jueves, 19 de febrero de 2015

CONSCIENTE AL MOMENTO DE MORIR

El dato surge del examen toxicológico de la sangre extraída del cuerpo del fiscal. El estudio reveló que había ingerido bajas dosis de dos sedantes y un pequeño nivel de una bebida alcohólica fuerte. Se refuerza la hipótesis del suicidio.

Por Irina Hauser y Raúl Kollmann

El examen toxicológico de la sangre extraída del cuerpo de Alberto Nisman dio como resultado que el fiscal estaba plenamente consciente al momento de morir. Sólo se encontraron restos, en pequeñas cantidades, de dos sedantes –Rivotril y Alplax (o similar)–, y un pequeño nivel de una bebida alcohólica fuerte, tipo vodka. Los datos refuerzan la hipótesis del suicidio porque esto significa que cuando se produjo el disparo, nadie tenía dormido o inconsciente a Nisman. Es decir que nadie pudo utilizar su cuerpo para simular una escena suicida; por ejemplo, agarrándole la mano y usándola para disparar desde menos de un centímetro. Quedan todavía pendientes varios estudios, entre ellos completar la anatomopatología y ver si hay algún rastro bajo las uñas del fiscal.

La coordinadora del área química del Cuerpo Médico Forense, Ana María Perkins, encabezó el estudio cuyo resultado indica que de ninguna manera Nisman tenía una combinación de sedantes y alcohol suficiente para provocarle un estado de inconsciencia. La concentración de alcohol en sangre resultó bajísima, menos de 0,5 gramo por litro, y las dosis de Rivotril y Alplax también estuvieron en niveles mínimos. Debe pensarse que, por ejemplo, para algo parecido a un coma alcohólico, se necesita entre seis y diez veces más de lo encontrado en el cuerpo de Nisman. Y lo mismo ocurre con las dosis de los ansiolíticos. Jueces y criminalistas con vasta experiencia afirman que es muy habitual encontrar rastros de alguna bebida fuerte en suicidas. Es una forma de inhibir los temores. De todas maneras, no es un dato concluyente.

Los resultados de la toxicología apuntan a que Nisman estaba en pleno uso de sus facultades al momento del disparo. El punto entonces es si alguien pudo acercarse a menos de un centímetro, dentro del baño, y le disparó por sorpresa, ya que no hay lesiones defensivas en su cuerpo ni se percibieron rastros de lucha en el baño. Esto ya configuraría un cuadro de dos alternativas.

- Una: que Nisman se disparó a sí mismo, planteamiento que es hipótesis principal del informe de autopsia.

- Dos: que le haya disparado alguien de su más cercana intimidad, que pudiera acercarse tanto, dentro de un baño, para dispararle. Se trata de una hipótesis improbable. Sobre todo teniendo en cuenta que, según testimonió la mamá de Nisman, el cuerpo del fiscal obstruía la puerta con la cabeza. Es decir que resultaría muy difícil para el homicida salir del baño sin dejar rastros, pisadas o arrastres.

A todo esto se agrega un elemento de relevancia. Fue Nisman el que consiguió la pistola calibre 22 que le provocó la muerte, ya que se la pidió prestada a un hombre de su confianza, el informático Diego Lagomarsino. Y su voluntad de conseguir un arma quedó demostrada porque también le pidió una pistola a su custodio de mayor antigüedad, Rubén Benítez.

En la hipótesis de un asesinato sofisticado, no encaja que un sicario o un superagente de Inteligencia haya usado una pistola calibre 22, viejísima, con proyectiles también viejísimos, un arma que el propio Lagomarsino pensaba que podía fallar.

Con todos estos datos, aunque faltan estudios y medidas de prueba, la toxicología agrega un elemento más que refuerza la idea de que Nisman se quitó la vida.

- Falta todavía completar la anatomopatología. El centro de ese estudio es ahora el análisis del orificio de entrada del disparo, algo sobre lo que se trabajó ayer en la Morgue Judicial. Por lo que se sabe, no hay discrepancias entre los forenses oficiales y de parte: el disparo se efectuó a menos de un centímetro. La polémica se plantea por la ubicación del disparo, dos centímetros por encima de la oreja. Los peritos de Arroyo Salgado –Osvaldo Raffo, Julio Ravioli y Daniel Salcedo– sostienen que es un lugar atípico para un suicida, en tanto que los peritos oficiales están de acuerdo en que el lugar es poco habitual, pero afirman que hay bastantes casos. La discrepancia tendrá que ser saldada por la jueza, Fabiana Palmaghini.

- Falta ver si bajo las uñas de Nisman se encontraron rastros genéticos de otra persona. Indicaría algún nivel de pelea.

- Falta el análisis de los archivos encontrados en las computadoras y los celulares. Es decir, el contenido de todo tipo de mensajes.

- Está pendiente una autopsia psicológica, en la que intervendrán peritos oficiales y el psiquiatra forense designado por Arroyo Salgado, Ricardo Risso.

- Falta el estudio completo de las cámaras de seguridad de Le Parc. Lo que se busca es determinar si ingresó alguien extraño o sospechoso en el edificio.

- La fiscal Fein todavía no la ordenó, pero se supone que habrá una nueva pericia sobre el arma. Consistirá en hacer otro disparo con la Bersa calibre 22 y ver si deja o no rastros del fulminante.

La toxicología conocida ayer parece sumar a la conclusión provisoria de los forenses: “No hubo participación de terceras personas en la muerte del doctor Nisman”. En cualquier caso, la fiscal y la jueza tendrán que investigar obligatoriamente si Nisman fue presionado o inducido a matarse. Hoy por hoy, la calificación del expediente es “muerte por causas dudosas” y se supone que seguirá así hasta que se terminen todas las medidas de prueba y las declaraciones.