lunes, 16 de febrero de 2015

NO PUEDEN CON PODEMOS

El líder de Podemos, Pablo Iglesias
¿Gobernarán juntos por primera vez en la historia de España el derechista Partido Popular (PP), heredero último del franquismo, y el socialdemócrata Partido Socialista Obrero Español (PSOE)? 

Por Roberto Montoya. Desde Madrid

Hay elecciones municipales y regionales en mayo y legislativas a fin de año.

¿Qué es lo que ha cambiado en el último año para que los dos partidos hegemónicos en la vida española desde que se recuperara la democracia, hace cuatro décadas, se planteen un cambio tan radical? La aparición de Podemos.

La joven organización nació hace sólo un año como revulsivo ante la corrupción y la pésima y clasista gestión de la crisis por parte de los partidos tradicionales, y ya se ha convertido en la opción uno para los electores en la mayoría de las encuestas, y la opción dos en las restantes.

La irrupción de este partido que no quiere ser encasillado simplistamente como de izquierda o de derecha, pero cuyos dirigentes y cuadros provienen o del entorno de Izquierda Unida (tercera fuerza política) o de Izquierda Anticapitalista (ahora llamada Anticapitalistas, sin representación parlamentaria, pero con gran peso en los movimientos sociales), ha provocado un resquebrajamiento del modelo bipartidista imperante desde hace cuarenta años.

Inicialmente fue sólo el PP el que atacó frontalmente al nuevo partido, acusándolo de “pro etarra”, “populista” y de haber sido varios de sus dirigentes asesores políticos de los gobiernos de Venezuela, Ecuador o Bolivia. Pero el PSOE se sumó a los ataques al confirmarse que en las elecciones europeas de mayo pasado Podemos le había arrebatado muchísimos votos. Y la tendencia se agudiza cada vez más, a medida de que siguen saliendo diariamente nuevos escándalos de corrupción en municipalidades y gobiernos regionales controlados por el PSOE.

A pesar de que el PP sigue batiendo todos los récords en casos de corrupción, tanto por su gravedad como por su masividad, con decenas y decenas de parlamentarios y altos cargos imputados, el PSOE acumula ya numerosos casos, los principales, centrados en la Junta de Andalucía, gobierno regional controlado por los socialistas.

Según el propio centro oficial de encuestas y estadísticas, el CIS, ante las próximas legislativas uno de cada cuatro electores del PSOE podría votar a Podemos. La crisis interna que vive el PSOE, fundamentalmente en la poderosa Comunidad de Madrid, cuyo secretario general y candidato principal a las próximas elecciones regionales, José Gómez, ha sido destituido fulminantemente por Pedro Sánchez, líder máximo de la organización, acelera la caída en picada del hasta ahora segundo partido de España.

Sánchez dedica ya prácticamente el mismo esfuerzo en criticar a Podemos que el que destina a criticar al gobierno de Mariano Rajoy.

El PSOE reivindica ser “la única izquierda seria” del país; tacha de “populista” y “demagógico” a Podemos, por decir supuestamente a la gente “lo que ésta quiere escuchar”, con propuestas “utópicas”, “imposibles de aplicar”.

¿Y cuáles son esas medidas “utópicas”?: proponer auditoría, reestructuración y renegociación de la deuda; establecer un salario mínimo digno; recuperar lo público; frenar las privatizaciones y los recortes a la educación, a la sanidad, a la ayuda a los discapacitados; o promover una profunda reforma fiscal que haga pagar más a los más ricos que a los trabajadores.

El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, ha hecho un acuerdo con Hervé Falciani, el ex experto del poderoso banco HSBC que filtró al mundo entero miles de fichas de evasores fiscales, para que sugiera a ese partido un sólido plan para combatir el fraude fiscal en España, que alcanza miles de millones de euros.

El de Podemos es en definitiva un programa muy similar a aquel con el cual Syriza acaba de ganar las elecciones en Grecia y con el que batalla frente a la troika (el FMI, el Banco Central Europeo y la Unión Europea) para poderlo sacar adelante.

Precisamente es Mariano Rajoy, junto a sus homólogos de Portugal e Irlanda, quien está apoyando activamente la línea dura de Angela Merkel frente a los planteamientos del nuevo gobierno griego.

Esos tres gobiernos, que en su momento aceptaron condiciones draconianas de la troika para ser “rescatados”, intentan impedir que Syriza se salga con la suya y muestre que otra vía es posible. De lo contrario, quedarían en evidencia ante sus propios pueblos de que les hicieron pagar durísimo un rescate que fue hecho fundamentalmente para salvar de la bancarrota a los bancos y no para salvar a sus ciudadanos.

El gran temor que tiene tanto el gobierno de Rajoy como los dirigentes del PSOE a que se confirmen los pronósticos y que Podemos alcance el poder, o que al menos quede como principal partido de la oposición, está haciendo acercar posiciones entre los dos partidos.

Días atrás PP y PSOE sellaban un acuerdo antiterrorista, muy centrado en la lucha contra el jihadismo, que ha provocado ampollas en las filas socialistas.

El avance del colectivo Podemos en España
Rajoy logró que Sánchez aceptara un pacto que incluye, entre otras medidas de endurecimiento de las penas, la cadena perpetua, algo que había sido eliminado ya hace años del Código Penal y a la que siempre se habían opuesto los socialistas. El líder del PSOE aseguró que si alcanzaran el poder revisarían esa medida, pero el solo hecho de firmar esas disposiciones de endurecimiento de las leyes antiterroristas, que tantas veces en el pasado han servido para criminalizar también a sectores de la oposición radical –especialmente en Euskadi– ha provocado un rechazo en el seno del PSOE y en otros partidos de la oposición.

Para muchos, este pacto supone ir sentando las bases para una posible alianza de gobierno en noviembre próximo en el caso de que Podemos triunfe en las elecciones generales, pero no obtenga la mayoría absoluta, como ha sucedido con Syriza en Grecia.

Tanto Rajoy como Sánchez tendrían que hacer un gran trabajo interno en sus respectivos partidos para convencer a los suyos de que las cosas han cambiado, que ya el adversario a abatir no es el otro, sino que ha aparecido un enemigo más importante, un partido “antisistema” contra el que se justifica una alianza contranatura como esa.

15/02/15 Miradas al Sur