y deshacía su gusto. En el ’76 al 7 se lo reservó para “la cultura” (alta, pacata y aburrida). En 1978, Mundial mediante, el 7 pasó de ser el patito feo a tener un edificio nuevo y capacidad para transmitir en color. Así, con el nuevo nombre de Argentina Televisora Color (ATC), el cisne pasó a ser codiciado por todos. ATC se convirtió en una “sociedad anónima del Estado”, con un directorio integrado por oficiales del Ejército, la Armada y la Aeronáutica en un 33 par ciento cada Fuerza.

En su libro La última, Enrique Vázquez cuenta que semejante monstruo tecnológico y administrativo merecía una programación acorde: se contrataron los gerentes más brillantes, se invirtió un dineral y a principios de la temporada ’79 el ‘paquete’ quedó presentado con moñito y todo. Al tener vía libre con el presupuesto, los ejecutivos del canal viajaron a México para contratar a Roberto Gómez Bolaños como figura exclusiva con sus programas El Chavo y El Chapulín Colorado. Chespirito vendría a Buenos Aires a hacer una serie de shows y, de paso, firmar el abultado contrato que los militares le habían prometido.

Pero había un problema: el programa ya se estaba emitiendo por Canal 9, con altísimo rating. El interventor del 9, el coronel Clodoveo Battesti, se sintió damnificado y elevó una queja formal a sus superiores en la Fuerza, para que impidieran la sustracción de Gómez Bolaños.

El secretario general del Ejército se puso en contacto con sus pares de la Armada y la Fuerza Aérea para ver cómo se solucionaba el asunto, pero no tuvo la respuesta que esperaba: para los marinos y los aviadores, la prioridad era el canal compartido, vale decir, ATC.

El tema pasó entonces a consideración de la Junta Militar, órgano supremo del Estado, encabezado por Videla, Massera y Agosti. Todas las resoluciones de la Junta debían gozar de unanimidad, y en el caso del Chavo del 8 no la hubo: la Armada y la Fuerza Aérea entendieron, a través de sus comandantes en jefe, que Gómez Bolaños debía ser contratado por ATC.

El libro de Enrique Vázquez
Al no haber unanimidad, la decisión sobre qué hacer con el Chavo, Don Ramón y Quico volvió a consideración de los secretarios generales, que a su vez pidieron asesoramiento a los respectivos plenarios de generales, brigadieres y almirantes.

Durante las tres semanas que la cúpula del gobierno argentino se enfrascó en el debate sobre cómo resolver el diferendo, Chespirito quedó anclado en Buenos Aires, a la espera de la decisión sobre cuál era el canal para el que debía firmar.

El falló terminó favoreciendo a ATC. Gómez Bolaños firmó y quedó liberado para volver a México.

Desairado por la decisión que le quitaba la joya de la corona de su canal, el coronel Battesti presentó su renuncia, que le fue rechazada por las autoridades de la Secretaria de Información Pública.

El país podía volver a la normalidad. Dice Vázquez que el mismo día que El Chavo del 8 debutó en su nuevo canal, el ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz sancionó la circular 1050 para indexar los préstamos hipotecarios. No hubo discusión previa alguna.”

Fuente: “La Última”, de Enrique Vázquez, Buenos Aires, EUDEBA, 1985