viernes, 12 de febrero de 2016

EL VACIAMIENTO CULTURAL

Ronda Cultural, CePIA, Letras Argentinas y Afrodescendientes ya no están funcionando porque no hay quienes los lleven adelante.

Trabajadores del Estado despedidos, sillas vacías, programas desactivados. El argumento de los “ñoquis”, como el de las decisiones “espantosas aunque necesarias”, oculta este peligro. Enmascara. Quienes hasta hace poco dedicaban sus días a tareas culturales estatales y que en muchos casos perdieron sus empleos sin explicación alguna y del peor modo –la imagen se repite en los relatos: candado en las puertas, alguien de seguridad con listas en la mano, promesas incumplidas de entrevistas– vienen haciendo hincapié en este peligro, movilizados, en las calles, en asambleas, en videos que difunden por Internet. No solamente se trata esto de un aluvión de despidos, se trata también del achique del Estado y esto es una sociedad que está perdiendo derechos. Al estigmatizar al trabajador del Estado, el Estado entonces “vacía” programas culturales. Tras los 494 despidos de fines de enero en el Ministerio de Cultura –y no se asegura que no vengan más en organismos descentralizados– las iniciativas heredadas de la gestión anterior están desactivadas. Y poco se sabe acerca de lo que sucederá con ellas.

El nuevo gabinete se conduce con hermetismo. Ningún funcionario dio una respuesta de carácter particular a Página/12. Así que es poco lo que se sabe de fuentes oficiales y pareciera que hasta el momento todo es eso: despidos, caos, incertidumbre. No parece haber un plan claro ni especificidades respecto de qué se hará con cada iniciativa. Tampoco sobre qué surgirá de nuevo. Lo que está ya a la vista es que Ronda Cultural, CePIA, Letras Argentinas, Afrodescendientes, entre otras, ya no están funcionando, porque no hay quienes las lleven adelante. Esta semana, desde el Ministerio de Cultura señalaron que existe una división entre “programas con impacto real” y otros “sin impacto” (ver recuadro), algo que coincide con declaraciones radiales de Pablo Avelluto. Pero incluso esta información no ahonda en detalles: sólo se conoció que seguirá adelante Puntos de Cultura, creado para fomentar el trabajo cultural comunitario. Y que, por ejemplo, el programa de Derechos Humanos que funcionaba bajo la órbita de Cultura no continuará su curso. No hay noticias sobre el resto de la lista, que es larga: Ajedrecear, Café Cultura, Pueblos Indígenas, Tango de mis Amores, Maravillosa Música, Guitarrazo, Plan Nacional Promoción del Tango, Plan Federal de Opera y Danza, Museos en Vivo, Argentina de Punta a Punta, entre otros. Lo que sigue a continuación son algunos relatos de cinco casos emblemáticos que reflejan algunas de las consecuencias de los despidos masivos.

RONDA CULTURAL

Ronda Cultural surgió en 2014. Era el circuito libre y gratuito por museos y espacios culturales nacionales, a bordo de minibuses y con guías especializados. Ofrecía diferentes circuitos por la ciudad de Buenos Aires, pensados para distintos tipos de público. Un punto fuerte del programa era que se buscaba a estudiantes en escuelas y a adultos mayores en centros de jubilados y se los trasladaba hasta los museos (eran 17 los que formaban parte del circuito). Otro plus era que a los recorridos por los espacios se sumaban intervenciones artísticas. En el caso de Ronda Cultural, sucedió algo extraño: el miércoles 27 de enero, el Ministerio de Cultura actualizaba su web con información sobre las actividades de este programa para febrero. Dos días después, despedía a todo el equipo, integrado por 26 trabajadores. “La propuesta consistía en acercar al público al museo para que pudiera verlo con otros ojos. Mucha gente visitó uno por primera vez”, explica a Página/12 Valeria Escolar, la coordinadora y creadora. Hace pocos días, los trabajadores publicaron en Facebook que lograron la reincorporación de cinco que formaban parte del equipo.

“Lo que hicieron fue dinamitar el programa”, advierte Escolar. Primero, con la extinción del Ministerio de Planificación, dejaron de contar con los minibuses que esta cartera les proveía. No obstante, el transporte era lo único que Planificación aportaba al programa. Y aunque Avelluto utilizó, en declaraciones radiales, el argumento de que la propuesta había dejado de funcionar cuando ese Ministerio retiró los fondos, esto no es verdad, según lo que cuenta Escolar. Su versión es así: dos personas que eran monotributistas fueron despedidas. El resto del equipo continuó trabajando. Como ya no contaban con minibuses, realizaban sólo los circuitos que podían hacerse caminando. “Y las intervenciones artísticas las hacíamos nosotros mismos, porque este equipo es interdisciplinario. Todo nosotros, muy a pulmón”, resalta. Y cuenta que mantuvo “varios acercamientos” con la Secretaría de Patrimonio Nacional, a cargo de Américo Castilla, “hasta que finalmente hubo un silencio total”. El 29 de enero todos fueron despedidos.

