jueves, 16 de febrero de 2017

LA CANCIÓN QUE SE COLÓ POR LA VENTANA

Hoy que es el cumpleaños de Marilina Ross recordamos la historia de la canción Puerto Pollensa, que abrió puertas en la lucha por la igualdad en tiempos de censura y represión en Argentina.

Escribe Daniel Dussex - Ilustró Lucas Cejas

Ahora que se conoció la noticia del casamiento de Marilina Ross acogiéndose a la Ley de Matrimonio Igualitario sancionada en nuestro país, conviene hacer historia de una canción que en épocas de censura se coló por la ventana: Puerto Pollensa.

Pollensa es una localidad turística de la Isla de Mallorca, de pocos habitantes, que cuenta con historias de fenicios, cartagineses, árabes romanos... y otras más. Pero, para mucha gente este lugar remite a una canción que comenzó a difundirse a principios de los ochenta con la firma de María Celina Parrondo. No fue una canción “romántica” como otras tantas. Dijo Sandra Mihanovich: “Sirvió para que las mujeres se amaran más”.

Su autora, conocida con el nombre artístico de Marilina Ross, insinúa en la letra una historia de amor entre dos mujeres, en las playas de Pollensa. En varias entrevistas contó que la canción fue escrita para regalársela a una persona con la que había vivido una experiencia amorosa, pero no pensaba grabarla. Fue Sandra Mihanovich, su amiga, quien la llevó al disco.

Cuando la canción empezó a difundirse comercialmente, eran todavía tiempos de dictadura militar en la Argentina, Marilina Ross volvía del exilio, había sido amenazada por la Triple A, y sólo cantaba en salas del circuito off. Aunque parezca parodójico, su identidad artística debió esconderse en el nombre verdadero, para que la canción no fuera censurada en los medios, ya que circulaban “listas negras” con cantantes prohibidos.

Pistas

En las estrofas de la canción hay algunas pistas que hacían entrever una historia de amor entre dos mujeres cuando dice: “Me nació este amor, sin que me diera cuenta yo... tal vez el miedo no dejó que apareciera”. Otra pista se daba cuando en la canción se utiliza la metáfora de “la semilla que no puede ver la luz”, o el “pánico” a decir lo que sentía por el miedo a ser rechazada. Sin embargo, el texto que provocaba la certeza tenía que ver con el momento en que la estrofa dice: “Y sin dormir nos fuimos a la playa y nos amamos descaradamente alucinando al gordito de gafas que fue corriendo a cambiarse los lentes...”.

Todas estas pistas no hubieran despertado más que ambigüedades si no fuera porque quien la cantaba y la hizo popular, Sandra Mihanovich, era una decidida militante por la igualdad de derechos para las minorías a través de las letras de sus canciones y lo explicitaba “en vivo” en sus recitales.
A pesar de la censura que corrían por aquellos años, la canción fue convirtiéndose en un verdadero himno a favor de la libertad de las minorías sexuales que comenzaban a transgredir lo instituido y a luchar por su derecho a la libertad. Quienes no se resignaban a seguir viviendo en un closet, comenzaban a abrir sus puertas para alimentarse con el sol de Puerto Pollensa.

Letra de la canción Puerto Pollensa

Me nació este amor, sin que me diera cuenta yo...
tal vez el miedo no dejó que apareciera
Y creció este amor alimentándose en el sol
de los amaneceres de Puerto Pollensa.
Y no me animé a decirte nada
pánico porque me rechazaras.
Como una semilla que no puede ver la luz
hundió sus raíces mucho más profundo aún
y te miraba y te esperaba..
Y tu mirada se clavó en mis ojos
y mi sonrisa se instaló en mi cara
y se esfumó la habitación, la gente,
y el miedo se escapó por la ventana.
Y amándonos en una carretera
nos sorprendió la luz del nuevo día
como a dos jóvenes adolescentes
tu mano húmeda sobre la mía
Te nació este amor...
sin que me diera cuenta yo
Tampoco el miedo permitió
que apareciera
Y te creció este amor
alimentándose en el sol
de los amaneceres de Puerto Pollensa
Y no te animaste a decir nada
pánico porque te rechazara
Como una semilla que no puede ver la luz
hundió sus raíces mucho más profundo aún
Y me mirabas... Y me esperabas...
Y nuestros cuerpos festejaron juntos
ese deseado y esperado encuentro
y un sol muy rojo te guiñaba un ojo
mientras se disfrazaba de aguacero
Y sin dormir nos fuimos a la playa
y nos amamos descaradamente
alucinando al gordito de gafas
que fue corriendo a cambiarse los lentes...

Autora: María Celia Parrondo (Marilina Ross)

NOTA: Este artículo salió publicado en diario El Litoral en la edición del 24 de julio de 2013.