martes, 3 de febrero de 2015

SIDE: ¿QUÉ ES LA OJOTA?

Cómo se realizan las escuchas telefónicas
El periodista Gerardo Young describió en su libro SIDE de 2006 cómo nació el sistema de escuchas para jueces llamado “Dirección de Observaciones Judiciales” y abreviado OJOTA. El apartado del libro.

La empresa estatal de comunicaciones (Entel) fue una de las primeras en ingresar en el proceso de privatizaciones que había puesto en marcha Menem. Los teléfonos andaban mal, conseguir una línea nueva era una odisea que podía consumir años, por lo que su pasaje a manos privadas no ofreció demasiada resistencia entre los usuarios. ¿Pero cómo iban a hacerse las intervenciones telefónicas si el Estado perdía el control de las comunicaciones? ¿Y quién iba a pagar el costo? Terminado el proceso de privatización, el 6 de octubre de 1992, el gobierno de Menem decidió el traslado hacia la SIDE de la Dirección de Observaciones Judiciales que funcionaba en la vieja Entel. Desde hacía años la SIDE manejaba las escuchas desde esa Dirección, pero se suponía que era algo secreto, una de esas cosas que no se confiesan. Ahora se asumía en forma oficial y definitiva. Algunos legisladores protestaron, entre ellos José Romero Feris, senador por Corrientes, quien advertía que el traspaso “permitirá que el Poder Ejecutivo tenga conocimiento de investigaciones judiciales, en posible violación del secreto de sumario, lo que en el caso de eventuales investigaciones por el delito de incumplimiento de los deberes de funcionario público, evidencia su inconveniencia”. Romero Feris sabía que esa “inconveniencia” era buscada por el ejecutivo. A partir de ese momento, cualquier investigación judicial que necesitara de escuchas telefónicas tendría que pasar por las manos de los muchachos de La Casa. Para evitar que el gobierno pudiera enterarse de la investigación sobre uno de sus funcionarios, los jueces deberían ahorrarse las escuchas o encargarlas a algunas de las fuerzas de seguridad, que seguían pinchando con el viejo método, es decir, con mucho esfuerzo y sin los mismos resultados (1).

Los procederes de una oficina siempre cuestionada
En la SIDE estaban encantados. Hugo (Anzorreguy, el director de la SIDE) dispuso trasladar la Dirección de Observaciones Judiciales al edificio de siete pisos de Avenida de los Incas, donde ya había funcionado la Central Nacional Inteligencia, que ya todos asumían como un organismo inútil. Allí fueron derivadas las sesentonas que levantaban las comunicaciones de la vieja Entel y sus añejas consolas. También el aparato de espionaje que había comprado la SIDE en tiempos de Alfonsín, aquel que cruzaba datos entre cientos de conversaciones. Para agilizar las intervenciones, se acordó que las empresas telefónicas debían enviar a la base de Avenida de los Incas un duplicado de la comunicación que les solicitaba la SIDE. Se hacía a través de un sistema de cableado telefónico, que más tarde sería reemplazado por fibra óptica, instalado en el subsuelo de la base. En los pisos superiores las sesentonas se encargaban de todo el trabajo pesado. Las escuchas, grabaciones y desgrabaciones, en algunos casos también las traducciones, si se estaba escuchando a alguien que hablara en otro idioma. La base empezó a ser llamada OJOTA, por las siglas de Observaciones Judiciales (O.J.), y quedó a cargo de Carlos Lavié, un buen amigo de Anzorreguy. Lo único que tenía que hacer Lavié para intervenir un teléfono, era enviar a las empresas telefónicas un oficio con su firma y, en teoría, una copia de respaldo con la firma del juez que solicitaba la intervención. Al principio esa práctica se cumplía con precisión. Con los años, cuando las intervenciones pasaron a ser cientas o miles y miles, los controles se flexibilizaron y un llamado de Lavié alcanzaba para la intervenir cualquier teléfono de cualquier argentino. El de cualquiera.

¿Pero quién se haría cargo de los costos? De eso nunca se habló ni se escribió una línea. En los contratos firmados entre el Estado y las empresas telefónicas no se había reservado un párrafo para ese detalle millonario. Es fácil adivinar quién pagó por el olvido. Del costo de las comunicaciones duplicadas se iba a hacer cargo la generosa caja de 25 de Mayo (sede de la SIDE).

(1) Unos años antes, en 1987, el juez federal Norberto Blondi le había ordenado a Entel la intervención del teléfono de Fernando Alfonsín, el hermano del presidente, al que investigaba por un desvío de bolsones de comida (las famosas cajas Pan). Aquella vez, nadie en la SIDE y nadie en el gobierno se enteró, hasta que Blondi lo expuso en una resolución. Al pasar OJOTA a manos de la SIDE, el gobierno se aseguraba el control de las escuchas o de casi todas. El caso Blondi era un antecedente que el gobierno de Menem seguramente tomó en cuenta al dictar el decreto 1801/92 donde se dispuso el traspaso de OJOTA a la SIDE.

(Fuente: APU)