martes, 9 de diciembre de 2014

CARLOTTO: SU ENCUENTRO CON LOS FAMILIARES MEXICANOS

La presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo se reunió con padres y madres de los 43 estudiantes desaparecidos. “Los ayudé a pensarse como colectivo. La charla fue muy fuerte. Para mí significó en un punto revivir la historia nuestra”, dijo.




Por Ailín Bullentini

“Si hay algo de lo que están seguros es de que no van a dejar de reclamar por sus hijos.” La reflexión la realizó la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, en relación con los padres y madres de los 43 estudiantes ruralistas del estado mexicano de Guerrero de cuyo paradero no tienen dato certero alguno. Con ellos se encontró en la capital del país al que viajó para participar de la Feria del Libro de Guadalajara. El intercambio fue “emotivo” y “doloroso”: ellos buscaron en ella “experiencia” en la lucha; ella les aconsejó “no bajar los brazos”.

Carlotto se definió “exhausta y realmente shokeada”, desde Guadalajara. A esa ciudad llegó dispuesta a participar de diversas charlas “como abuela de Plaza de Mayo y miembro de la lucha por los derechos humanos en Argentina”, que sucedieron en el marco de la Feria del Libro. El plan inicial era compartir los debates con Tati Almeyda, de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, quien finalmente no pudo participar por cuestiones de salud. Pero la primera parada de Carlotto en México fue en el Distrito Federal. Allí compartió dos jornadas con los familiares de los estudiantes desaparecidos.

México fue un refugio para muchos militantes y familiares de víctimas de la última dictadura, ¿cómo lo encontró, visto desde la perspectiva de quienes sufren las consecuencias de los mismos crímenes?

–Como abuela he venido muchas veces a México. En épocas de dictadura, incluso... aquí hemos encontrado un nieto, a quien recuperamos y logramos que regrese con su padre, que lo esperaba en Argentina. Hemos vuelto muchas veces a visitar a sobrevivientes, a hablar con exiliados para que cuenten lo que habían visto y vivido en los campos de concentración argentinos. En el fondo, desconocíamos que acá pasaban cosas parecidas a lo que vivíamos nosotros. Con otro responsable, el narcotráfico. Pero esto que se vive hoy, los 43 estudiantes desaparecidos, esto ya excede todo control o aceptación política o social. La sociedad mexicana permaneció por años inerme, porque no entendía o no estaba informada de todos los delitos que tenían lugar aquí: violación y muerte masiva de mujeres, como el caso de las mujeres de Juárez; decenas de personas decapitadas... y ahora las desapariciones.

¿Los encontró solos o acompañados por la sociedad?

–México ha sabido ser un país solidario, que ahora está siendo víctima de crímenes aberrantes cometidos por algunos de sus mismos habitantes. El Estado debe tomar esto en serio, muy en cuenta para dar respuestas a los familiares de los estudiantes, porque si de algo están seguros ellos es de que no van a dejar de reclamar por la vida de sus hijos. Y la sociedad, de a poco, va despertando y acompaña. Se están juntando muchos movimientos, hay movilizaciones. Sin embargo, el país no se paralizó por esto que es aberrante. Hace mucho que estos chicos desaparecieron y no se sabe nada. Sus familias reciben información errónea, contradictoria, o silencio. Incluso el Estado les ha ofrecido dinero, una especie de reparación. Ellos la rechazaron de plano: quieren saber qué pasó con sus hijos, que vuelvan con vida. Esta gente es muy humilde, pero tiene conceptos muy claros de lo que quiere.

Mantuvo un encuentro privado con los familiares. ¿Qué les dijo? ¿Qué le preguntaron?

–Son gente muy humilde, pobre. Y, en este momento, hacen un mea culpa porque nunca antes se pararon a defender a aquellas personas que pasaron por lo mismo que hoy les toca a ellos. Y el llamado que hacen es ése, una especie de concientización a la población para que se unan a su reclamo, como una manera de evitar futuras víctimas. Acompañada de H.I.J.O.S México, yo los ayudé un poco a eso, a pensarse como colectivo, a hablar de un trabajo de todos y a no bajar los brazos. La charla que tuvimos fue muy fuerte, dolorosa. Para mí significó en un punto revivir la historia nuestra. En Argentina hubo una dictadura cívico-militar, hubo campos de concentración, hubo robo de bebés, hubo un plan sistemático del horror. Acá es diferente: el narcotráfico secuestra gente, mata gente. El de los chicos estudiantes rebasó un límite. Cuarenta y tres jóvenes, humildes, desaparecidos por ser opositores a un sistema social. Se los reclama con vida como hacíamos nosotros. Estos padres quisieron verme y con mucho gusto estuve. Aunque no me fue fácil darles la visión de nuestra lucha. Nosotras esperamos 37 años para comenzar a saber la verdad y empezar a tener justicia. No sabemos si están dispuestos a esperar. Ellos quieren que aparezcan o que el Estado diga qué pasó, que se los busque.

¿Se puede tender lazos a nivel institucional entre Abuelas y los familiares de las víctimas de Guerrero?

–Uno puede ayudar apoyando, pero esta clase de problemas se debe resolver en cada país. Les aconsejamos asistir a la Organización de los Estados Americanos, a la Organización de las Naciones Unidas, espacios en donde no sólo pueden denunciar al mundo lo que sufren sino también buscar apoyo de diferentes países. Y no bajar los brazos, tienen que continuar la búsqueda, continuar el reclamo.