martes, 10 de noviembre de 2015

RAÚL VISO, EL DIBUJANTE DEL PUEBLO

Dibuja desde siempre, sufrió cárcel, exilio y hasta un ACV, pero nada de eso lo detuvo, siguió con más fuerzas. En un acto del 24 de marzo se lo bautizó como “el dibujante del pueblo”. Hoy, en el Día de la Historieta, le damos la palabra para que nos cuente su historieta, perdón su historia de vida.

Yo creo que los que dibujamos venimos con un don, es como el que tiene oído para la música, lo que tenés que hacer es desarrollar ese don. Yo hubiera podido haber sido un muy buen documentalista, porque el lenguaje de las historietas tienen mucho que ver con el cine. Se trabaja con secuencias.

Cuando me preguntan por mis maestros del dibujo, digo que tengo influencias del dibujo under de Estados Unidos, pero también saqué mucho de los franceses y de los españoles, sin olvidar los personajes de Dante Quinterno.

Empecé a dibujar prácticamente desde los tres años, pero mis primeros trabajos conocidos se remontan al ´74 cuando tenía 16. En ese entonces, publiqué en una revista que se llamaba Pioneros, era del movimiento scout argentino, un grupo, por así decirlo “nacional y popular”, que tenía diferencias con el scoutismo internacional. Para queiens dicen que soy un extraterrestre, les digo que por ese entonces también dibujaba para una revistita sobre ovnis que publicaban los hermanos Veglia (lanza una carcajada).

Mi hermana, mayor que yo, hace tiempo está radicada en Europa y es artista plástica. De alguna manera apoyó que me desarrollara como dibujante, sobre todo cuando era chico y me decía: ¡Quedate quieto, dibujá un poco así no molestás! (se ríe).

El golpe del ´76 me cortó la incipiente carrera, estuve detenido tres años, cuando salí me fui a Francia, a reencontrarme con mi hermana. En Paris pude reiniciar mi carrera, haciendo estudios en la Universidad de Vincennes. Trabajé para la ONU como estudiante, no me dieron ningún cargo, simplemente manejaba una fotocopiadora que valía millones. Cuando se terminó ese trabajo, me fui a España, me casé y viví en zona de montaña, frente al mar.  Hice una huerta, construí mi casa y crié conejos. Pero no pude dejar el dibujo, de noche a la luz de un farol me ponía a dibujar, y eso que tenía las manos encallecidas por lo rudo del trabajo diario.

Regresé al país, casi con la democracia. Me vine con un bolsito, mi mujer y una nena preciosa, mi hija Eider. Apenas llegué, se me ocurrió hacer una revista de historietas subte, fue como una chispa, enseguida se incorporaron a la propuesta Facta, Lehmann, Rubén Giorgis, Fassola, Panquy Montenegro (que ahora vive en Estados unidos)… Estaba Nando Jaume. Fue un punto de encuentro.

Luego me contrató diario El Litoral para publicar un suplemento de humor que salía los viernes. Desde ese suplemento, se hicieron los primeros salones de humor de Santa Fe. Entre otros, vinieron Fontanarrosa, Sócrates, Quino y los dibujantes de la revista Fierro. La muestra era itinerante y se llevaba a toda la provincia y a provincias vecinas. El salón tuvo tanto éxito que los porteños copiaron la idea y comenzaron con el Fantabaires. Con el diario Hoy (un matutino que se editaba en Santa Fe) lanzamos Expocómic, allá a mediados de los ´80.

Además del dibujo, transité otros trabajos, fui dueño de un bar temático, hice televisión en Canal 9, instalé mi propia agencia de publicidad, constituí una experiencia cooperativa rural en Rincón y hasta una carpintería para restaurar muebles antiguos. En el medio, nacieron Nuria y Nahuel, de mi primer matrimonio, Luciana y Martín de mi segunda experiencia matrimonial.

Trabajé en la edición del libro “Del otro lado de la mirilla” que relata la experiencia y testimonios de los presos políticos de Coronda. También ilustré la portada del libro homenaje a los estudiantes, docentes y abogados muertos, desaparecidos y perseguidos de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la UNL. Esta ilustración la hice luego del ataque cerebro-vascular que sufrí hace unos años. El ataque para mi, fue una experiencia límite, y si pude salir adelante fue por la solidaridad de los compañeros, en el sentido más profundo de la palabra, me sentía obligado a no fallarles. Tuve que aprender a dibujar con la mano izquierda. Convertirme en un dibujante zurdo no fue fácil (se ríe), pero pude rehabilitarme y esta experiencia trato de transmitírsela a todos los que tuvieron el extraño privilegio de haber sobrevivido a un ACV, a través de la revista virtual que apunta a la terapia del humor. Se llama El Club del Ictus, la dirección es http.//clubdelictus.blospot.ccom.

Desde el Círculo de Dibujantes Santafesinos estamos coordinando diferentes proyectos, es una etapa muy creativa para mí en este momento, en donde el trabajo colectivo, la experiencia de los murales, los audiovisuales y la edición de libros de humor me tienen militando lo cultural de manera intensa.

Cuando me preguntan que quiero transmitir en mis dibujos, para mí el mensaje es lo importante. Siempre busqué cuestionar el poder de las corporaciones y suscribir un ideario vinculado con la cultura popular, no la elitista. Decir que todos y todas tenemos derecho a que nos den la posibilidad de ser mejores personas.


Daniel Dussex - eh!