jueves, 7 de mayo de 2015

VÍCTOR HEREDIA PRESENTÓ SU LIBRO “TAKI ONGOY…”

“Taki Ongoy Las lágrimas de América”, es un libro que amplía y documenta los materiales de su disco de 1986. ¿Por qué fuimos criados con una creencia que nos hizo pensar que la conquista había sido algo extraordinario para nosotros?”, se pregunta.

“La verdad es que nunca se me hubiese ocurrido”, dispara Víctor Heredia, contundente, con la ocurrencia recién salida de las máquinas de impresión. Está tranquilo, sentado en la cocina de su casa de Palermo (un remanso en la jungla, casi) y la referencia es hacia el libro que presentó en la Sala Juan Rulfo del pabellón amarillo de La Rural, en el marco de la Feria del Libro de Buenos Aires. Un trabajo cuyo nombre seguramente suena y resuena (Taki Ongoy – Las lágrimas de América) pero que cambió de soporte. Mutó de forma. Lo que fue, es y será un disco tan emblemático como necesario para la cultura americana, se transformó en 155 páginas que emergen como sostén de aquellas músicas, de aquellas letras que les cambiaron la conciencia a muchos. “La gente de la editorial es muy admiradora de la obra, y se preguntó si no sería bueno tener un libro que, más allá de reseñar las canciones o sus personajes importantes, profundizara un poco más para que, los que utilizan la obra con fines docentes, tengan más elementos a la mano para volcarlas a la currícula”, enmarca Heredia sobre los prolegómenos de la idea que terminó materializándose gracias a Editorial Imaginador y que no implica otra cosa que contextualizar históricamente (con imágenes, diccionario biográfico, glosario y textos) todo aquello que el cantautor expresa en el disco.

Revisar, reforzar y amplificar, en efecto, la mirada de Heredia sobre causas y efectos de la conquista española de América (el leitmotiv del disco y el libro, claro) a través de la explicación de términos, personajes, situaciones y conceptos que pendulan entre las vidas de Manco Inca o Túpac Amaru II, y el desglose de frases como “Tu Dios no me habla”, que significa el tema “Encuentro en Cajamarca” (encuentro entre Atahualpa, Pizarro y el cura Valverde, a fines de 1532), la referencia al día de los muertos (“Aya marcay quilla”) o la muerte del último inca, en referencia al tema que cuenta sobre la muerte de Túpac Amaru II. “Claro que es una currícula que aún no decidió que esto sea una materia, pero que cuando llega octubre se transforma en eso”, retoma el cantautor. “Los chicos estudian Taki Ongoy como si fuera parte de la currícula y la idea es enriquecer con algunos comentarios lo que dice la obra. Se ampliaron los conocimientos sobre Túpac Amaru, Juan Chelemín… se contextualizó”, amplía, sobre un contenido que también incluye una referencia a las repercusiones que tuvo la salida del disco en artículos periodísticos, allá por el segundo lustro de los ochenta, y la trascripción de todas las letras.

“Taki Ongoy es una obra informativa, formativa, reveladora y revisionista. Lo que sucede con la edición de este libro es que los que ya tienen el CD o el vinilo pueden agregarlo a la colección, ya que hay una serie de comentarios que se montan sobre lo que yo había escrito. Un libro es un libro, sí, pero los que conocen la obra lo van a sentir como un complemento del disco, porque una canción pasa, viene el silencio, y cuando empieza la otra, algunos olvidan lo que pasó antes. La canción tira nombres: Valverde, Pizarro, Atahualpa, y cada uno de esos personajes tiene su espacio en el libro. Entonces, el que quiera detenerse y utilizar el libro como complemento, puede hacerlo perfectamente bien porque cada comentario o escritura al margen tiene que ver con la cronología del disco y con el despliegue de los personajes”, explica Heredia, que tampoco omitió incluir las reacciones que provocó el disco cuando se publicó por primera vez, en 1986. “Hay mucha gente que no sabe que el disco fue bien recibido por algunos sectores, pero por otros no. Hubo sectores que se opusieron con mucha vehemencia”, recuerda el creador de “Sobreviviendo” y “El viejo Matías”.

