martes, 5 de mayo de 2015

LORENZETTI: UNA RENUNCIA A LA CARTA

Lorenzetti le escribió una carta a Horacio Verbitsky, quien había revelado en Página/12 irregularidades en su re-re-reelección. También anunció su decisión a dos de sus colegas, n una reunión informal.

Por Irina Hauser

El juez Ricardo Lorenzetti anunció su decisión de renunciar a la presidencia de la Corte Suprema pese a haberse garantizado hace dos semanas la re-re-reelección anticipada entre sus pares para el período 2016-2019, cuando todavía le faltaba cumplir un tercio de su mandato.

Lo hizo en una carta enviada al periodista de Página/12 Horacio Verbitsky, quien había revelado irregularidades en su reelección al cargo. Antes había hecho trascender su intención de dejar la presidencia del tribunal. Así se lo hizo saber a dos de sus colegas, Elena Highton de Nolasco y Juan Carlos Maqueda, en una reunión informal.

El argumento difundido por los voceros del tribunal para justificar el paso al costado es que Lorenzetti siente “cansancio y agobio moral”, después de haber recibido una andanada de críticas. La decisión lleva un reconocimiento implícito a las maniobras que rodearon su votación, como el hecho de que la acordada que definió su elección por un cuarto período dice que se firmó en “la sala de acuerdos del tribunal”, en presencia de todos los jueces supremos, cuando en rigor Carlos Fayt estaba en su casa, donde le llevaron los papeles dos secretarios, tal como publicó Página/12. Los voceros de la Corte aseguraban que Lorenzetti planteó que su idea era dejar la función de presidente, que ejerce desde 2007, a partir de enero del próximo año, pero que continuaría hasta entonces. En la carta que le envió a Verbitsky, en la que le decía que le daba el “inmerecido privilegio” de tener la primicia de la información, aseguraba que dejaría el cargo ahora, que quedarían Highton como presidenta y Maqueda como vice hasta fin de año, y que estimaba que para ese entonces la Corte tendría otra composición y serían elegidas otras autoridades.

Según la versión que habían hecho circular en la Corte, en el encuentro con Maqueda y Highton, se acordó que volverán a tratar la cuestión en el plenario del martes que viene, ya que Lorenzetti también hizo saber que hoy se va de viaje “por razones académicas”. El relato transmitido a los medios decía que él les pidió a sus colegas que lo suplanten, pero que no quieren, y que le insistieron en su continuidad, por lo cual acordaron volver sobre el asunto en el próximo plenario. Una posibilidad es que todo se trate de una suerte de “operativo clamor” destinado a conseguir respaldo de sus pares y otros sectores de la familia judicial. En la línea transmitida por los voceros del tribunal, Clarín anunciaba ayer mismo que la renuncia sería rechazada por los otros supremos. Así, si Maqueda y Highton se niegan a agarrar el timón, podría quedar legitimada de hecho la continuidad de Lorenzetti. Otra posibilidad es que haya un reconocimiento real de que hubo anomalías en la re-re-re y que se estén evaluando salidas negociadas en un contexto en el que de por sí el funcionamiento de la Corte es deficiente, con sólo tres miembros plenamente activos y Fayt que hace casi un mes no concurre al Palacio de Justicia, según confirman fuentes supremas.

La reelección de Lorenzetti para un cuarto mandato se produjo el 21 de abril, pero no fue publicitada de inmediato sino un día después y a contramano de lo que había pactado con su promotor, Maqueda: mantenerla en silencio. En cambio la Corte dio a conocer su declaración de nulidad, firmada el mismo día, de la lista de conjueces para el alto tribunal que había sido confeccionada por el Poder Ejecutivo y recibido el acuerdo del Senado. El argumento fue que no se alcanzaron los dos tercios de los senadores presentes, que es el exigido para designar a los jueces de la Corte, cuyas funciones los conjueces están destinados a suplir. El mismo fallo, sin embargo, explicaba que esas subrogancias las cumplen en primer lugar los presidentes de las cámaras quienes, sin embargo, son elegidos por mayoría simple. La fundamentación, que invocaba razones republicanas, la independencia judicial y la división de poderes, lleva la lógica de una advertencia que Lorenzetti introdujo después en una entrevista del diario cordobés La Voz del Interior según la cual los jueces están para “poner límites al gobierno de turno”.

La acordada que consagró la futura presidencia de Lorenzetti tiene un primer párrafo que dice que “reunidos en la Sala de Acuerdos del Tribunal, los señores ministros que suscriben la presente, consideraron” que “frente a la próxima conclusión del mandato de autoridades” es “necesario proceder a la elección de presidente y vicepresidente del tribunal”. La proximidad a la que aludía es el “primero de enero de 2016” y los que estaban reunidos no eran todos, sino que faltaba el más antiguo de los jueces. El texto decía que éste apoyó la postulación de Lorenzetti propuesta por Maqueda y que junto con él propuso a Highton como vice. Como informó Verbitsky, Fayt no estaba en el plenario y dos secretarios le llevaron la acordada a su casa para que la firme. A uno de ellos, contó, no lo reconoció. La situación, señaló, es “grave” porque podría haber un delito, que es el de falsedad ideológica de documento público.

Ni la acordada ni ningún comunicado de la Corte aclararon las razones de la urgencia por la reelección anticipada. El contexto, está a la vista, es el de una confrontación explícita con el Poder Ejecutivo, en el que el tribunal viene haciendo gala de fallos que ponen en jaque decisiones de gobierno o intentos de reforma. Además, se adelanta a un escenario político todavía impredecible y, sobre todo, a la posibilidad de perder el voto seguro de Fayt, de 97 años, para quien ya hubo pedidos de evaluación de su capacidad psicofísica, uno de ellos planteado por Aníbal Fernández, cuando todavía integraba el Senado (ver aparte). Para ser presidente supremo hacen falta tres votos. Sin el de Fayt, Lorenzetti tendría que votarse a sí mismo. La situación de la Corte es precaria mientras la oposición política, además, se niega a votar un reemplazante de Raúl Zaffaroni para completar los cinco miembros que debe tener por ley. Lorenzetti ha rechazado públicamente cualquier idea de ampliación del tribunal y dijo que puede funcionar con cuatro jueces.

En la versión suprema, Lorenzetti tiene “cansancio moral” hace tiempo, pero no le impidió la re-re-reelección. Se supone que ahora se debe a los cuestionamientos que recibió, que –además de lo informado por Verbitsky en este diario– incluyen también a Zaffaroni, quien dijo que él no se hubiera hecho reelegir y que la presidencia debería ser rotativa para evitar “confrontaciones y la formación de bloques”. El penalista incluso insiste con que la Corte debe tener más miembros para evitar la concentración de poder. Por su lado, el jefe de Gabinete, Fernández, calificó la reelección adelantada como una “falta de ética total” y advirtió que “ni de la Constitución ni de la legislación” surge que la Corte tenga como misión “poner límite a los otros poderes, entre ellos, al Gobierno, mucho menos cuando son votados por la voluntad popular”. La semana pasada, cuando Lorenzetti, además de hablar de los “límites” a los poderes, se quejó del “narcotráfico y la inseguridad”, Cristina Kirchner contestó que “en lugar de dar tantos discursos” el Poder Judicial debería dar recursos y personal para lograr más eficacia.

Según sus colaboradores, Lorenzetti está con el humor cambiante y nadie sabe qué puede pasar de acá al martes que viene.