Escolar dice que había armado una carpeta con información sobre cada empleado. No hubo entrevistas ni, aparentemente, una revisión del desempeño de cada uno. Revela un dato grave: que despidieron a embarazadas y discapacitados. “Y los que eran ñoquis quedaron adentro”, apunta. “Los despidos fueron arbitrarios, violentos y sin explicaciones”, protesta. Y define a Ronda Cultural como una política pública “exitosa”: en un año y medio, más de 33 mil personas “pasearon” por los museos con este programa.

CePIA

El Centro de Producción e Investigación Audiovisual se creó en 2011 durante la gestión de Jorge Coscia en la Secretaría de Cultura, con el fin de promover y difundir la producción cultural argentina. Funcionaba en Vera 745, al igual que Ronda Cultural. Quienes trabajaban para CePIA denunciaron, mediante una carta publicada en Facebook, que desde la asunción de las nuevas autoridades en el Ministerio de Cultura, el programa quedó “virtualmente desactivado”. No se han nombrado autoridades para dirigirlo y se paralizaron las actividades que se venían desarrollando. El 30 de diciembre se despidió a parte del equipo. El 5 de enero “desmantelaron las instalaciones técnicas, islas de edición, postproducción, sonido; se llevaron cámaras, micrófonos, luces, etc”. Es decir: no más herramientas de trabajo ni funciones para el CePIA. El 29, el resto del equipo quedó sin trabajo. Eran 25 empleados.

Cuenta uno de los despedidos que a mediados de diciembre fue Carolina Azzi (novia del ministro Avelluto y, según lo publicado en otros medios, colaboradora ad honorem) quien les anunció que haría un relevamiento del personal. “Mantuvo entrevistas breves de entre cinco y diez minutos con los integrantes operativos. Días después, otra mujer prometió evaluaciones y entrevistas. El tiempo demostró que era mentira”, relata. El 5 del mes pasado, Azzi “se llevó los equipos de trabajo”. Por fuentes del Ministerio, la mujer fue presentada en los medios como titular de Coordinación Audiovisual de Prensa. Avelluto luego aseguró que colabora ad honorem.

“Hacia el interior de la industria audiovisual, el CePIA era un fomento, un movilizador, generador de posibilidades de producción, mediante concursos y licitaciones. Generaba contenidos que de otro modo no se producirían nunca, porque no entran en la lógica de mercado. La población tenía la posibilidad de acceder a programación de temáticas y calidad que la televisión comercial no le va a brindar”, explica el entrevistado. El CePIA dependía de la Dirección Nacional de Articulación y Planificación. “La nueva estructura del Ministerio no contempla esta dirección. Y el CePIA no fue reencuadrado en otra estructura. Quedó a la deriva”, detalla.

PROGRAMA DE DERECHOS HUMANOS

“Está vaciado”, sentencia una trabajadora despedida del programa de Derechos Humanos del Ministerio de Cultura. Nacido en 2010, promovía talleres de comunicación popular, de promoción de la igualdad de género, charlas abiertas con representantes de organismos de Derechos Humanos (para adolescentes y jóvenes), festivales, seminarios y muestras que abordaban la temática en sentido amplio. Cuenta la tallerista que lo esencial era llegar con las actividades a “sectores vulnerables”. En 2015 había surgido la “Semana por la equidad de género”, una batería de talleres en trece provincias. “Fue movilizante, emocionante, ver lo que causaban. Por eso es frustrante y triste que se esté cerrando. Al echar a los talleristas vacían el programa: es muy probable que no siga existiendo. No sólo perdimos el trabajo. No habrá quién haga estos talleres”.