Algunos de ellos también figuran en el libro: monseñor Desiderio Collino, el obispo de Lomas de Zamora que llegó a pedir la excomunión de Heredia, por caso, o el embajador de España que presionó a Raúl Alfonsín, presidente de la Nación por entonces, para que prohibiera el disco. “Estos se opusieron claramente, pero por supuesto hubo sectores tercermundistas qua la apoyaron, porque entendían que la obra apuntaba a la denuncia de que había españoles que no cumplían con los designios cristianos; más bien los tergiversaban. Las torturas, los empalamientos, las hogueras tenían que ver con la Iglesia. Lo que Taki Ongoy denunció en su momento y molestó, fue eso”, evoca Heredia, quien está a punto de sacar su séptimo libro y cuarta novela (Los perros), que habla sobre los barrios que se levantaban en medio de los basurales del conurbano.

Sólo a esos sectores molestó? Porque Taki Ongoy no ha tenido gran repercusión en sectores académicos o “de elite intelectual”. Nunca hubo, o nunca fue notoria al menos, una resonancia académica de la obra y esto, que no es necesariamente una “molestia”, a veces lo parece.

–Eso les pasó a algunos poetas del Nuevo Cancionero como Tejada Gómez o Hamlet Lima Quintana; a ellos sí, pero Taki Ongoy ni siquiera fue mirado desde ese lugar. Digamos que se lo marginó. Lo que sí disparó, como dije, fue una repulsa de los sectores conservadores, porque el disco denunciaba una parte de la conquista que se nos había ocultado, y cifras, sobre todo. Es más, creo que lo que más molestó fue la cifra (50 millones de muertes) porque ésta convierte a la conquista es uno de los etnocidios más grandes de la historia de la humanidad. Y creo que ni a la Iglesia ni a España le interesa que esa cifra quede en la cabeza de la gente. Esto lo debatí con Ernesto Sabato justamente en Página/12. El había sacado una nota que decía “ni leyenda blanca, ni leyenda negra”, y yo dije lo que pensaba… no hubo respuesta. No sé, pienso que de la misma manera que se puede justificar un etnocidio de esta naturaleza, también se podría haber justificado el etnocidio armenio, o el de la dictadura argentina, con la excusa de que todas las conquistas fueron cruentas.

El carácter ultraviolento de la conquista de América es innegable. Ahora también existen ciertas cosas como la prédica insistente de Bartolomé de las Casas, que llegó a justificar el sacrificio de niños en el Imperio Inca porque decía que les entregaban lo que más amaban a sus dioses y que por eso eran mejores cristianos que los españoles. U otras como las polémicas entre los encomenderos y la Iglesia o el Consejo de Indias, sobre los indios como sujetos –o no– de derecho. Hay un mundo de grises ahí.

–Sí, pero la Iglesia tardó cincuenta años en aceptar que los indios tenían alma. Hubo una bula papal que los reconoce como seres humanos y pide a los encomenderos que se los trate más o menos como tales. Pero, bueno, una cosa es el prisma con que uno ve esos sucesos hoy, en medio de una lucha por los derechos, la memoria, la reivindicación de las luchas populares, y otras es pararse en aquella época, aunque es innegable que hubo algo que se les fue totalmente de las manos… el interés económico inmediato que tenía España por sus deudas gigantescas. Se dice que el despegue preindustrial de la Europa occidental se debe a la plata y el oro americanos. Digo, lo que pasó, pasó, son momentos históricos y yo no critico eso en sí. Lo que critico es que yo no lo sabía, es así de sencillo. ¿Por qué fuimos criados con una creencia que nos hizo pensar que la conquista había sido algo extraordinario para nosotros? ¿Con gente que nos decía que gracias a la sabiduría y a la cultura europeas somos lo que somos, cuando en realidad creo que perdimos mucho? Porque si uno considera que el número Pi de la pirámide de Chichén Itzá es más perfecto que el de las de Egipto, piensa en la visión moderna que tenían nuestros pueblos. Ni hablar del arco incaico, que permitió que los más grandes monumentos erigidos por los incas estén aún en pie. Y nadie cuenta que el maíz, que América domesticó en siete mil años, le palió el hambre a toda Europa, en aquella época.

