lunes, 16 de febrero de 2015

DICTADURA Y CARNAVAL: EL EXILIO DEL REY MOMO

Una fiesta popular que se intentó desaparecer
Durante la última dictadura cívico militar también fueron desaparecidos los feriados de una fiesta muy arraigada en el pueblo, como lo es el carnaval. El director de la murga “Los descontrolados de Barracas”, cuenta cómo se vivieron esos años de exilio carnavalesco.

Por Mariana Iturriza

Según algunos estudiosos de la etimología, carnevale proviene de ‘dejar la carne’, en alusión a la cuaresma de Semana Santa y la prohibición de comer ese alimento. Para otros especialistas, significa el momento último de consumirlo antes de la veda y –haciendo extensivo el significado- entregarse a los placeres de la carne, una fiesta donde todo está permitido, sin importar las edades ni las clases sociales. “Es una ceremonia colectiva, comunitaria: durante un tiempo la gente se junta a compartir algo; y en eso radica quizás la mayor trasgresión del carnaval” explica a Infojus Noticias Ricardo Talento, uno de los referentes obligados para hablar del carnaval porteño. Es el director del Circuito Cultural Barracas, escribe las letras y dirige la dramaturgia de la murga “Los descontrolados de Barracas”.

La tradición del carnaval forma parte de su vida desde siempre. Ricardo nació a fines de los años 40 en un pueblo de la provincia de Buenos Aires llamado Rawson. “Lo importante era la posibilidad de divertirse juntos”, recuerda. Y menciona las carrozas, los juegos con agua, la gente de campo con caretas, el Rey Momo, el muñeco que se quemaba el último día del carnaval, el premio a “la mascarita incógnita”, que recibía quien lograba llegar al final de los festejos sin que descubrieran su identidad, tarea casi imposible en un pueblo tan pequeño. Los disfraces demandaban semanas, cuando no meses de preparación. “Una energía que se gastaba en un juego ceremonial que iba a durar tres días”, reflexiona. “Ahora sería impensable. Por eso qué bueno que exista la murga.”

Para Ricardo, aquel espíritu colectivo y trasgresor del carnaval “se fue perdiendo, cuando se perdieron ciertas seguridades ciudadanas y aparecieron miedos, por ejemplo a perder el trabajo, a partir del ‘55. La dictadura de 1976 le dio el golpe de gracia. Y quedó una murga casi cuadrada, que perdió la voz; hasta la percusión quedó medio militarizada”.

Los militares se encargaron de prohibir no sólo lo que tuviera que ver con una posible comunión de clases, sino lo irreverente y burlesco, así como cualquier expresión de la vida en la calle. Como consecuencia, se produjo un repliegue hacia adentro. El decreto 21.329 de 1976 eliminó los feriados de lunes y martes de carnaval.

“Vivíamos en permanente estado de sitio”, recuerda Ricardo sobre aquellos años, en que dos personas reunidas en la calle ya estaban cometiendo un acto ilícito. “Porque la gente junta puede producir cosas, y le tenían terror a lo que pudieran llegar a hacer y a decir. Me acuerdo de que teníamos que pedir un permiso en la comisaría para cubrirnos la cara, para disfrazarnos. Te daban una tarjetita que uno se la ataba al disfraz.”

A pesar de las prohibiciones, el carnaval sobrevivió
A pesar de las prohibiciones, el carnaval sobrevivió. En los pueblos de provincia, en los clubes de barrio, en los corsos de Avenida de Mayo. Con el regreso de la democracia, las asociaciones barriales y las murgas volvieron a ocupar las calles. Y reclamaron la reinstauración de los feriados de carnaval. En noviembre de 2010 la Presidenta Cristina Fernández restituyó lo que habían quitado los militares, por medio de los decretos 1584/10 y 1585/10. La fiesta del carnaval volvió a ser un festejo popular.

“Simbólicamente es muy significativo; es volver a darle marco y legalidad”, opina Ricardo. Sin embargo, para él no se ha podido recuperar del todo ese sentido trasgresor y comunitario del carnaval. “Esto se debe a la dictadura, por un lado, y por otro, a la continua propaganda que se hace desde el individualismo; el aislamiento como forma de seguridad. La murga es todo lo contrario. Cuanto más estemos todos en la calle, mejor.”

Por eso, para él, el carnaval fue una forma de resistencia durante la dictadura, pero también lo es ahora: “Es la resistencia a los mandatos, no partidarios o políticos, sino al mandato social de quedarte aislado. Juntarte con otro ya es contestatario y construir algo con otro mucho más."

Infojus Noticias