Sobre este caso puntual, el Ministerio de Cultura dio a entender que, como existe una Secretaría de Derechos Humanos, la cartera podría sumarse “a actividades puntuales cuando corresponda” (ver recuadro). “La decisión de este gobierno es que estas cosas no pasen más”, opina la joven. Para ella, otro pilar del programa era el “Encuentro de arte urbano y memoria”: una de sus tareas fue dar un taller de escritura de canciones de hip-hop en la villa 21-24, de Barracas. Luego, en la ex ESMA, los participantes expusieron el trabajo realizado. Esta gestión “no está interesada en que sigan estos programas ni en respetar a quienes los hacían posibles”. “A principios de enero fue alguien a hacer una auditoría, a preguntar qué hacíamos. Se le dio toda la información, en fotos, videos y textos. El proyecto funcionó muy bien y está documentado que existió. Nadie pertenecía a una agrupación política. Las razones no son justas ni ciertas. Los espacios se pierden. Y si no se generan desde el Estado, es difícil que existan. Esto tiene que ver con la igualdad de oportunidades: hay gente que puede pagar talleres artísticos privados. Y hay gente que no”, concluye.

AFRODESCENDIENTES

El programa Afrodescendientes fue borrado del mapa: en la página oficial de la cartera ya no figura. Lo creó en 2012 Javier Ortuño, con los objetivos de “indagar, reflexionar y problematizar sobre la presencia afro en nuestra identidad nacional”. Dependía de la Subsecretaría de Promoción de Derechos Culturales y Participación Popular. Talleres de autorreconocimiento y patrimonio cultural para afrodescendientes del país, de revisionismo histórico en espacios educativos y carnavales en distintos barrios eran algunas de las actividades que promovía, además de charlas y seminarios para público general. El alcance era nacional, aunque se lo conocía poco. “Trabajábamos con el concepto de negritud, ligado a la lucha de clases. En la Argentina, la división entre burguesía, aristocracia y clases populares está marcadísima. La desactivación del programa tiene que ver con el disciplinamiento que quieren imponer, poniendo a Milagro Sala en una cárcel”, conecta Ortuño.

“La población afro olvidada en medio del monte quedó huérfana de esta política”, lamenta. Ortuño trabajó hasta el 20 de enero. “Me enteré de mi despido porque fui al área de contratos. Había una nota firmada por Débora Staiff (subsecretaria de Cultura Ciudadana), en la que pedía que no se renovara mi contratación. En su momento, Staiff me atendió. Me dijo en la cara que cuando ellos llegaban a un organismo del Estado podían aplicar algo así como un derecho de admisión. Hubiera preferido que me dijera que el trabajo que se hizo no iba más con la línea del que se va a hacer”, dice el ex coordinador. Cinco personas llevaban adelante Afrodescendientes: dos fueron despedidas el 29 de enero, dos pasaron a otras áreas y otra quedó “colgada en el aire”. “Los más golpeados son los programas de acción territorial. Los que problematizaban sobre lo que somos como país. El programa está en la incertidumbre total”, advierte.

LETRAS ARGENTINAS

“Es polémico que nos traten mal a nosotros: el ministro de Cultura viene del palo editorial”, desliza Juliana Portilla, quien trabajaba para Letras Argentinas. Se trata de un programa surgido el año pasado y que empujaba el trabajo de editoriales autogestivas e independientes. A través de esta iniciativa, el Ministerio de Cultura garantizaba la presencia de pequeñas editoriales en ferias del libro, con un stand. Asimismo, se organizaban concursos de relatos y de historietas. Parte de los libros publicados como resultado de estos concursos están ahora “varados en el Ministerio”. Por otro lado, Letras Argentinas publicó dos colecciones de libros de cuentos (no por concurso, se trató de una selección) de autores de todo el país. La colección Leer es futuro 2 está en la imprenta: son 48 mil libros en 1200 cajas. Todavía el Ministerio no le pagó a la imprenta. “Tenemos laburo pendiente. A diferencia de otros programas, nosotros empezamos a trabajar con la nueva gestión. Hay un doble discurso importante”, subraya Portilla. “No me dejan entrar a trabajar: se están peleando con editores y escritores”.


Letras Argentinas tenía por objetivos “democratizar el acceso a la palabra” y “federalizar las voces”. Eran cinco los trabajadores que lo componían. Despidieron a dos. “Es todo incertidumbre, pero lo cierto es que el programa está desactivado”, cuenta Portilla. “Mi rol era totalmente activo. Iba todos los días, administraba el programa, produje ferias, hice asistencia editorial. El 29 de diciembre, una persona nos dijo que nos iba a dar una solución respecto de los libros que están en la imprenta. Me hicieron firmar un contrato por tres meses, y relajé hasta marzo. Ya había una alarma de los escritores. Tuve que contenerlos, hasta que no me dejaron entrar al Ministerio. Me cerraron la puerta a mí y se la cerraron al programa. Pareciera que nos echan por haber trabajado para una cultura que llegue a todas partes”, concluye.

Fuente: María Daniela Yaccar – Página 12