O el diseño urbano y arquitectónico de Tenochtitlán, que deslumbró a las huestes de Cortés, no bien arribaron a tierra mexicana en 1519.

–O el cero que los mayas habían descubierto setecientos años antes que los europeos. El concepto de cero es muy complicado.

¿Nunca se le ocurrió hacer un Volumen II del Taki Ongoy, con cosas que hayan quedado en el tintero, algunas zonas oscuras o inconclusas?

–Lo pensé, sí. Pero siempre llegué a la conclusión de que una segunda parte tenía que estar relacionada con los pueblos originarios actuales, y eso es más difícil, porque tenés que occidentalizar un canto, cuando eso ya cierra perfecto con Aimé Painé o Beatriz Pichi Malén. Ellas son maravillosas, porque tienen una capacidad del uso del mapuzungún impresionante. Si tuviera que hacer algo, lo tendría que intentar desde la lengua, desde el quechua o el mapuzungún, pero no me da, la verdad… es meterme en camisa de once varas. Creo que con lo hecho está bien, porque agrega a nuestro conocimiento cultural una parte que le fue escamoteada, porque siempre dije que si hubiésemos sido formados con el conocimiento exhaustivo del territorio y lo que significó la conquista, seríamos otras personas, otra sociedad. La educación sarmientina tergiversó y torció mucho la realidad, porque cuando uno crece y se forma con un pensamiento que menoscaba y desprecia a sus ancestros –porque eso fue lo que pasó–, la realidad cambia. No hemos podido venerar las luchas de Chelemín o Amaru que son apenitas más viejas que la Revolución de Mayo.

La rebelión de Amaru II contra los corregidores españoles es una de las causas ideológicas y económicas de las luchas por la independencia en el continente.

–Y esto, en la formación, en la psiquis de un individuo modifica su pensamiento, le da una capacidad de análisis absolutamente distinta.

Otra arista no sólo de su obra sino de la revisión del período de la conquista es el uso de las fuentes porque, o son arqueológicas, o son interpretaciones que hacen los españoles sobre “charlas” con los indígenas, o son testimonios de descendientes de los incas que aprenden a escribir –y a “pensar”– en español, o son los dibujos de Felipe Guamán Poma de Ayala que, si bien denuncia la conquista, se cría “a la europea”.

–Claro, pero hay hallazgos arqueológicos formidables, porque sólo con el cuento de algunos historiadores como Nathan Wachtel, que eran extraordinarios, no iba a ser suficiente. Había que refrendarlo con imágenes y por eso incluí fuentes arqueológicas, como las de Alberto Rex González, porque la imagen es contundente. La capacidad estética de los originarios en relación con su entorno y a lo que ellos imaginaban para su futuro era extraordinaria, como las estatuillas que alguien hizo en el año 750 después de Cristo, en la zona de los valles Calchaquíes. Unas estatuillas que implican un proceso de pensamiento, capacitación y observación extraordinarios.

¿La que aparece en la tapa del disco?

–Tal cual, por eso digo “qué hubiéramos sido, si hubiéramos podido ser”, porque si uno ve las esculturas del pueblo mochica, es como si viera la dimensión de lo que ocurrió en la tierra durante tres millones y medio de años. La deformación estética de la maravilla que sorprendió al mismísimo Durero es extraordinaria: ¡El tipo se puso a llorar cuando las vio! Y si uno ve la degradación que hicieron los españoles con la cultura del pueblo moche es increíble. Es algo parecido a lo que nos pasó a nosotros cuando pasamos de la democracia al neoliberalismo porque tal vez, como pensaban los mexicas, la historia puede que sea cíclica.

Fuente: Pagina 12